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Cuando dispusimos dedicar esta edición a la discusión sobre la pertinencia
de hacer pago de servicios ambientales (psa) a plantaciones forestales,
procedimos a invitar a escribir a quienes sabíamos interesados en
el tema y conocedores de él. Entre ellos, en primer lugar, a los
cuatro integrantes de la Comisión sobre Bosques de la Federación
para la Conservación de la Naturaleza (Fecon), que, en los últimos
días, han sido los promotores de la discusión sobre ese tópico;
en segundo lugar, a profesionales de entidades competentes en materia
forestal (Junta Nacional Forestal Campesina, Instituto Tecnológico,
Universidad para la Paz) de los cuales ignorábamos su postura; en
tercer lugar, a otros profesionales de otros institutos (Fondo Nacional
de Financiamiento Forestal, Oficina Nacional Forestal, programa
Desarrollo Campesino Forestal del Ministerio del Ambiente) de quienes
suponíamos apoyarían el psa a plantaciones forestales, y, finalmente,
pero tan importantes como todos los anteriores, a dirigentes de
la Cámara Costarricense Forestal, que sabemos defienden firmemente
tal psa. Desafortunadamente, éstos no aceptaron nuestra invitación,
y, de los otros, ninguno rechazó colaborar pero pocos cumplieron.
El resultado ha sido que en esta edición la crítica
al psa para plantaciones forestales resulta demasiado mayoritaria,
no expresándose, aparentemente, la riqueza de argumentaciones existentes
de cara al tema, respecto del cual, por cierto, la incertidumbre
es grande, pues en ese tema se juegan intereses fuertes y cosmovisiones
vigorosas y contrapuestas. Ése tema es uno de aquéllos -típicos
en el ámbito de lo ambiental- ante los que es obligada mucha participación
antes de llegar a decisiones, las cuales han de ser consensuadas.
Las decisiones autoritarias de expertos están inevitablemente
determinadas (no por mala fe, por supuesto), más que por su conocimiento
especializado, por intereses y orientaciones ideológicas que operan
tras las bambalinas de la conciencia -cuando empleando la conciencia
sobre un objeto específico se cree que ésta está operando libremente
en realidad lo está haciendo presionada por valores, deseos y principios
cognitivos sobre los que no se tiene control. Acaso el silencio
de algunos de los invitados a esta edición deba leerse como un rechazo
a la discusión del tema, como una deslegitimación a aquellos ecologistas
que quieren enjuiciar el psa a plantaciones, quizás considerándolos
indignos interlocutores.
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