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Problemática urbana y Plan Nacional de Desarrollo Urbano --Eduardo Brenes--
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Para solucionar algunos de estos problemas la sociedad actúa en
forma individual y particular. Así, la seguridad se resuelve con
rejas y alambre navaja, rebajándose grandemente la calidad de la
vida urbana; la ineficiencia del transporte público se resuelve
con sistemas de buses y taxis piratas; por la necesidad de vender y comunicar
productos a la población, la ciudad se va convirtiendo en enorme
pizarrón donde todo se anuncia a través de rótulos
y vallas comerciales. El crecimiento desordenado y el aumento de la población
urbana, can altas dosis de inmigrantes, produce sus efectos en la economía
informal, lo que acarrea consecuencias en las ciudades al aparecer y luchar
por el espacio urbano los vendedores ambulantes. Ambas partes, administración y administrados, nos estamos acostumbrando a resolver el problema de cada uno en forma individual o negociada (a veces corrupta) de acuerdo al interés particular o gremial, pero nunca inspirados por el interés de la colectividad. La gestión urbano-ambiental requiere, por lo tanto, una atención especial en momentos en que la sociedad, los gobiernos, los empresarios y demás actores toman medidas para medio atender la problemática urbana, sin considerar o darse cuenta de que las actuaciones, si bien de buena fe, cuando se dan en forma aislada e individual generalmente terminan afectando más el medio en donde todas ellas se reflejan: la ciudad. La gestión para el desarrollo urbano requiere, en primer lugar, una concepción global del tipo y calidad del medio urbano en que queremos vivir y disfrutar. En segundo lugar requiere una gestión de planificación en varios niveles: nacional, regional, cantonal y distrital, con clara participación de todos los actores. Esto nos conduciría a una coordinación entre sectores del desarrollo urbano donde objetivos y metas definidas como deseables por la sociedad deben ser alcanzables a través de mecanismos de ejecución, administrativos y técnicos eficientes. La visión y modelo de desarrollo urbano, planteados en las fases
I y II del Plan Nacional de Desarrollo Urbano (PNDU), se conforman a partir
de la confrontación entre dos lógicas divergentes de estructuración,
funcionamiento y desarrollo de la ciudad. Esa confrontación se
expresa en las siguientes polaridades, sobre las que la discusión
debe profundizarse: " Modelo de utilización del automóvil para cualquier viaje y distancia versus modelo de centros multifuncionales con mayor absorción de viajes a pie. " Destruir y desmembrar los cascos urbanos para acomodar más automóviles o proporcionar un sistema coherente entre modos de transporte (transporte público, transporte privado, estacionamientos y peatonización). " Expansión horizontal y de baja densidad versus desarrollo de alta densidad y baja o mediana altura. " Confrontación entre la expansión urbana y la necesidad de proteger las fuentes hidrográficas a través del manejo de cuencas. " Desarrollo de áreas urbanas depredadoras del ambiente contra modelos de clara inserción ambientalista en los modelos. " Desaprovechamiento de nuestros recursos naturales en las ciudades versus diseños que incorporen ríos y sus cañones, valles y montañas tan abundantes en nuestro medio, pero que han sido destinados a ser la espalda o patio del medio construido actual. " Construcción de modelos residenciales entre tapias y portones de seguridad que segregan socialmente o desarrollos que promuevan sentido de comunidad, seguridad y confort para sus habitantes y calidad urbana para su entorno. " Debate entre abandono de lo existente provocando su decadencia ambiental, social y económica o crecimiento sostenible hacia adentro evitando el consumo de tierras innecesariamente o que no obedezcan a un conjunto planificado. ¿Dónde está el equilibrio dentro de esa tensión
entre polos opuestos y cómo lograrlo? En este momento en que nos
disponemos como sociedad a caminar hacia un hábitat más
urbano y ordenado, nos acucia una serie de preguntas que requieren debate.
Es un contrasentido que las ciudades por un lado alberguen a la población
mayoritaria y por otro la sometan al martirio de vivir en ellas. En esto
se asienta gran parte del reto del Consejo Nacional de Planificación
Urbana y de la Secretaría del Plan Nacional de Desarrollo Urbano
como brazo técnico de la primera, y a enfrentarlo en términos
operativos tiende el nuevo Plan GAM, como fase III del PNDU, el cual integra
al estado y a los municipios, al sector académico y al privado
y a la comunidad en general. Con el apoyo de la Unión Europea y
con la participación de todos, en cuatro años de trabajo
podremos sacar enfrentar exitosamente el reto y convertirlo en un hito
en la vida del país.
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