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Monocultivos
arbóreos no merecen --Javier Baltodano-- |
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Finalmente se corrió el velo y empezó la reflexión nacional sobre la calidad y la cantidad de servicios ambientales que producen (o consumen) las plantaciones de monocultivos de árboles. Durante el mes de noviembre, la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Instituto de Investigaciones y Servicios Forestales de la Universidad Nacional facilitaron espacios de discusión sobre el tema. En diciembre, el Instituto de Investigaciones de Ciencias Económicas de la UCR también presentó un trabajo de investigación relacionado con esa discusión y la revista Ambien-tico le está dedicando el presente número. Además, en varias ocasiones durante los últimos meses, en el despacho del ministro del Ambiente, integrantes de los sectores forestal, ecologista, académico y público, han discutido el mismo tema. Todos estos espacios de discusión han brindado la oportunidad de ir identificando algunos aspectos, y elementos del lenguaje, que hay que afinar, empatar o profundizar en el marco de la discusión, en función de lo cual hacemos el presente abordaje. La reflexión sobre este asunto es importante pues el país a lo largo de veinte años ha financiado mediante incentivos regalados unas 160.000 ha de monocultivos de árboles y, solo en este año 2003, el gobierno va a pagar más de 1,5 millones de dólares por establecer éstos, parte de los cuales provienen de un crédito brindado por el Banco Mundial. Diferencias entre plantación de árboles y reforestación. El concepto occidental actual de monocultivo de árboles comenzó a desarrollarse en Europa a partir de los siglos XVIII y XIX conforme se empezó a sentir la falta de madera en ese continente producto de la reducción de las áreas cubiertas por bosque. Desde el inicio se propuso simplificar la estructura y aligerar los ciclos de los ecosistemas naturales con el propósito de producir madera en el menor tiempo posible y técnicamente de la manera más sencilla y barata. Por lo general, en las plantaciones de árboles se cultiva una o, como máximo, unas pocas especies, siempre con individuos de una misma edad y nunca alcanzando el grado de biodiversidad ni la complejidad de interrelaciones que presenta un bosque. Esto último alcanza especial significación en el caso de los bosques tropicales que caracterizan nuestro país. Sin embargo, a pesar de sus características claras de cultivo agrícola cuya similitud con el bosque se limita al único hecho de que ambos sistemas poseen árboles, siempre se ha tendido a verlos como sinónimos. Aún hoy es común en los libros de texto, en las políticas y en conversaciones ordinarias usar el término reforestación para referirse al establecimiento de una plantación monocultural de árboles (Pancel 1993). El diccionario también define reforestar como "el acto de repoblar un terreno con plantas forestales" (Real Academia Española 1992) y, en gran parte de Europa, es corriente que se utilice el término bosque para señalar grandes áreas de plantaciones de árboles. Sin embargo, la palabra foresta se deriva de la palabra utilizada en latín para bosque. La preposición re indica repetición, por lo que etimológicamente la palabra reforestación está más relacionada con el restablecimiento de un bosque que con la plantación de un monocultivo de árboles. Estas discusiones semánticas no tendrían ninguna importancia para el ambiente si no fuera porque traen consigo consecuencias políticas y acciones contundentes. El denominar reforestación al establecimiento de un monocultivo de árboles le ha otorgado históricamente a este tipo de actividad todos los atributos positivos que la humanidad justamente le otorga a un bosque, lo cual dista mucho de la realidad. No hace mucho, debido a esta confusión, en Costa Rica se permitía y se facilitaba talar los bosques para establecer plantaciones de árboles. ¿Plantación o bosque restaurado? Siempre se argumenta que las plantaciones de árboles se establecen en potreros que ya han sido deforestados, y se asume que un terreno cubierto de árboles brinda mas servicios que un terreno denudado. Sin embargo, hay dos aspectos que se deben tomar en cuenta. Por un lado, muchos de los terrenos donde se establecen plantaciones están en proceso de regeneración secundaria y es ampliamente reconocido que los bosques secundarios producen servicios ambientales (conservación de la biodiversidad, regulación hidrológica) de mejor calidad y cantidad que una plantación. De modo que en estos casos la plantación no viene a aumentar la cantidad y calidad de los servicios ambientales. Visto desde otro punto de vista, respecto de la producción de servicios ambientales, al país le resulta mas beneficioso financiar la regeneración secundaria del bosque que el establecimiento de monocultivos de árboles. Por otro lado, una gran parte de monocultivos de árboles son establecidos en terrenos arbolados, algunos de los cuales presentan una diversidad de especies de árboles primarios (árboles remanentes de los antiguos bosques que ahí ocurrieron) que se mantienen biológicamente activos (proveen alimento a la vida silvestre, intercambian material genético con poblaciones aledañas, etcétera). Si la plantación, como es común en muchos casos, facilita la tala de esos árboles, entonces estaría dañando uno de los servicios ambientales (conservación de la biodiversidad) por el cual se le paga. ¿Quién cuantifica y califica los servicios ambientales que supuestamente brindan las plantaciones de monocultivos de árboles? Recientemente se ha afirmado que los sectores interesados en quitar el pago de servicios ambientales (psa) a las plantaciones de árboles son quienes debieran demostrar que éstas no generan servicios ambientales. Sin embargo, consideramos que es justamente el sector maderero, que ha recibido de manera gratuita una importante cantidad de recursos económicos por parte del estado y que está interesado en seguir siendo subvencionado, el que debe demostrar que las plantaciones de monocultivos producen de manera integral los servicios ambientales por los que se les paga. Le toca a ese sector demostrar que las plantaciones ayudan a conservar más y mejor que los bosques secundarios y que los potreros arbolados la enorme biodiversidad nacional; que las plantaciones ayudan en efecto a mejorar el recurso hídrico y que fijan más CO2 que el que liberan después de las prácticas agrícolas necesarias para su establecimiento sumado al que liberan posteriormente a la tala rasa a que son sujetas. Productividad y calidad de las plantaciones de árboles. Mucho dinero se ha invertido en esta actividad. Sin embargo, no hay estadísticas claras de los servicios ambientales que brindan, ni sobre la calidad de madera que producen ni sobre dónde se consume esta madera. Se conoce que una buena parte de la madera de plantación es de segunda y tercera categorías y que sirve para fabricar tarimas desechables usadas en el transporte de banano. Muchas plantaciones financiadas con psa son abandonadas y no se les da el mantenimiento adecuado. Por lo menos una parte de los "reforestadores" tienen mas interés en el psa que en producir madera de una manera técnica y económicamente rentable. La plantación, por otro lado, no está siendo capaz de autofinanciarse; de hecho, este año se está financiando a través de psa el restablecimiento de plantaciones que fueron cortadas mediante tala rasa en años recientes. Se dice que el estado subvenciona mediante el psa madera de plantación barata para abastecer la industria forestal. Los precios que se pagan al productor por la madera de plantación son en la mayoría de casos ridículos, llegando a alcanzar menos de $15/m3. Financiamiento de las plantaciones. Creemos que hasta tanto no haya información adecuada, las plantaciones se deben separar del sistema de psa. En caso de que se considerara necesario seguir promoviendo ese tipo de actividad, sugerimos que Fonafifo (Fondo Nacional de Financiamiento Forestal) desarrolle un esquema de financiamiento por medio de créditos blandos o de incentivos directos. Este programa de financiación, sin embargo, debiera estar sujeto al monitoreo de impactos ambientales y al alcance de metas fijadas en cuanto a calidad y mercadeo de la madera de plantación. Los fondos de psa son limitados. Por ser los fondos de psa limitados se debe tener claro cuáles son las prioridades en términos de generación de servicios ambientales. Se conoce que Costa Rica debe regenerar y proteger más bosque que el de las áreas silvestres protegidas para evitar la extinción de especies y proteger recursos como el agua y el suelo. El psa debe ser una herramienta para recuperar áreas degradadas y facilitar la conservación y restauración de bosques. La restauración del bosque produce madera y biodiversidad. Varios estudios demuestran que los bosques secundarios producto de la regeneración secundaria sin intervención humana y los bosques restaurados producto de la regeneración secundaria asistida con la siembra de especies forestales tienen el potencial de producir una buena parte de la madera que necesita el país (Finegan 1992, Guillén y Finegan 1992, Baltodano y Díaz 2003). En la actualidad, el país consume alrededor de 500.000 m3 de madera (Estado de la Nación 2003). Se conoce que el bosque secundario en el trópico húmedo puede producir unos 5 m3/año, por lo que, a grandes rasgos, 100.000 ha de bosque regenerado producirían la madera que consume actualmente el país; y se estima que éste tiene en proceso de regeneración un área superior a ésta. Aparte de esta madera, el país produce maderas finas que se regeneran naturalmente en áreas de potrero y podrían implementarse métodos de extracción de madera artesanales de los bosques donde se evite el uso del tractor, principal causante de la degradación de estos ecosistemas (Coecoceiba 2003). Referencias bibliográficas |
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