Por un TLC con EU
en pro del ambiente

--Olman Segura y Greivin Hernández --

 

El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica (TLC-EU-CA), que se encuentra en proceso de negociación, trae consigo oportunidades y amenazas y nos obliga a definir mejor la forma en que vamos a enfrentar retos importantes para nuestra sociedad. Esta afirmación es sobre todo cierta si coincidimos en que la meta de la región debe ser no solo el crecimiento económico sino también el desarrollo, y no cualquier tipo de desarrollo sino el sostenible. En otras palabras, necesitamos un nuevo rumbo en la región a favor del respeto a la dignidad de las personas, a la promoción de sus derechos, al respeto a la naturaleza, al mejoramiento constante de la calidad de vida y al cambio de actitud y comportamiento en los patrones de producción y consumo. Principios, todos éstos, considerados en la Alianza Centroamericana para Desarrollo Sostenible suscrita por los seis presidentes centroamericanos y el primer ministro beliceño en 1994 y diseminada por toda la región. Entre las oportunidades de este Tratado que se puede apuntar están las siguientes: (1) el reforzamiento de las relaciones comerciales, de inversión, de intercambio de tecnología y conocimiento y, en fin, todo tipo de relaciones económicas -que ya de por sí son muy estrechas- entre ambas regiones; (2) representa, además, la posibilidad de convertir las preferencias unilaterales que brinda la Iniciativa para la Cuenca del Caribe en derechos y obligaciones, a cambio de lo cual los países del istmo deberán ceder en la apertura de diferentes sectores productivos; (3) esta apertura, a su vez, en muchos casos favorecerá a los consumidores con mayor cantidad de opciones y mejores precios; (4) la oportunidad de mejorar las condiciones de ingreso de muchos de nuestros productos a la economía estadounidense, que aunque en la actualidad posee aranceles relativamente bajos -o no los tiene del todo- para muchos de nuestros productos, tienen que enfrentar otros obstáculos (es conocido que más bien son las medidas sanitarias y no sanitarias, el sistema de solución de controversias, así como las diversas regulaciones domésticas estadounidenses, las que en última instancia "deciden" cuáles productos ingresan a ese país y cuáles no lo hacen), y (5) la oportunidad de incrementar las posibilidades de cooperación para diversos sectores productivos, sobre todo aquéllos que se verán afectados por el TLC -pero también se podrán beneficiar de esta cooperación los sectores productivos que tendrán la oportunidad de incrementar su comercio pero que para lograrlo necesitan acceso a mayor información y apoyo claros y permanentes.

Pero el TLC-EU-CA también implica amenazas que algunos de sus defensores menosprecian y los críticos magnifican, y que constituyen la razón por la que distintos grupos en la región centroamericana tienen serias reservas respecto de aquél, dentro de las cuales destacan: (a) falta de preparación y de condiciones para competir en nuestro entorno respecto de las condiciones que disfruta el sector privado en EU; (b) calendario de negociación "muy apresurado" -ya que, según lo previsto, las negociaciones debieran finalizarse este año, para que en 2004 se apruebe totalmente en cada país el TLC; (c) agenda de negociación compleja y muy amplia -plasmada en seis mesas de negociación que comprenden temas como acceso a mercados, servicios e inversión, solución de controversias, cooperación, temas laborales y ambientales y una que comprende temas como compras del sector publico, derechos de propiedad intelectual y otros-; (d) posibles consecuencias negativas del TLC en lo social y ambiental, y (e) casi marginación del tema agrícola, que no será tratado exclusivamente en una mesa de negociación (EU insiste en que debe ser abordado en foros multilaterales como la OMC, lo que evidencia el resurgimiento del proteccionismo agrícola en ese país -como lo muestra la reciente aprobación del Farm Hill. México, parte del TLC-AN, reaccionó aprobando un paquete de apoyo al agro; sin embargo, la oposición de los agricultores al Tratado va en aumento [www.jornada.unam.mx]).

Ahora bien, si tenemos como norte la necesidad de desarrollo para la región, el reto es doble, pues debemos aumentar el crecimiento económico y avanzar hacia el desarrollo sostenible, lo que implica que en las negociaciones del TLC debemos preocuparnos por la sostenibilidad económica, la sostenibilidad social y la sostenibilidad ecológica.

Por solicitud de esta revista, aquí nos circunscribiremos al tema ambiental del Tratado. El ambiente en los acuerdos comerciales puede ser abordado desde diferentes perspectivas. Los que se niegan a vincular estos temas plantean -con cierto grado de justificación- que las disposiciones ambientales en los acuerdos comerciales, y viceversa, se prestan para que muchos sectores que buscan protegerse de la competencia encuentren una excusa para obstruir el comercio (de la Calle 1999). La otra línea de pensamiento plantea la preocupación de los efectos directos e indirectos que puede tener el comercio sobre el ambiente, debido a que una expansión de la producción puede implicar una mayor extracción de recursos, mayor cantidad de emisiones, atracción de industrias contaminantes, etcétera.

Nuestra posición es que Centroamérica, al ser una región rica en recursos naturales, rica en biodiversidad y al basar gran parte de sus exportaciones y generación de divisas en la agroindustria y el turismo ecológico, tiene mucho que perder en el caso de que las consecuencias ambientales de una expansión en el flujo de bienes, servicios y capitales no sean tomadas en cuenta debidamente en el Tratado. Algunas de las experiencias de tratados comerciales, como el de América del Norte, plantean la necesidad de incluir el tema ambiental de una manera cooperativa y transparente, como parte de las negociaciones comerciales. Además, esto serviría como desincentivo a la relajación de los estándares ambientales con el fin de atraer inversión estadounidense y así se evitaría una competencia por inversión entre los países basada en el dumping ambiental, en el caso de que en el futuro aparezcan gobiernos o funcionarios lo suficientemente torpes como para entrar en una competencia de este tipo.

En conclusión, en vez de tomar posición de forma simplista, atendiendo consignas dogmáticas sin mayor análisis a favor o en contra del TLC-EU-CA, debiéramos examinar con profundidad la necesidad de cambio integral de nuestro modelo de desarrollo. Más aun, debiéramos estar claros de que uno de los principales problemas que enfrentamos es el tipo de productos, bienes y servicios que consumimos y transamos, lo mismo que las formas de su producción y sus impactos en la sostenibilidad de la región y del planeta. El reto, por lo tanto, no es solo hacer una "buena negociación" para abrir mercados para nuestros productos y reducir y eliminar el intercambio desigual, sino que es más profundo: definirnos respecto de la forma de pasar de la retórica, de países a favor del desarrollo sostenible y la protección ambiental, a la verdadera práctica transformadora a favor de éstos.

En este sentido, recomendamos que las negociaciones tomen en cuenta y refuercen los vínculos positivos entre el ambiente y el comercio. Debiera priorizarse la eliminación de subsidios negativos para el ambiente, las reducciones en el consumo de energía de fuentes no renovables, la asignación más eficiente de los recursos y la cooperación entre países para superar problemas ambientales (en particular de la agenda marrón). Es además necesario que el proceso de negociación sea participativo y transparente en todos los temas. Sería sumamente provechoso lograr crear, con los fondos de cooperación, una agenda de desarrollo propia, incluyendo lo ambiental, fomentar mayor calidad en las vinculaciones entre las universidades y empresas, mejorar el cumplimiento de la normativa ambiental nacional vigente, brindar acceso preferencial a los bienes y servicios ambientales en los mercados y, también, evitar que los trámites ambientales se conviertan en un obstáculo a la inversión.

Referencias bibliográficas
de la Calle, L. 1999. Linkages between trade and environment policies. WTO high level symposium on trade and environment, March. (s.l.)
Gitli, E. y G. Hernández. 2002. La existencia de la curva de Kuznets ambiental (CKA) y su impacto en las negociaciones internacionales. Cinpe. Serie Documentos de Trabajo 011- 2002, abril. (también en www.cinpe.una.ac.cr).

Olman Segura es director del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional, y Greivin Hernández es investigador en dicho Centro