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Comunidades vecinas deben articularse a áreas silvestres protegidas --Luis Diego Marín-- |
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Desde los años setenta, en Costa Rica se empezaron a conformar algunos grupos de ciudadanos manifestando su preocupación por la manera acelerada en que se estaba destruyendo el ambiente. En esa década se ejerció mucha presión y gracias al apoyo (inducido) de algunos presidentes de turno se fundó la mayoría de parques nacionales del país. La década de los ochenta trajo nuevos bríos al movimiento de personas preocupadas por la naturaleza y se dictó leyes importantes. Durante esos años Costa Rica empezó a figurar en el mapa mundial como un pequeño país preocupado por la conservación del ambiente. Un famoso documental de National Geographic puso a nuestra nación en un privilegiado sitio entre muchas otras, lo cual constituyó el primer impulso activador de la gran visitación turística. Hace unos años, el proyecto legislativo de reformas totales al Instituto Costarricense de Electricidad (Ice), conocido como el combo, puso en grave riesgo a las áreas protegidas, pues en uno de sus capítulos se contemplaba la posibilidad de construir proyectos geotérmicos en cualquier parque nacional. Grandes protestas llevadas a cabo por miles de ciudadanos lograron que el nefasto proyecto se eliminara. Pero contra los parques que ya constituimos y contra la naturaleza en general existen muchas amenazas, siendo la deforestación -ya dada dentro de algunas áreas protegidas- una de las más grandes en este momento. Unos cuantos malos costarricenses continúan lucrando con la destrucción de la naturaleza: promueven proyectos para establecer represas hidroeléctricas y hasta pozos de petróleo en esas zonas invaluables, extraen madera, cazan y trafican especies silvestres, contaminan, etcétera. Nuestro país tiene una posición de privilegio en el planeta: estar en la línea del trópico favorece que tengamos tierras y climas benignos, además contamos con un sistema democrático extraordinario y disfrutamos de paz y ausencia de ejército. Todo esto hace que más de un millón de personas de muchos lugares del mundo sientan gran interés y nos visiten cada año. Una gran mayoría de ellos nos visita porque quieren conocer nuestros bosques, nuestros mares y nuestra biodiversidad en general, esos lugares que un pequeño sector de la sociedad está deteriorando y destruyendo: madereros, cazadores y algunos empresarios que tristemente cuentan con el apoyo de congresistas (por ejemplo, la fracción legislativa del Movimiento Libertario se opone a todo intento de proteger el ambiente, y en esa línea ha declarado la guerra a la iniciativa presidencial de crear un capítulo constitucional de Garantías Ambientales). Tenemos el deber de cambiar esta situación; la destrucción de la naturaleza está provocando no solo grandes problemas ambientales sino también sociales (por ejemplo, los madereros expropian a los dueños originales de los bosques, quienes ante la severa crisis de la agricultura migran a la Gran Área Metropolitana, aumentan los anillos de pobreza y terminan de ser trasquilados por "gavilanes" de la vivienda y otros, sumándose entonces a la marginalidad social). Para evitar esto debemos proteger los bosques privados e incentivar la participación de las comunidades en proyectos de reservas biológicas comunales. Todos los parques nacionales debieran ser generadores de fondos económicos para las comunidades que viven a su alrededor. Es importante aclarar que para activar la economía generada por los parques nacionales no se debe pensar nunca en la privatización de los mismos. Éstos pertenecen a toda la ciudadanía costarricense y así debiera ser para siempre. Pero la adjudicación de algunos servicios es muy importante en el proceso de modernización de las áreas protegidas; eso sí, tales servicios debieran ser administrados por organizaciones inscritas en la misma zona, aledañas a cada parque. Al incentivar la participación de gentes y organizaciones locales se logrará una mayor protección de los parques, pues generalmente las comunidades no son tomadas en cuenta. Con respecto a los fondos, se debiera eliminar el mecanismo de "caja única", para que los millones de colones generados por los parques sean realmente aprovechados por éstos, y las oficinas administrativas de cada área de conservación debieran instalarse dentro de ellos mismos. El proyecto sobre un impuesto a la venta de los tiquetes aéreos, que en este momento está en la Asamblea Legislativa, es una buena opción momentánea, pero de nada servirá si los fondos siguen dirigiéndose al gran agujero negro administrativo del Ministerio del Ambiente (Minae). Sinceramente, sueño con llegar a Corcovado y encontrarme una estación como las de Yellowstone: guardaparques bien pagados y capacitados, patrullas, motos y cuadraciclos, mucho equipo e incluso un helicóptero -todo esto para "cazar" a los cazadores y destructores de los parques nacionales. Un ordenado y limpio restaurante y una tienda con muchos productos a la venta -artesanía producida en la zona... Gente de Puerto Jiménez, Rancho Quemado y Carate atendiendo a los turistas. No se trata de una utopía. Más de un 1.100.000 personas pueden generar el suficiente dinero para mantener todo esto, y quizás sea ésa la única manera de salvar nuestras áreas protegidas. Desde su nacimiento, Apreflofas (Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestres) luchó por la creación del Parque Braulio Carrillo, y actualmente trabajamos en la constitución de un nuevo parque nacional en la zona norte del país, el Maquenque. Dentro del comité ejecutivo del Corredor Biológico San Juan-La Selva, junto con otras organizaciones, hemos elaborado y aplicado estrategias en función del mismo (por ejemplo, trabajamos mucho informando a las comunidades y explicándoles la conveniencia de articularse a la economía que generará el futuro parque). No queremos que se repita lo ocurrido en otras partes del país donde las comunidades fronterizas de los parques fueron desplazadas por empresas y personas ajenas a los sitios, lo cual provoca grandes problemas socioeconómicos que posteriormente afectan el ambiente. El mejor ejemplo de esto es Guanacaste que, a pesar de que sus áreas protegidas son un eje muy importante de la industria turística, sigue siendo una de las provincias más pobres del país. Cada día estoy más convencido de que la economía
de Costa Rica en un mediano plazo estará sostenida casi totalmente
por la industria turística, pero si las áreas protegidas
siguen deteriorándose ésta desaparecerá, por lo que
la preservación de aquéllas es un asunto de prioridad máxima
para el gobierno y toda la ciudadanía. |
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