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Mercado local para --Carlos Soto--
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A pesar de que en el año 2002 las ventas de productos orgánicos en los principales mercados (Europa y Estados Unidos) crecieron un 10% -hasta representar $23 mil millones-, ya comienza a observarse sobreoferta de algunos productos -lácteos y carne, principalmente- como consecuencia del crecimiento de la producción, la cual es estimulada por los gobiernos de los países en desarrollo y también por organizaciones no gubernamentales, nacionales e internacionales, con el propósito de aprovechar las oportunidades para la exportación (Cedeco 2003). Sobre el tema, Sancho (2001: 47) agrega que a pesar de que la exportación de productos orgánicos a Europa, Norteamérica y Asia representa una oportunidad importante para América Latina, su logro requiere que los pequeños productores orgánicos cuenten con un mínimo de capacidad instalada, certificación de la producción y capacitación en agro-negocios, elementos de los que carecen actualmente dadas sus incipientes condiciones productivas. Esta riesgosa situación, aunada a la falta de alternativas productivas, la dependencia de alimentos e insumos externos para la producción, las prácticas agrícolas contaminantes y los recurrentes problemas de comercialización -todo lo cual es propio de las formas convencionales de producción a pequeña escala-, ha despertado el interés de los pequeños productores orgánicos en desarrollar mercados locales para la colocación de sus productos. Esta visión acerca de la importancia de estos mercados es avalada por expertos en producción orgánica como Amarjit Sahota, fundador de la organización Organic Monitor, quien opina que en el futuro el mayor crecimiento de estos mercados se dará en los países en desarrollo, dada la percepción que éstos tienen de la agricultura orgánica como una forma viable de desarrollo de una agricultura sustentable. (Cedeco 2002). En el mismo sentido, Sancho (2001) opina que el desarrollo de los mercados locales adquiere especial relevancia al representar no solo una alternativa a la retribución del esfuerzo productivo, sino también un medio de aprendizaje de cara a una futura exportación. Pero, ¿cuentan los productores orgánicos en nuestro país, con condiciones (organización, capacitación, oferta, demanda, precios, apoyo estatal, certificación promoción, entre otras) para participar con éxito en el mercado nacional? La producción orgánica surgió en Costa Rica en los años noventa bajo una lógica de exportación asociada a la empresa privada, con el aporte de materia prima de pequeñas fincas orgánicas fácilmente certificables a partir de cultivos ya establecidos y de crecimiento silvestre -como la mora en las inmediaciones del cerro Bella Vista-, recuperados del abandono -como el banano y el cacao en Salamanca-, o tradicionales -como la caña de azúcar y el café en las zonas central y sur del país-, a los que se suman más recientemente la piña y la naranja, para en conjunto cubrir una superficie aproximada a las 10.000 hectáreas (Soto 2003). Paralelamente a esta producción, y con escasísimo apoyo estatal pero sí con la ayuda de algunas instituciones no gubernamentales nacionales e internacionales, surgieron y aumentaron espontáneamente pequeñas iniciativas productivas individuales y colectivas, certificadas y no certificadas, como consecuencia de los altos costos productivos y de accidentes previos sufridos con pesticidas (intoxicaciones humanas, animales y vegetales), o por convicción de los productores sobre el daño ambiental, la pérdida de seguridad y soberanía alimentaria y recurrentes problemas de comercialización resultantes de las formas convencionales de producción. La producción orgánica para el mercado local crece paulatinamente basada, principalmente, en la producción no exportable y en el cultivo más sistemático de hortalizas (de 50 hectáreas registradas la mitad se distribuye en dos cadenas de supermercados y ferias del agricultor [Soto 2003]) y menos de frutas, granos y verduras. Tal producción puede calificarse como incipiente, dispersa, de bajos volúmenes, poca diversidad y comercializada de modo convencional en diferentes mercados en el ámbito nacional. La demanda, aunque limitada, se localiza en algunos supermercados y la ejercen consumidores de alto nivel académico y estrato económico medio y alto. En la generalidad del mercado nacional, los consumidores manifiestan desconocimiento del tema orgánico y cuentan con poco acceso a productos y sitios de venta (reconocen que los precios son mayores al de los productos convencionales) -lo que, a nuestro entender, no ha permitido desarrollar una cultura de consumo orgánico (Soto 2001). La situación de la producción orgánica en el país, de cara a sus posibilidades en el mercado nacional y sus manifiestas ventajas productivas, económicas y sociales en relación con la producción convencional, ha motivado la conjunción de esfuerzos de diversas entidades para la construcción de una propuesta tendiente al desarrollo de mercados locales alternativos para productos orgánicos -alternativos debido a las características de la oferta y la demanda anteriormente señaladas, las cuales incapacitan en este momento a nuestra producción orgánica a colocarse regularmente, en cuanto cantidad, diversidad y con las normas de calidad requeridas, en los mercados más "formales" (i.e., los supermercados). Las entidades que, con el apoyo de la cooperación internacional, han conjuntado esfuerzos son el Movimiento de Agricultura Orgánica Costarricense, la Coordinadora de Organismos No Gubernamentales con Proyectos Alternativos de Desarrollo (Coproalde), la Corporación Educativa para el Desarrollo Costarricense, Upanacional, el Departamento de Registro y Acreditación del Ministerio de Agricultura y Ganadería, la Agencia de Certificación Nacional Ecológica, el Programa Nacional de Ferias del Agricultor y el Programa Nacional de Agricultura Orgánica La participación en el mercado interno, pues, debe darse en función de promover y establecer espacios de mercado más "informales" (ferias exclusivas, puntos de venta diferenciados en ferias del agricultor, distribución a domicilio y verdulerías -entre otras-) que permitan a los productores ajustar y aumentar sus áreas y su oferta productiva, ejercitarse en el "arte" de la comercialización ante una eventual posibilidad de exportación, minimizar la intermediación, promover la relación directa con los consumidores a fin de lograr la comunicación, información y conocimiento en doble vía e inducir una visión más política, económica, ambiental y social de la producción orgánica. Más que espacios físicos para el intercambio de productos, el desarrollo de mercados locales implica el cierre de cadenas agroalimentarias (producción - transformación - comercialización - mercado) de sistemas de producción orgánica, sobre la base de la organización y la capacitación de los productores y los consumidores. Más allá, está la posibilidad de ofrecer una alternativa productiva que les permita a las familias de pequeños productores la posibilidad de permanecer en el ámbito rural produciendo en condiciones dignas, saludables para sus miembros y los consumidores, en armonía con la naturaleza, gestando su independencia en el uso y toma de decisiones sobre los factores y medios de producción y promoviendo su seguridad y soberanía alimentaria. Como ya ha sido comprobado en algunas experiencias comerciales, el desarrollo
de estos mercados debe considerar, por un lado, la competencia en precio,
calidad y diversidad con la producción convencional, utilizando
la condición orgánica como un elemento de competitividad
para la generación de valor agregado, y, por otro lado, debe considerar
elementos para una propuesta de certificación alternativa a la
internacional, que no responde a las características del mercado
nacional ni a las expectativas y condiciones económicas, productivas
y socioculturales de los productores. En la actualidad, experiencias comerciales
de productos orgánicos bajo esta concepción pueden ser observadas
en San José, Pérez Zeledón, Turrialba, Talamanca,
Grecia, Coronado, San Ramón y Guápiles. |
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