Clima y desastres en Costa Rica

--Irina Katchan--

 


En los últimos 50 años la temperatura de la superficie de los océanos tropicales aumentó 0,5°C, también ascendieron las concentraciones de vapor de agua en la atmósfera sobre los trópicos, en las capas medias de la troposfera tropical se incrementó el calor liberado, el gradiente de temperatura entre el ecuador y los polos también aumentó y la temperatura media global es 0,7°C mayor que en 1860. O sea, el clima global está experimentando un cambio. La mayor calidez de la atmósfera y el océano genera un gran intercambio energético y crea un mayor impulso al proceso dinámico, fundamental para la formación de los fenómenos hidrometeorológicos (ciclones tropicales, tornados, tormentas de granizo, etcétera). Por lo que es evidente que el calentamiento global y el cambio climático propician que los fenómenos hidrometeorológicos sean de un impacto mayor, ocasionando una alteración en la distribución de lluvias, un incremento de la erosión y la ocurrencia de inundaciones y deslizamientos. Entre las principales consecuencias están la pérdida de vidas humanas y el impacto socioeconómico negativo: pérdidas de propiedades, daños en la infraestructura, merma del turismo, perjuicios a la agricultura y a la economía general.

Nuestro país no se escapa de esta alteración climática. En 1998, por el huracán Mitch -el más devastador del siglo XX- en Costa Rica fueron afectadas alrededor de 16.500 personas directa e indirectamente -incluyendo aquéllas que debieron movilizarse hacia albergues o ser evacuadas preventivamente a casas de vecinos o familiares. Durante 14 días de afectación, en que se instalaron 99 albergues temporales para aproximadamente 5.500 personas, 40 cantones resultaron directamente afectados por desbordamientos, avalanchas y deslizamientos y se registraron daños en 74 rutas y tramos de vías terrestres, en 36 puentes, en 12 acueductos, en 39 centros educativos y en 740 viviendas. El sector agropecuario sufrió pérdidas millonarias en arroz, caña de azúcar, plátano, banano, café, maíz y hortalizas, y fue afectada la producción lechera e incluso la pesca.

Otros fenómenos, como los complejos convectivos a pequeña escala, últimamente más frecuentes, se originan en nuestro país ocasionando precipitaciones intensas en corto tiempo que provocan desbordamientos de los ríos, inundaciones repentinas, deslizamientos y avalanchas. Uno de los casos más recientes y de mayor impacto es el deslizamiento en Orosi: en la madrugada del sábado 31 de agosto de 2002 la precipitación excesiva originó el derrumbe de una ladera que se trasformó en una gran avalancha de lodo que se desplazó sobre el caserío Alto Loaiza sepultando a siete vecinos, provocando la destrucción de 13 viviendas y la evacuación de 50 personas. Aparte del dolor humano hubo pérdidas materiales valuadas en millones de dólares.

Deslizamiento sobre Alto Loaiza

Anualmente, casos similares pero de menor magnitud se registran con más frecuencia en el país, especialmente durante la estación lluviosa (de abril a noviembre). En el presente año, hasta julio se registraron 12 emergencias originadas por fenómenos hidrometeorológicos, de los cuales siete causaron inundaciones y deslizamientos. El 1 y 2 de abril, debido a la influencia de un sistema frontal, la Zona Norte y la Vertiente del Caribe fueron afectadas. El 14, 15 y 16 de mayo la interacción de varios fenómenos en la atmósfera originaron, nuevamente en la Vertiente del Caribe, en el Pacífico Central y en el Pacífico Sur, inundaciones y deslizamientos. Por fuertes lluvias, el 18 y el 19 de junio, producto de una onda tropical, se presentó otra vez un deslizamiento en Orosi. El 27 de ese mismo mes, por el paso de una onda tropical, la provincia de Puntarenas sufrió inundaciones. El 6 de julio, debido a fuertes lluvias originadas por un sistema de baja presión, la población de Orosi sufrió un nuevo deslizamiento y también hubo inundaciones en San Ramón de Alajuela, Esparza y Miramar. El 12 y el 13 de julio, a causa de un fenómeno troposférico se dieron fuertes lluvias que provocaron inundaciones y deslizamientos en Nicoya, Nandayure y Santa Cruz. El 19 de julio los aguaceros repentinos ocasionaron un deslizamiento en Montezuma -Puntarenas.

Todavía nos faltan tres meses de estación lluviosa en la costa pacífica y en el Valle Central, de los cuales septiembre y octubre son los de mayor precipitación debido al paso de los ciclones tropicales por el Caribe y a la formación de los mismos en esta región. Los estudios del océano y la atmósfera señalan que en septiembre en nuestro país las lluvias tienden a ser -respecto del promedio mensual- moderadas o leves, mientras que octubre tiende a ser un mes más lluvioso de lo normal en la costa pacífica y el Valle Central. La salida de la estación lluviosa se prevé para las fechas normales o será levemente retrasada.
Este análisis refleja que, hasta la fecha, las situaciones de emergencia provocadas por los fenómenos hidrometeorológicos se repiten con más frecuencia y crecen en magnitud en esta estación lluviosa. Las medidas de prevención y mitigación, gubernamentales y particulares, aplicadas hasta el momento debieran incrementarse y fortalecerse con información, educación y toma de decisiones precisas.

Irina Katchan, meteoróloga, es funcionaria del Instituto Meteorológico Nacional.