Pago de servicios ambientales
a la tala rasa

--Juan Figuerola--

En 2002, el Grupo de Trabajo de Bosques de la Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente (Fecon) emprendió una exitosa campaña para que se dejara de estimular con pagos de servicios ambientales (psa) la tala selectiva de bosques. El objetivo se logró y esos recursos antes destinados a incentivar la degradación de bosques hoy se invierten en protegerlos. Siempre en la línea de mejorar el sistema de psa en Costa Rica, iniciamos una nueva campaña, esta vez para que los escasos fondos de psa dejen de malgastarse en financiar plantaciones de monocultivos forestales destinadas a la tala rasa y sirvan para desarrollar una verdadera cultura de reforestación.

Hemos participado en foros donde los representantes del sector industrial maderero, al oír nuestros planteamientos, se enardecen y hacen apasionadas apologías de las plantaciones forestales, frente a lo cual les recalcamos que la campaña que venimos impulsando no es contra las plantaciones; no pretendemos que a nadie se le prive del derecho de establecer en su propiedad el cultivo o actividad que más le plazca.

Se nos señala, además, que producir madera es una actividad costosa que requiere formas de financiamiento especiales. Estamos de acuerdo, y no nos oponemos en forma indiscriminada al financiamiento de ellas, sino que, de manera concreta y puntual, nos declaramos en contra de que los psa sigan siendo utilizados para financiar plantaciones de monocultivos comerciales destinados a la tala rasa. En este sentido, estamos dispuestos a colaborar con el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) para que, conjuntamente con los productores forestales, ideemos y desarrollemos un sistema de incentivos y mecanismos financieros adecuados a las características de las plantaciones (plazos largos, bajas tasas de retorno, riesgos naturales y comerciales relativamente altos). Algo importante a tener en cuenta es que el ciclo productivo de las plantaciones culmina en la tala y la venta de la madera, y genera utilidades, por lo cual lo lógico y justo es que los créditos financieros para esta actividad sean reembolsables y con intereses.

Los psa se desvirtúan al utilizarlos para financiar plantaciones forestales destinadas a la tala rasa. Si bien la Ley Forestal define que los servicios ambientales "son los que brindan el bosque y las plantaciones forestales", más adelante la ley es clara al señalar que estos servicios deben incidir directamente en la protección y mejoramiento del ambiente, y enuncia cuatro servicios concretos: mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero; protección del agua; protección de la biodiversidad, y protección de ecosistemas, formas de vida y belleza escénica natural, los cuales a nuestro criterio deben brindarse en forma integral y permanente.

Quienes defienden que las plantaciones forestales comerciales deben recibir psa generalmente argumentan que las plantaciones forestales: (1) suplen la demanda de madera, con lo cual se reduce la presión sobre los bosques; (2) se establecen en pastizales y se genera cobertura forestal donde antes no había, lo cual favorece la biodiversidad; (3) protegen el suelo y las aguas, y (4) fijan más carbono que los bosques y contribuyen a reducir el efecto invernadero de los gases producto de la combustión de hidrocarburos. Pero todo esto es falso.

¿Suplen las plantaciones forestales la demanda de madera reduciendo la presión sobre los bosques? Falso. Una cosa es la madera de melina y otra, muy distinta, la de nazareno. Ningún maderero entra al bosque a extraer maderas suaves. La madera de plantaciones es de crecimiento rápido y se clasifica como suave o, en el mejor de los casos, semidura. En cambio, la dureza y la calidad de las maderas preciosas de bosques son incomparables. Éstas provienen de auténticos monumentos vivientes que han pasado por procesos de crecimiento y desarrollo de cientos de años. Mientras las maderas preciosas de bosques son caras y exclusivas, la madera de plantaciones es generalmente barata, y una importante porción termina convertida en papel, lápices o tarimas. En tanto alberguen especies preciosas, la presión sobre los bosques seguirá, con o sin plantaciones. En todo caso, las plantaciones no estarían incidiendo en la protección del ambiente en forma directa sino indirecta, y esto no coincide con los preceptos de la ley.

¿Se establecen las plantaciones en pastizales generando cobertura forestal donde antes no había y favoreciendo la biodiversidad? Esta afirmación es válida exclusivamente para la fase de establecimiento de las plantaciones comerciales e ignora el desenlace ineludible: la tala rasa. Lento pero seguro, a la hora de la cosecha se arrasa con todo: árboles, sotobosque, epífitas, nidos, madrigueras, fauna, suelos. La incipiente biodiversidad es exterminada de cuajo. Los suelos quedan expuestos a la erosión por sol, lluvia y viento. Y mejor ni hablar de ecosistemas y belleza escénica…
¿Protegen las plantaciones forestales el suelo y las aguas? Las plantaciones forestales, como todos los monocultivos comerciales, requieren condiciones especiales de suelo y drenaje. Generalmente se establecen las plantaciones en terrenos agrícolas sometidos a erosión y contaminación con agroquímicos. Además, hay evidencias científicas de que las plantaciones extraen del suelo cantidades críticas de agua y nutrientes, e incluso se ha demostrado que, en ese sentido, puede resultar más benéfico un pastizal que una plantación, dependiendo de las especies que se planten.

¿Fijan las plantaciones más carbono que los bosques, contribuyendo a reducir el efecto invernadero de los gases producidos por la combustión de hidrocarburos? Dejando de lado lo cuestionable que resulta ser la utilización de plantaciones para justificar la emisión de gases que afectan la atmósfera, el clima y la vida en el planeta, cabe resaltar aquí que los plantadores exaltan la fijación de carbono que efectúan los árboles plantados, pero no mencionan el carbono que liberan ramas y troncos producto de podas y raleos, los desechos de cosecha, las hojas y frutos en descomposición, los suelos forestales. Tampoco mencionan que la madera de lápices, tarimas y formaletas tiene una vida útil efímera y en cuestión de meses todo el carbono captado se vuelve a liberar, cosa que también ocurre al aplicarse los herbicidas y fertilizantes derivados del petróleo, indispensables y propios de todo monocultivo. En el mejor de los casos, la madera de plantaciones termina convertida en puertas y muebles que requieren costosos acabados y tratamientos con sustancias preservantes, emisoras de gases y altamente contaminantes.

Otro argumento recurrente de los madereros es que quienes pensamos diferente a ellos solo criticamos sin aportar alternativas, lo cual tampoco es cierto. Desde hace ya varios años venimos promoviendo toda una gama de alternativas; incluso en noviembre de 2000 presentamos ante la Asamblea Legislativa una Propuesta Alternativa al Proyecto de Ley de Servicios Ambientales. En relación con el tema particular de reforestación y psa, consideramos que deben suprimirse definitivamente los psa a plantaciones forestales comerciales y desviarlos a la verdadera reforestación mediante regeneración natural simple y mediante el sistema de regeneración asistida que hemos denominado restauración ecologista del bosque tropical, que consiste en regeneración natural combinada con siembra de múltiples y diversas especies forestales. Nuestra propuesta se basa en una experiencia realizada en la Zona Norte, en el Saíno de Pital, San Carlos, por la familia Díaz Alvarado, quienes hace alrededor de quince años decidieron restaurar su parcela de nueve hectáreas dedicada al cultivo de la piña, hoy transformada en un bosque con 137 especies identificadas de árboles y arbustos (esta experiencia ha sido documentada por Javier Baltodano en La restauración ecologista del bosque tropical. Publicaciones Iberia. San José. 2003 [libro gratuito que puede solicitarse en los teléfonos 403-8038, 256-2764 y 283-7193]).

Los pagos de servicios ambientales son una excelente herramienta financiera para revertir la deforestación y promover la restauración del bosque, pero requieren ajustes y cambios urgentes con el fin de mejorarlos y darles mayor sentido ecológico, y que sean económica y socialmente más justos. En esto estamos trabajando.

Juan Figuerola, ingeniero forestal, es coordinador del Grupo de Trabajo de Bosques de la Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente (Fecon)