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Sven Wunder. La riqueza del petróleo y la suerte de los bosques.
Routledge Press. USA. 2003.
La mayoría de los bancos prestan dinero para financiar inversiones
específicas. Sin embargo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional (FMI) con frecuencia otorgan préstamos para financiar
los gastos generales de un gobierno. Para conseguir préstamos,
los países pobres deben aceptar que cambiarán algunas de
sus políticas, cambios que, a su vez, afectan las tasas de cambio,
los presupuestos del gobierno, los precios y los patrones de inversión
y gastos. Cuando el Banco Mundial presta dinero para un proyecto de inversión
específico, siempre hace antes una evaluación de cómo
éste afectará el ambiente. Pero cuando hace préstamos
para apoyar una reforma política, los llamados préstamos
de ajuste estructural, generalmente no hacen eso.
Durante consultas sobre la nueva política forestal del Banco,
muchos gobiernos, oenegés y otros grupos dijeron que el Banco debe
mirar cómo los préstamos de ajuste estructural afectan los
bosques. Ellos destacaron que los cambios económicos asociados
a estos préstamos a menudo tienen un impacto más grande
en los bosques que los proyectos de la silvicultura. Funcionarios del
Banco están de acuerdo, pero dicen que puesto que los préstamos
de ajuste estructural afectan a todos los sectores, la política
forestal no es el ente apropiado para ocuparse de esto.
Ahora el Banco está revisando su política de ajuste estructural.
Ha colocado un documento de discusión en su sitio de la web para
recibir opiniones y hará una propuesta a sus directores al final
de este año. La propuesta probablemente recomendará que
el Banco considere cómo sus préstamos de ajuste afectan
el ambiente, pero no requerirá ninguna evaluación formal.
El argumento principal para no exigir al Banco evaluar las consecuencias
ambientales de los préstamos de ajuste es que es bastante difícil.
Muchos impactos de las reformas políticas son indirectos y difíciles
de medir. Sin embargo, un libro reciente de Sven Wunder, de Cifor, sugiere
que tal análisis se puede hacer. En La riqueza del petróleo
y la suerte de los bosques, publicado por Routledge Press, Wunder muestra
cómo los cambios en las tasas de cambio, los presupuestos de gobiernos
y el gasto del consumidor fueron un resultado de los auges de las exportaciones
de petróleo y minerales, influyendo en la tala de árboles
en Camerún, Ecuador, Gabón, Indonesia, México, Nigeria,
Papua Nueva Guinea y Venezuela. Los tipos de cambio que él analiza
son similares de muchas maneras a los asociados al ajuste estructural.
Wunder encontró que las
devaluaciones de la moneda a menudo aumentan la tala de árboles.
El incremento de los ingresos gubernamentales desestimula el despeje del
bosque si el dinero se gasta en las ciudades, pero puede tener el efecto
opuesto si va a financiar crédito agrícola, esquemas de
asentamientos o caminos nuevos en regiones forestadas. Ingresos más
altos para los latinoamericanos conducen con frecuencia a la tala de árboles
porque ellos compran más carne de res producida en áreas
recientemente deforestadas.
Éstos son el tipo de temas que el Banco Mundial puede y debe mirar
cuando analiza cómo sus préstamos de ajuste estructural
afectan el ambiente. También debe considerar lo que hace el FMI,
puesto que las actividades de los dos están muy relacionadas. Por
fortuna, en la nueva política de ajuste estructural del Banco se
asegurará de que esto se lleve a cabo.
[Solicitudes del libro reseñado a: n.sabarniati@cgiar.org (incluir
dirección postal).
El documento de discusión del Banco Mundial sobre su nueva política
estructural de ajuste está disponible en www1.worldbank.org/operations/OP860Consultations/EnglishVersion/1.
Para información, desde una perspectiva de oenegé, sobre
la nueva política estructural de ajuste del Banco remitirse a:
Heike Mainhardt, de la oficina macroeconómica del programa de WWF:
Heike.Mainhardt@WWFUS.ORG]
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