Hacia un manejo adecuado de nuestros desechos peligrosos

 

--Anna Ortiz--


Las actividades industriales, agrícolas, comerciales y domésticas generan desechos de muchos tipos. Los peligrosos son aquéllos -sólidos, líquidos, pastosos y gaseosos- que por su toxicidad, explosividad, corrosividad, radioactividad, inflamabilidad, volatilidad o ciertas características biológicas pueden causar daños a la salud humana y al ambiente. La mayoría de ellos se generan en actividades industriales, pero también provienen de la agricultura, el transporte, los hospitales, los laboratorios de investigación y los hogares. Los hay inorgánicos (lodos con metales pesados, ácidos y álcalis), aceitosos (combustibles y lubricantes) y orgánicos (solventes, tintas, resinas, pinturas, plaguicidas, bifenilos policlorados [BPC]) -entre otros.

Para el tratamiento de esos desechos existen muchas tecnologías, cuyo propósito es modificar las propiedades químicas y físicas de aquéllos para reducir su toxicidad o neutralizar sus compuestos. En Costa Rica se está reciclando, usándolos como fuente de energía, una parte de los desechos peligrosos: solventes, combustibles y lubricantes se están utilizando en los hornos de las cementeras -pero esto representa un porcentaje muy pequeño de la generación total de desechos peligrosos. Frecuentemente, muchos de éstos -como metales pesados, carcinógenos biodegradables, compuestos químicos y plaguicidas- se envían a los rellenos sanitarios como si fueran desechos ordinarios, representando una amenaza para las reservas de agua y los suelos y ocasionando muchas veces daños ambientales y sanitarios irreversibles. Algunas industrias simplemente almacenan sus desechos peligrosos a la espera de una solución ambiental y económicamente viable.

Internacionalmente existen varias iniciativas para controlar la generación, disposición final y el transporte de estos desechos peligrosos. El Convenio de Basilea, por ejemplo, regula el movimiento transfronterizo de desechos peligrosos entre los países firmantes con el objetivo de evitar que unos países utilicen a otros como depósitos de desechos peligrosos. A través de la Secretaría de tal Convenio se han desarrollado varias actividades en diferentes países con el objetivo de capacitar a instituciones públicas y sectores privados en el adecuado manejo de desechos peligrosos. Costa Rica, firmante de ese Convenio, ha exportado ya importantes cantidades de desechos peligrosos a Holanda y Bélgica para una adecuada disposición final de los mismos.

En 2001, en Estocolmo, 92 países y la Comunidad Económica Europea firmaron el Convenio de Estocolmo para la eliminación de los compuestos orgánicos persistentes, cuya peligrosidad es muy alta por sus propiedades tóxicas, su resistencia a la degradación, su capacidad de bioacumulaciòn y su fácil transporte por aire, agua y suelos. De ellos, 12 se designaron como los más peligrosos y de urgente eliminación: aldrin, clordano, DDT, dieldrin, endrin, hexaclorobenzeno, hepatcloro, mirex, bifenilos policlorados (PCB), toxafeno, dioxinas y furanos. Para garantizar el alcance de los objetivos del Convenio, éste asegura asistencia a los países firmantes. Costa Rica, que firmó este Convenio en 2002, actualmente está haciendo esfuerzos importantes para iniciar el proceso de ubicación y eliminación de dichos compuestos; y todos los países firmantes se han comprometido a desarrollar ese proceso en un plazo de 10 años a partir de 2001.
El cumplimiento de dichos convenios no debiera ser una iniciativa aislada sino parte de un plan de acción o estrategia nacional para la gestión de los desechos peligrosos. En nuestro país hay una gran cantidad de legislación, normas e instituciones que regulan e intentan controlar la generación y la inadecuada disposición de los desechos peligrosos, pero no obedecen a una corriente única que recoja los esfuerzos de todos los sectores y obtenga las sinergias de los diferentes procesos, lo cual tiene como resultado que muchas veces se duplican actividades y recursos.

Una posible estrategia para la gestión de desechos peligrosos tendría como principales componentes: (a) tecnología para la reducción de la generación de desechos en las actividades productivas, mejor conocido como producción más limpia, (b) tecnología para el desarrollo de sistemas de tratamiento y eliminación, (c) legislación y reglamentación que responsabilice económicamente al generador de la eliminación del desecho peligroso que produce -responsabilidad ésta que también se extiende al remedio de áreas contaminadas con desechos- y (d) infraestructura y servicios técnicos. La aplicación de esta estrategia ha de partir de la incorporación de los cantones, pasando a provincias y finalmente a las instancias nacionales, involucrando a toda la sociedad civil e instituciones estatales. Solo así y con objetivos claros, podrá lograrse que con nuestros limitados recursos reduzcamos y manejemos adecuadamente los desechos peligrosos en Costa Rica.

 

Anna Ortiz, economista agrícola y especialista en gestión ambiental, trabaja en manejo y disposición final de desechos peligrosos en la empresa Tratamientos Tecnológicos D&A.