Presentación

 

En esta edición y en la siguiente -como también en la edición de diciembre de nuestra revista semestral Ambientales- tratamos y trataremos diversos tópicos referentes a la importancia, las funciones y la problemática de las áreas silvestres protegidas en Costa Rica -y menormente en Mesoamérica. Los autores presentes en este número se septiembre se han centrado en los siguientes subtemas: amenazas a la integridad de dichas áreas, importancia y experiencia de involucramiento de las comunidades vecinas en tales áreas -en Costa Rica y en Mesoamérica- y envergadura de la conservación privada en Centroamérica. En la próxima edición, y en la de Ambientales de diciembre, se insistirá en esos mismos aspectos y se tocará otros.

En la presente edición empezamos también el abordaje de otro tema coyunturalmente más álgido, que ya antes habíamos tratado pero del que no se había tocado la arista que ahora más nos interesa: la pertinencia de que en las actuales negociaciones para el TLC Centroamérica-EU se acuerde sanciones para quienes no cumplan las normas de respeto ambiental ya establecidas en cada país y también de que se establezca normas aun más estrictas que las ahora existentes incluso en Costa Rica. Este tema, en el que también se insistirá en la próxima edición, ha sido sistemáticamente eludido por el ambientalismo tico. El sector más radical de este movimiento ha rechazado el TLC en bloque por su posible impacto ambiental negativo, y el ambientalismo mayoritario ha permanecido en silencio. Textileros, lecheros, arroceros y otros sectores productivos vociferan defendiendo sus intereses particulares y ellos y el gobierno están de acuerdo en que el comercio, las ganancias y el crecimiento son más importantes que la protección del ambiente: si en la frenética competencia económica -dentro del TLC- se estropea la naturaleza, que no haya sanciones comerciales -dicen-, porque el comercio no debe entorpecerse, no hay que interrumpir los adorables flujos de dinero, el show debe seguir cueste lo que cueste.