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Discusión sobre --José Courrau--
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No es nueva la discusión entre quienes creen que las áreas protegidas cumplen un papel fundamental en el desarrollo sostenible de un país y quienes creen que las mismas deben reorientarse a su misión original de proteger biodiversidad. Sin embargo, un repentino auge de esa discusión ha generado una serie de publicaciones en los últimos cinco años que podrían tener implicaciones serias para las áreas protegidas de países como Costa Rica, implicaciones que podrían consistir desde en cambios del enfoque de la asistencia internacional hasta en variaciones de la política nacional de conservación. Ante tal situación, debiera estimularse el debate nacional sobre si el manejo general de las áreas protegidas ha de incorporar fines sociales o enfocarse nada más en la protección tradicional de especies y sistemas naturales. El fin primordial de este artículo es, precisamente, estimular el debate, sin favorecer ninguna de las posiciones aquí presentadas. El debate, que ya alcanzó niveles académicos además de un tono muy fuerte, llegó a un pico de intensidad con la publicación en Society and Natural Resources (2002) de dos artículos controversiales escritos por Peter Wilshusen, Steven Brechin, Crystal Fortwangler y Patrick West: "Reinventing a Square Wheel: Critique of a Resurgent ´Protection Paradigm´ in International Biodiversity Conservation" y "Beyond the Square Wheel: Toward a More Comprehensive Understanding of Biodiversity Conservation as Social and Political Process". Tales artículos, según sus autores, responden a planteamientos presentados en algunos libros de reciente publicación que abogan por un reenfoque de las áreas protegidas en la protección de biodiversidad: Requiem for Nature, de John Terborgh (1999), Myth and Reality in the Rain Forest, de John F. Oates (1999), The Last Stand: Protected Areas and the Defense of Tropical Biodiversity, editado por Randall Kramer, Carel van Schaik y Julie Johnson (1997), y Parks in Peril: People, Politics and Protected Areas, editado por Katrina Brandon, Kent Redford y Steven Sanderson (1998). Quienes creen en el resurgimiento de un énfasis renovado en la protección autoritaria de áreas protegidas argumentan que los abordajes recientes de conservación con orientación social han fallado en alcanzar su meta principal de conservar biodiversidad en las áreas protegidas y también han fallado en resolver a largo plazo problemas sociales, especialmente los relacionados con pobreza. Los autores de los artículos sistematizan y resumen lo que ellos llaman los cinco principales argumentos presentados por los libros: (a) las áreas protegidas requieren protección estricta, (b) la protección de biodiversidad es un imperativo moral, (c) la conservación vinculada al desarrollo no conserva biodiversidad, (d) las comunidades locales armoniosas y ecológicamente amigables son un mito y (e) las situaciones de emergencia requieren medidas extremas. Y, asimismo, hábilmente presentan una lista de contrapuntos específicos para cada uno de los argumentos que ellos llaman "proteccionistas", contrapuntos que se resumen en que tales argumentos están incompletos dado que no incorporan los procesos políticos y sociales de la conservación. Por ende, de acuerdo con los articulistas, no es probable que un proteccionismo renovado garantice protección a largo plazo de la biodiversidad. Y como producto específico del análisis realizado por los artículos, presentan seis recomendaciones para re-pensar la dirección de la conservación internacional de biodiversidad: (a) se necesita conservación con justicia social -hay que establecer parámetros específicos de procesos sociales-; (b) se necesita conservación basada en el contexto -se debe aplicar el conocimiento en contexto y adoptar un abordaje de resolución de problemas-; (c) debe existir conocimiento sobre la conservación -ha de desarrollarse conocimiento científico social sistemático-; (d) se debe aumentar la capacidad para coordinación y colaboración organizacional; (e) se debe medir el desempeño de la conservación -ha de establecerse parámetros para medir los procesos sociales-, y (f) se debe incentivar el diálogo en la conservación -establecer un "taller" permanente entre científicos sociales y ecólogos para encontrar los puntos de convergencia y generar estrategias. Finalmente, lo que queda es discutir sobre cuáles serían las influencias que uno u otro planteamiento traerían al manejo de áreas protegidas en Costa Rica. ¿Necesita Costa Rica preocuparse por este debate y tratar de adoptar una posición de manera determinante? También valdría la pena meditar si la dirección que actualmente lleva el manejo de nuestras áreas protegidas ya ha sido o está siendo influenciada de manera exclusiva por alguna de las dos posiciones opuestas mencionadas anteriormente. De igual manera, sería saludable discutir el rumbo que debiera llevar la cooperación internacional en materia de áreas protegidas con el fin de asegurarnos que responde a nuestras prioridades. Referencias bibliográficas |
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