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Pago de servicios
ambientales --Gabriela Soto-- |
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Costa Rica, que inició formalmente un programa de plantaciones forestales a finales de 1979, es un país pionero en el desarrollo de esquemas de manejo forestal en el trópico y su desarrollo forestal internacionalmente ha sido considerado ejemplar (Minae 2002). Las plantaciones forestales han sido motor del proceso y siguen siendo estratégicas dentro de la apuesta por el desarrollo sostenible hecha por el país, apuesta expresada en políticas y acciones estatales. De 1979 a 2002 se reforestaron 171.094 ha: 124.327 ha se hicieron con diferentes modelos de incentivos, 15.526 ha con pago de servicios ambientales (psa) y 31.241 ha con recursos exclusivos del sector privado. Esta área reforestada es mayor que el área total de café, banano y caña de azúcar cultivada en este país. La parte reforestada bajo la modalidad de psa significa el cinco por ciento del área total favorecida por el programa de psa desde 1997. Los resultados de más de 20 años de experiencia e investigación en reforestación por parte de productores, centros de investigación y gobierno, condujeron a la selección y desarrollo de las especies que hoy cuentan con un paquete tecnológico para su plantación, desarrollo e industrialización (melina -Gmelina arborea- y teca -Tectona grandis-, principalmente). La mayor parte de las especies nativas no alcanzaron un desarrollo satisfactorio, aunque se identificaron algunas promisorias que se están plantando. Fueron los incentivos a las plantaciones forestales los que dieron origen al esquema actual de psa, evolucionándose de un subsidio estatal al pago de un servicio. El psa, creado por la Ley Forestal de 1996 y definido como el pago por los servicios que brinda el bosque y las plantaciones forestales que inciden directamente en la protección y el mejoramiento del ambiente, es uno de los instrumentos de financiamiento para el fomento, desarrollo y conservación de los recursos forestales del país. El legislador no dejó duda de que se reconocen los servicios ambientales de las plantaciones forestales y, además, los define: mitigación de emisiones de gases con efecto de invernadero, protección de la biodiversidad para conservarla o usarla y protección del agua y la belleza escénica -requisitos, estos cuatro, que las plantaciones forestales cumplen y que no los cumplen los pastizales, que son las áreas que el programa está recuperando con cobertura arbórea. Evaluaciones y observaciones de campo brindan evidencia de que la teca y la melina son una fuente abundante de alimentación que está siendo usada por especies silvestres como la guatusa, el tepezcuintle, la lapa roja y otros animales que habían perdido áreas de refugio y alimento después de que los bosques originales fueron transformados en pastizales (Chaves 1995). La comparación, en cuanto a servicios ambientales que brindan, revela -según De Camino (1999)- que mientras los pastizales hacen un aporte de cinco puntos las plantaciones forestales de especies exóticas y nativas hacen uno de ocho. El establecimiento de plantaciones es la actividad forestal de mayor impacto social en cuanto a generación de empleo e ingresos familiares: el 86 por ciento del monto de psa se destina a mano de obra. Por ello, el programa tiene una alta demanda especialmente por parte de pequeños productores que han visto perder la competitividad de otras actividades productivas. El hecho de que el área promedio reforestada por productor sea de 28,69 ha demuestra que se ha favorecido principalmente a pequeños y medianos propietarios (Herrera 2003). Las plantaciones forestales generan servicios ambientales porque su presencia conlleva adicionalidades ambientales; es decir, generan beneficios positivos que pueden traducirse en un servicio para el propietario y para la sociedad en general. La principal adicionalidad se liga con la recuperación de cobertura forestal, la cual se asocia con la protección de los suelos, del recurso hídrico y de la belleza escénica, con el establecimiento de nuevos hábitats para refugio y alimentación de animales silvestres y con la captura de carbono. La adicionalidad por captura de carbono por parte de plantaciones forestales es de las más estudiadas y evidentes, de lo que da testimonio el hecho de que dentro de la Convención de Cambio Climático, específicamente en el Protocolo de Kioto, aquéllas sean una de las actividades reconocidas dentro de los mecanismos de desarrollo limpio (mdl). Se estima que Costa Rica cuenta con un 20 por ciento de tierras Kioto, es decir, con potencial para proyectos de mitigación bajo el mdl. El potencial para el período 2003-2012, de acuerdo a las proyecciones del país en esta materia, es de 3.458.400 toneladas de carbono, considerando el área de plantaciones forestales y sistemas agroforestales, y podría aumentar a 14.515.943 tn desarrollando proyectos mdl (Fao 2003). Las plantaciones forestales con especies nativas y exóticas han sido ampliamente utilizadas en los programas de protección y recuperación de cuencas hidrográficas. Un caso importante fue la recuperación de la parte alta de la cuenca del río Taras, en Cartago, conocida como Prusia, área que fue estabilizada después de un grave desprendimiento de tierra que afectó la comunidad de Taras, utilizando especies exóticas como pino. Instituciones como el Instituto Costarricense de Electricidad han desarrollado importantes programas de establecimiento de plantaciones forestales con fines de protección hídrica, y también se han usado para lograr belleza escénica (la mayoría de las áreas recreativas del país tienen plantaciones forestales): a pesar de ser éste un servicio muy subjetivo, no se puede negar que las plantaciones de ciprés en la parte alta de Heredia atraen a una gran cantidad de turismo nacional e internacional. Uno de los aportes más importantes y tangibles de las plantaciones en la actualidad es el abastecimiento de más del 40 por ciento del consumo de madera del país, lo que permite sustituir una cantidad importante de madera de bosques naturales (ONF 2003). El pago de servicios ambientales a plantaciones forestales es una acción estratégica e integral por parte de un estado que pretende el desarrollo sostenible, contribuyendo así a reforzar las fuentes de materia prima forestal y las fuentes de servicios ambientales. Las plantaciones son una de las actividades productivas más amigables con el ambiente por su capacidad de recuperar cobertura, proteger el agua y el suelo, por el bajo uso de agroquímicos -en comparación con la agricultura- y porque genera ingresos que se han hecho significativos -como lo confirman los productores de Acosta, que ante la crisis del café apuestan por la diversificación de sus fincas plantando cítricos y forestales (Mora 2003: 16) ( ). Referencias bibliográficas |
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