Eduardo Gudynas

--La Amazonia bajo la mirada de Chico Mendes--

 

Todos los ambientalistas tienen presente a la Amazonia: el bosque tropical más grande del mundo, con más de 7 millones de kilómetros cuadrados que se extienden por Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Guyana, Surinam y Guayana Francesa, y cuya riqueza biológica sufre los más diversos impactos ambientales desde hace siglos. La Amazonia también es muy conocida por la larga lucha en su defensa, en la que se destaca Chico Mendes, líder brasileño asesinado en 1988 por defender esos bosques.

Semanas atrás, visitando distintas localidades amazónicas, incluyendo la pequeña ciudad de Xapurí donde Mendes tenía su hogar, constaté que persisten los problemas por cuya solución él murió: deforestación, avance de la frontera agropecuaria, minería y proyectos de infraestructura. La tasa de deforestación actual se estima en 19 mil km2 por año. Se van finalizando nuevas carreteras, como la BR-317 (la Estrada del Pacífico), permitiendo el acceso a las regiones amazónicas adyacentes de Bolivia y Perú. Otros planes similares están en marcha con ejes viales entre las ciudades de Cuibá, Santarém y Porto Velho. También se completó una interconexión eléctrica y se mejoraron las rutas con el sur de Venezuela. Muchas áreas deforestadas hoy albergan miles de cabezas de ganado, cada vez de mejor calidad y con mejores pasturas. Poco a poco los rincones más apartados de la Amazonia de Brasil se conectan con fábricas y puertos exportadores.

Las presiones por recursos energéticos son todavía mayores. Se insiste en construir un gasoducto en la zona central amazónica, desde los campos de gas de Urucú hacia Porto Velho, lo que significa abrir una brecha de más de 500 km de largo en plena selva. A ello se suma la incertidumbre que generan algunas propuestas de desarrollo del nuevo gobierno de Lula da Silva, que podrían desembocar en reactivar la construcción de nuevas represas (por ejemplo en el río Madeira) o de avanzar en hidrovías (como la Araguaia-Tocantins). Emprendimientos como ésos afectarán drásticamente tanto los ecosistemas originales amazónicos como las formas de vida tradicional.

Chico Mendes enfrentó un drama similar. Él y muchos otros siringueiros recolectaban el látex del árbol de la seringa sin destruir el bosque, y luchaban por preservar tanto el ambiente de selva tropical como sus formas tradicionales de trabajo. La recolección del látex solo era posible si los árboles continuaban en pie. Las carreteras, las madereras y los ganaderos significan la destrucción de esos árboles y del modo de vida de los siringueiros. Mendes enfrentó esos problemas con un nuevo tipo de militancia: sindical y a la vez ambientalista, occidental y al mismo tiempo indígena. Él se forjó en las luchas sindicales pero supo incorporar el ambientalismo. Buscaba un nuevo desarrollo pero incorporaba las visiones indígenas; recordaba que los "siringueiros estamos más cerca de la tradición indígena que de la tradición 'civilizada'". Esa nueva forma de vivir el ambientalismo, incorporando diferentes componentes culturales y políticos, sigue vigente. Por eso Chico Mendes sigue presente en la Amazonia. Su casa en Xapurí es ahora museo y una enorme reserva extractivista, orientada a preservar tanto la floresta como el modo de producción de los siringueiros, lleva su nombre.

En los últimos años se ha progresado en el conocimiento científico de la Amazonia, se han incrementado y sistematizado las pruebas de la gravedad de los impactos ambientales allí y han proliferado los grupos y programas ambientales enfocados en la conservación, pero ni la deforestación ni la expansión ganadera extensiva cesan, se insiste con carreteras, represas y gasoductos y los promisorios proyectos de desarrollo sostenible local no han logrado torcer las estrategias nacionales de desarrollo amazónico que siguen apuntando hacia una expoliación simple de recursos para alimentar flujos exportadores.