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Estrés ambiental y migración --Heidi Vega--
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El estudio de la relación ambiente-migraciones comenzó a ganar espacio cuando se acuñó el término refugiados ambientales, aunque éste ha sido ampliamente criticado y no tiene sustento en el ordenamiento jurídico internacional. Los trabajos más conocidos en la línea de refugiados ambientales son los de El-Hinnawi (1985) y de Jacobson (1988), quien considera la degradación de las tierras agrícolas como el principal proceso que puede acelerar las migraciones. En el planteamiento de las relaciones entre cambio ambiental y migraciones se debe evitar la explicación simplista y determinista de causa-efecto, y, más bien, debe considerarse que (1) la relación entre esas variables no solo se produce en la dirección cambio ambiental migraciones, sino también a la inversa (esta última es la menos estudiada y amerita hacerse), y que (2) los factores ambientales tienen que ser tratados en un contexto -por ejemplo, el proceso de cambio ambiental puede inducir a la migración debido además a factores económicos como la reducción del ingreso, a factores de seguridad como el incremento del riesgo y a factores políticos como la pobre actuación del estado; por ello algunos analistas como Kritz (1990), Bilsborrow (1991) y Hugo (1995) ven muy difícil el aislamiento del factor ambiental; lo cual conduce a considerar que lo pertinente no es aislar el factor ambiental sino determinar su peso específico en los movimientos de población. Parte de la dificultad en determinar qué rol juega el ambiente como causa o contribuyente de los movimientos de población es que los autores utilizan el término ambiente con un gran número de significados, entre los que se destacan: estrés ambiental, degradación ambiental, escasez ambiental y cambio ambiental. Sin embargo, existe un acuerdo general en cuanto a que el estrés ambiental afecta los movimientos de población, a menudo filtrados por contextos de pobreza y desigualdad. La variable ambiente ha de evaluarse, entonces, en función del estrés ambiental, concepto que comprende la escasez de recursos naturales y la degradación cualitativa de ellos, por lo que el concepto tiene una dimensión cuantitativa y otra cualitativa. La cuantitativa porque la escasez de los recursos naturales -según la Otan (1999)- es la reducción, o percepción de reducción, de la cantidad total o disponible de ellos. Y la cualitativa porque la degradación es considerada como un cambio ambiental hecho por el hombre que tiene un impacto negativo en la sociedad humana (Libiszewski 1992). Pero podría plantearse el ambiente no solo en referencia a escasez y degradación, sino además considerando la abundancia, ya que ésta puede considerarse un factor de atracción pull que motiva la movilidad de las personas. De acuerdo a las afirmaciones anteriores, un problema ambiental constituye
un proceso complejo, dado que puede relacionarse con otros desencadenando
problemas derivados. Además, puede ser temporal o permanente, o
sea, reversible o irreversible. Y puede estar confinado a un estado o
ser de naturaleza transfronteriza, regional o de alcance global. Según Kliot (2000) existen dos categorías de movilidad.
La primera, que es la circulación, se define como "una gran
variedad de movimientos, usualmente de corto término, de carácter
repetitivo o cíclico, pero teniendo en común la falta de
cualquier intención declarada de un cambio permanente de residencia"
(nomadismo, peregrinaje, turismo y viajes diarios; también circulan
las víctimas de desastres naturales o antropogénicos y,
cuando termina la calamidad, regresan a su lugar de origen). Y la segunda
es la migración que, según Kliot (2000), es "un movimiento
de una unidad administrativa a otra que resulta en un cambio permanente
de residencia"; ésta, que puede ser forzada o voluntaria,
es el principal movimiento de población, constituyendo una de las
consecuencias más importantes del estrés ambiental y siendo
el tipo de movilidad que influye mayormente en la configuración
de conflictos. |
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