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Hacia un manejo adecuado de nuestros desechos peligrosos
--Anna Ortiz-- |
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Para el tratamiento de esos desechos existen muchas tecnologías, cuyo propósito es modificar las propiedades químicas y físicas de aquéllos para reducir su toxicidad o neutralizar sus compuestos. En Costa Rica se está reciclando, usándolos como fuente de energía, una parte de los desechos peligrosos: solventes, combustibles y lubricantes se están utilizando en los hornos de las cementeras -pero esto representa un porcentaje muy pequeño de la generación total de desechos peligrosos. Frecuentemente, muchos de éstos -como metales pesados, carcinógenos biodegradables, compuestos químicos y plaguicidas- se envían a los rellenos sanitarios como si fueran desechos ordinarios, representando una amenaza para las reservas de agua y los suelos y ocasionando muchas veces daños ambientales y sanitarios irreversibles. Algunas industrias simplemente almacenan sus desechos peligrosos a la espera de una solución ambiental y económicamente viable. Internacionalmente existen varias iniciativas para controlar la generación, disposición final y el transporte de estos desechos peligrosos. El Convenio de Basilea, por ejemplo, regula el movimiento transfronterizo de desechos peligrosos entre los países firmantes con el objetivo de evitar que unos países utilicen a otros como depósitos de desechos peligrosos. A través de la Secretaría de tal Convenio se han desarrollado varias actividades en diferentes países con el objetivo de capacitar a instituciones públicas y sectores privados en el adecuado manejo de desechos peligrosos. Costa Rica, firmante de ese Convenio, ha exportado ya importantes cantidades de desechos peligrosos a Holanda y Bélgica para una adecuada disposición final de los mismos. En 2001, en Estocolmo, 92 países y la Comunidad Económica
Europea firmaron el Convenio de Estocolmo para la eliminación de
los compuestos orgánicos persistentes, cuya peligrosidad es muy
alta por sus propiedades tóxicas, su resistencia a la degradación,
su capacidad de bioacumulaciòn y su fácil transporte por
aire, agua y suelos. De ellos, 12 se designaron como los más peligrosos
y de urgente eliminación: aldrin, clordano, DDT, dieldrin, endrin,
hexaclorobenzeno, hepatcloro, mirex, bifenilos policlorados (PCB), toxafeno,
dioxinas y furanos. Para garantizar el alcance de los objetivos del Convenio,
éste asegura asistencia a los países firmantes. Costa Rica,
que firmó este Convenio en 2002, actualmente está haciendo
esfuerzos importantes para iniciar el proceso de ubicación y eliminación
de dichos compuestos; y todos los países firmantes se han comprometido
a desarrollar ese proceso en un plazo de 10 años a partir de 2001. Una posible estrategia para la gestión de desechos peligrosos
tendría como principales componentes: (a) tecnología para
la reducción de la generación de desechos en las actividades
productivas, mejor conocido como producción más limpia,
(b) tecnología para el desarrollo de sistemas de tratamiento y
eliminación, (c) legislación y reglamentación que
responsabilice económicamente al generador de la eliminación
del desecho peligroso que produce -responsabilidad ésta que también
se extiende al remedio de áreas contaminadas con desechos- y (d)
infraestructura y servicios técnicos. La aplicación de esta
estrategia ha de partir de la incorporación de los cantones, pasando
a provincias y finalmente a las instancias nacionales, involucrando a
toda la sociedad civil e instituciones estatales. Solo así y con
objetivos claros, podrá lograrse que con nuestros limitados recursos
reduzcamos y manejemos adecuadamente los desechos peligrosos en Costa
Rica.
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