Por qué no pagar servicios ambientales
a monocultivos forestales

--Jorge Lobo--

El pago de servicios ambientales (psa), que constituye una de las tantas estrategias que las sociedades y los gobiernos modernos pueden utilizar para fortalecer los programas de conservación y mejorar las condiciones del ambiente, es una política muy avanzada en materia de conservación que requiere de mucho cuidado y precisión en sus inversiones. Costa Rica, país económicamente débil, gasta una considerable cantidad de recursos en este programa, recursos adicionales a los utilizados en la administración y cuido de las áreas protegidas estatales. Por lo tanto, su uso requiere de un gran sentido de priorización.

La inversión en psa debe enfocarse en (1) el apoyo a la conservación de las áreas silvestres más sensibles y valiosas de nuestro ambiente natural: las de bosque natural, sea este primario o intervenido, (2) los bosques secundarios y (3) la recuperación de bosques en áreas cuya cobertura sea urgentemente requerida -nada más lógico desde la óptica de la preservación de los servicios ambientales, y nada más lógico desde un criterio económico y social. Esas áreas son la base de la conservación de los recursos hídrico y edáfico (la mayor parte de nuestra cobertura forestal ha quedado marginada a las cuencas superiores de los ríos, en nuestras cordilleras y cadenas montañosas menores y su destrucción paulatina contribuiría a la generación de más dióxido de carbono) y son también la base de la conservación de la llamada biodiversidad, concepto que en la Ley Forestal expresa solo un servicio ambiental más, aunque es la base misma de la organización de la vida de nuestro planeta. La conservación de las especies maderables, de las especies de plantas asociadas a bosques primarios y de su fauna más amenazada debe ser la prioridad de cualquier inversión en conservación en los países tropicales. Además, son áreas cuyos propietarios no recibirán nada o poco por su protección. Merecen una compensación económica por su decisión de protegerlas.

La mayor parte de los recursos de psa en nuestro país son efectivamente invertidos en protección de bosques: aproximadamente el 80 por ciento de los recursos que administra el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo). Sin embargo, como una continuación de las políticas de incentivos a las plantaciones forestales practicadas en nuestro país por muchos años (caf, cafma, etcétera), una parte importante de los recursos de psa se gasta en pagos de servicios ambientales a plantaciones de monocultivo (melina y teca, principalemente). El monto gastado en esta modalidad de psa ascendió a más de 1,5 millones de dólares durante este año. Se paga más por plantaciones que por protección de bosques, ya que el monto por hectárea para plantaciones es aproximadamente 2,5 veces mayor al asignado para protección de bosques. Mientras tanto, solicitudes de psa para proteger miles de hectáreas quedaron sin ser cubiertas por las oficinas regionales de Fonafifo, en parte debido a cantidades limitadas de recursos. ¿Cómo se explica esta insentatez de nuestra política forestal?

En los decretos ejecutivos que definen las modalidades para cada año, el pago de servicios ambientales a plantaciones de monocultivo se ha denominado "reforestación", lo cual está muy lejos de la realidad, porque la mayor parte de las plantaciones incentivadas por psa no son producto de regeneración natural, sino ecosistemas altamente artificiales, de carácter monoespecífico y con uniformidad de edad y tamaño. (Creo poco necesario hacer una discusión sobre la diferencia entre plantaciones de monocultivo y reforestación, que para el lector debe ser una diferencia evidente.) El uso del término "psa reforestación" es un disfraz, un uso incorrecto de un concepto referente a un proceso mucho más rico y complejo. Pero, sea como sea, ¿son las plantaciones de monocultivo un ecosistema que brinda servicios ambientales tan relevantes como para ser subsidiadas por medio de psa?

Un argumento a favor del psa a plantaciones de monocultivo se refiere a su capacidad de fijación de carbono, debido al rápido crecimiento de su biomasa y a la preservación por varios años del carbono fijado en forma de madera. Incluso el mismo acuerdo de Kioto, en un pase más político que científico, incentiva mecanismos de canje entre países por medio de la fijación del carbono en forma de nuevas plantaciones. Pero, más allá de tal acuerdo, hay que analizar cuáles son las características reales de las plantaciones de monocultivo en relación con su poder fijador de carbono. La esencia real de las plantaciones de monocultivo no es proteger el ambiente, sino producir madera, y lo más rápida, barata y masivamente posible, por lo cual la melina ha ganado el primer lugar en nuestro paisaje forestal cultivado. Los ciclos de corta relativamente rápidos asociados a esta especie (8-15 años) y el uso de su madera en materiales de uso efímero, como embalajes y otros productos, muestra que este carbono no es almacenado de una forma permanente y estable, sino que tiene un gran potencial para ser liberado nuevamente al ambiente en forma de desechos de cosecha, descomposición de material no reciclado, etcétera. Los procesos de corta a tala rasa, obligatoriamente practicados en plantaciones de monocultivo, pueden ser altamente perjudiciales para la estabilidad del carbono en el suelo, que es parte importante de la masa de carbono existente en ecosistemas terrestres.

Y, al final de cuentas, ¿cuántos ecosistemas agrícolas no son capaces también de fijar y almacenar carbono en tiempo y proporción semejantes a las tan elogiadas plantaciones forestales? Podemos citar algunos ejemplos: cafetales arbolados, plantaciones de palma africana, plantaciones de cítricos, pastizales arbolados (sugerido por el Catie), plantaciones de macadamia, etcétera. ¿Vamos a pagar psa a todas estas actividades también?
Es ridículo incentivar la fijación de carbono como un servicio ambiental aislado de las otros servicios y propiedades del ecosistema. La causa fundamental del calentamiento global es la emisión excesiva de gases. La principal contribución de nuestro país debe ser reducir su cuota de emisión por medio de mecanismos alternativos a la combustión de hidrocarburos y por medio de la reducción de la emisión por deforestación.

¿Y la protección del recurso hídrico? ¿Merecen las plantaciones de monocultivo una cuota de psa por desarrollar árboles sobre zonas de recarga acuífera? La misma característica de las plantaciones de monocultivo, ya presentada anteriormente en referencia a la fijación de carbono, las hace también poco viables como mecanismo confiable para la protección de cuencas hidrográficas. Al contrario, debemos preocuparnos de si la corta a tala rasa y la extracción de la madera de muchas plantaciones de melina no producirá una fuerte erosión adicional sobre áreas actualmente cultivadas, que reúnen caracterísiticas de capacidad de uso forestal o de protección. En el caso de la teca ha sido demostrado con estudios en áreas plantadas de esta especie que las características de sus hojas, de gran tamaño y resistencia, aumentan la tasa de escorrentía y erosión del suelo en las áreas plantadas.

Como las plantaciones -aunque sea a largo plazo- son una actividad lucrativa, siendo eficientemente realizadas el psa debería ser innecesario; correspondiéndoles, más bien, una apropiada política de crédito y mercadeo, dado que ellas son una fuente interesante de madera para el país, por ser alternativa a la extracción de bosques naturales. Pero hay otras formas posibles de producción de madera ecológica y socialmente viables, como la extracción de madera de bosques secundarios, la producción de madera en bosques naturalmente regenerados (restauración de bosques) y la extracción artesanal de bosques primarios o intervenidos. (Es notable la falta de apoyo que ha tenido la restauración de bosques por parte de Fonafifo y del Ministerio del Ambiente. Ese proceso, que podría recuperar miles de hectáreas erosionadas, impedir la destrucción definitva de fuentes de agua y reconectar áreas de bosque fragmentado, no ha sido apoyado por los administradores de los recursos del psa, posiblemente por gastar los recursos en el incentivo a plantaciones de monocultivo.)

Jorge Lobo, biólogo, es profesor en la Universidad de Costa Rica y miembro de la Junta Directiva del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal.