Relevancia de lo social
en gestión de áreas protegidas

--Jorge Pinazzo--

Con el lema Beneficios más allá de las fronteras finalizó en septiembre pasado en Durban, Sudáfrica, el V Congreso Mundial de Parques. A poco más de 40 años de la primera conferencia mundial, realizada en Estados Unidos, y a pesar de los importantes temas emergentes en la agenda mundial (pobreza, salud pública, terrorismo, etcétera), el interés por el estado real de las áreas protegidas a nivel global no ha decrecido.

Un recuento rápido de los principales asuntos abordados en el Congreso de Durban y que fueron plasmados en sendos documentos (las Resoluciones y la Declaración de Durban, entre otros), nos remite irreversiblemente a la realidad latinoamericana. Un rápido vistazo de ésta, con particular atención a determinados temas puntuales, puede ser útil y relevante para referirnos al contexto costarricense y, por extensión y hasta cierto punto, al de los demás países de la región.

Si bien algunas de las preocupaciones sobre el estado de conservación de la biodiversidad son "tradicionales" (como la invasión de especies exóticas y la fragmentación de paisajes terrestres y marinos), muy pronto los verdaderos retos pueden estar representados tanto por fenómenos globales como por las preocupaciones de carácter local. El cambio climático y la tendencia a reconocer las áreas protegidas como fuente de medios de subsistencia para las comunidades son dos de los temas a los cuales se les está prestando creciente interés en los foros y círculos de especialistas vinculados a la temática de las áreas protegidas.

Al parecer, la manera en que las áreas protegidas contribuyen al combate contra la pobreza es un asunto que aún no está muy claramente definido y tampoco es probable que se esclarezca a corto plazo. Por el contrario, muchos de los conflictos relacionados con el acceso y uso de los recursos protegidos tenderán a agravarse. Encontrar las fórmulas apropiadas para mantener las metas de conservación sin menoscabar las posibilidades de las poblaciones de satisfacer sus necesidades materiales (¡bajo enfoques de sostenibilidad!) puede llegar a ser muy pronto la clave en el manejo de las áreas protegidas.

En torno a las preocupaciones sociales en el establecimiento y gestión de las áreas protegidas existen numerosas experiencias y estudios de casos. Aun cuando esta cuestión ha sido abordada con un interés cada vez mayor por parte de los investigadores y científicos, los conocimientos disponibles no impiden que se registren enfrentamientos e incidentes involucrando a los afectados directos. Al decir de Phillips (2003), la consigna parece ser la "administración con, para y, en algunos casos, por las comunidades locales", y los modelos más promocionados, la cogestión y las áreas de conservación comunitaria , intentan acercar posiciones. ¿Serán estos modelos las más claras expresiones de la "política del buen vecino"? (Putney 1997)

En cualquier caso, todos los planteamientos parecen conducir a una "flexibilización" de los criterios para designar y establecer áreas protegidas. Ya hay voces clamando por que las necesidades de las comunidades sean consideradas entre los objetivos mismos de las áreas protegidas (Amend 2002), y que estas consideraciones contribuyan a ajustar y a definir más claramente las categorías de manejo de UICN (Unión Mundial para la Naturaleza). En definitiva, los parques se están abriendo al mundo. ¿Llegó la hora de poner a total disposición de la gente los recursos protegidos, orgullo y razón de ser de los parques? ¿Cuáles serán los impactos de estas decisiones? Sin duda, estos puntos serán objeto de intensos debates en el próximo congreso de parques.

En términos de manejo, las crecientes preocupaciones guardan relación con el acceso a los conocimientos, las tecnologías y los ejemplos de las mejores prácticas para la gestión de las áreas protegidas. Muchas veces las capacidades para el manejo son limitadas en las propias oficinas nacionales responsables de los parques. Con raras y sobresalientes excepciones, pocas son las instancias locales (municipios, pero más frecuentemente grupos comunitarios organizados o fundaciones) que cuentan con equipos de profesionales y técnicos en cantidad y calidad para atender los múltiples y variados retos del manejo de los parques.

Centroamérica es una región donde últimamente se ha registrado un enorme crecimiento en la cantidad de áreas protegidas comanejadas. Para 1997, la oficina regional de la UICN reportaba 68 casos de experiencias de manejo participativo en esta región (Nuñez 2000) Frente a la realidad regional, Costa Rica ha reconocido el Parque Nacional Cahuita como el único caso de comanejo en el sistema. Cualquiera sea el contexto, el desafío está en la creación de un entorno favorable que permita a las mismas comunidades locales asumir mayores niveles de responsabilidad y de actuación eficiente.

A propósito, un importante reto se visualiza a partir de la Resolución 5.18, acordada en el Congreso de Durban, que insta a los responsables de la gestión de las áreas protegidas (no solo las agencias oficiales) a que informen de manera transparente y abierta sobre los resultados de las evaluaciones de eficiencia en el manejo de las áreas. Se pretende, además, el establecimiento de sistemas de verificación o certificación de la eficacia de la gestión privada de las áreas, a fin de garantizar que se cumplen estándares mínimos para formar parte de los sistemas nacionales de áreas protegidas. En función de la necesidad de incrementar las capacidades institucionales y profesionales para la gestión eficiente de las áreas protegidas, este desafío se torna mucho más relevante.

Sin menoscabar ciertas habilidades y aptitudes individuales, los manejadores de áreas protegidas tradicionalmente no han sido formados ni capacitados para desempeñarse "más allá de sus fronteras"; el parquero ha tenido siempre la función de "guarda" (guardaparque, guardarrecurso…). Hoy por hoy, la compleja realidad de las áreas protegidas exige de sus manejadores habilidades muy especiales. Anteriormente declaradas para fines de conservación, en la actualidad los parques son administrados con objetivos sociales y económicos y con una perspectiva de largo plazo. Además, si bien la función de protección seguirá siendo la principal, en la actualidad la restauración y la recuperación de las funciones ecológicas son aspectos de reconocida importancia para las instancias relacionadas con el manejo de las áreas protegidas (se menciona incluso las oportunidades que ofrecen las áreas protegidas para regenerar los paisajes culturales).

¿Hasta qué punto se ajusta a este enfoque el modelo costarricense de Sistema de Áreas de Conservación (que no es lo mismo que sistema de áreas protegidas)? Y, por otro lado, ¿cómo están respondiendo los funcionarios del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (o, más propiamente, los guardaparques) a los nuevos desafíos? Inmersos en una compleja realidad, en muchas de las áreas los encargados y administradores de parques deben no solo dedicar más tiempo y esfuerzo a la atención a visitantes, sino que también les corresponde atender denuncias ambientales, efectuar operativos, apoyar investigaciones, etcétera. Todas estas actividades obviamente se ejecutan fuera de las áreas protegidas.

Afortunadamente, el Congreso de Durban reconoció la enorme necesidad de mejorar e incrementar la capacidad de gestión. Costa Rica y la región centroamericana en general cuentan con numerosas instituciones académicas y científicas de gran prestigio y tradición para el establecimiento y desarrollo de programas de enseñanza y capacitación técnica en temáticas relacionadas con áreas protegidas. Si bien éstas son buenas noticias, el ambicioso mandato de Durban exige que se fortalezcan estas iniciativas, por ejemplo creando redes regionales de instructores e instituciones docentes, o estableciendo "círculos de profesionales" especializados en la gestión de áreas protegidas.

Indudablemente necesitamos de la gente para manejar áreas protegidas. Pero estas personas deben estar capacitadas para ello o tener oportunidades para formarse y capacitarse. Los nuevos y exigentes desafíos ya están a las puertas de las áreas protegidas. ¿Estamos preparados para enfrentarlos de manera apropiada?
Pero también necesitamos de aliados en todos los ámbitos, especialmente en las comunidades locales y las organizaciones civiles comprometidas. En este caso corresponde igualmente exigir que se cumplan ciertos estándares mínimos. Entender y manejar la interacción parque-entorno (ecológico, institucional, social) es central para la consecución de los objetivos duraderos de conservación en áreas protegidas. En este caso, la clave puede estar en la respuesta a la interrogante planteada por Janzen (2000): "una vez que se haya decidido el lugar a conservar (o restaurar), ¿cómo convertimos esa área silvestre en un miembro feliz y productivo de la sociedad local, nacional y global para que sobreviva a perpetuidad?"

Referencias bibliográficas
Amend, S. et al. 2002. Planes de manejo: conceptos y propuestas. UICN-GTZ. Panamá.
Amodou, B., G. Vogt y K.Vogt. "Developing a community conserved area in Niger", en Parks 13(1), 2003.
Janzen, D. 2000. Ingredientes esenciales de un enfoque por ecosistemas para la conservación de la biodiversidad de las áreas silvestres tropicales. Disponible en: http://janzen.sas.upenn.edu/
Nuñez, O. 2000. El comanejo y la participación de la sociedad civil en las áreas protegidas de Centroamérica. Fundación Defensores de la Naturaleza. Guatemala.
Phillips, A. 2003. Turning ideas on their head: the new paradigm for protected areas. Documento para discusión, no publicado.
Putney, A. "Strategies for deveIoping political, public and financial support", en Congreso Brasileño de unidades de conservación (CD Rom), 1997.

Jorge Pinazzo, ingeniero forestal, es investigador asociado del Departamento de Recursos Naturales y Ambiente del Centro Agronómico y Tecnológico de Investigación y Enseñanza (Catie) (jpinazzo@catie.ac.cr).