Imperialización del cristianismo hoy

-Franz Hinkelammert--

"Cuando la batalla de Armagedón llegue a su temible culminación y parezca ya que toda existencia terrena va a quedar destruida, en ese mismo momento aparecerá el Señor Jesucristo y evitará la aniquilación total. A medida que la historia se apresura hacia ese momento, permítame el lector hacerle unas preguntas. ¿Siente miedo, o esperanza de liberación? La contestación que usted dé a esta pregunta determinará su condición espiritual" (Lindsey, Hal. 1988. La Agonía del Gran Planeta Tierra. Editorial Vida. Miami.). Declarada la muerte del Dios de la liberación y de la emancipación, el Dios del ser humano como sujeto corporal y vivo, aparece el otro Dios, el del salvajismo.

El fundamentalismo cristiano de EU, surgido entre fines del siglo XIX y principios del XX, imperializa el cristianismo, asumiendo como su Dios este Dios del salvajismo e interpretando el cristianismo y su historia en términos de tres grandes etapas históricas: el período de Moisés hasta Jesús, el período de Jesús hasta hoy y el nuevo período -ya iniciado como el del fin de la historia con la segunda venida de Cristo. Por tanto, toda esta teología, que surge en nombre del fundamentalismo, interpreta el mundo actual como un mundo que está por desaparecer en las próximas décadas. Esta segunda venida de Cristo es precedida por un juicio más terrible que cualquier cosa conocida en el pasado, la llamada gran tribulación. Los fundamentalistas creen que la mayoría de los creyentes en Jesús serán "raptados" al cielo por Cristo, para que la tribulación se concentre sobre los pecadores empedernidos. Un tiempo antes de esa tribulación será restaurado el pueblo de Israel a su tierra y sus enemigos destruidos. Esta enseñanza del fundamentalismo cristiano es politizada en la década de los setenta del siglo XX, cuando aparece el libro La Agonía del Gran Planeta Tierra, del predicador fundamentalista Hal Lindsey, que en el curso de la década tuvo una tirada de más de 15 millones de ejemplares convirtiéndose en el bestseller del decenio y transformando aquel fundamentalismo en plataforma para la exitosa campaña electoral de Reagan de 1980. Reagan se presentó como cristiano "renacido" -expresión a través de la cual se reconocen estos fundamentalistas en EU- y sus discursos estaban impregnados de las enseñanzas de ese fundamentalismo, que él a su vez desarrolló mediante la interpretación de textos del Apocalipsis de San Juan, según el cual la segunda venida de Cristo ocurre al final del milenio, cuando éste es atacado por enemigos que se llaman Gog y Magog, frente a los que se forma la batalla del Mesías, cuyo lugar, según el texto, será Armagedón, en Palestina. En los discursos de Reagan aparece eso, cuando polariza el mundo entre el bien y el mal, presentando a EU como el milenio realizado y llamándolo ciudad que brilla en las colinas -expresión combinada tomada de los textos apocalípticos cristianos. Sin embargo, este milenio, según el presidente Reagan, es amenazado por un reino del mal que, teniendo su centro en el Kremlin de Moscú, actúa en todas partes y sustituye a Gog y Magog del texto del Apocalipsis. Esta batalla de Armagedón es una batalla limpia entre el bien y el mal, en la cual Cristo está, por supuesto, del lado del bien, o sea, del de Reagan. Ganada esta batalla, Cristo viene para recrear toda la creación destruida, pero solamente en favor de sus creyentes fundamentalistas, aniquilando a los otros. Así, la batalla de Armagedón es un enfrentamiento de aniquilamiento puro.
Al imperializarse, el fundamentalismo cristiano crea una mística de aniquilamiento total que acompaña a la perfección las ideologías de aniquilamiento que habíamos analizado antes como resultado del paradigma antiutópico del asesinato fundante. El levantamiento de Gog y Magog en contra del imperio del milenio figura ahora como el asesinato fundante, en contra del cual el milenio reacciona para aniquilarlos. Se trata efectivamente de una nueva imperialización del cristianismo. La primera, que ocurre en los siglos III y IV, se concibe en nombre de la crucifixión de Cristo para asesinar a aquéllos que fueron considerados como sus crucificadores. Esta nueva imperialización se concibe a partir del milenio realizado en EU, atacado por las fuerzas del mal (de Gog y Magog). Sin embargo, la mística agresiva es la misma y en los países árabes se la percibe como la mística de nuevas cruzadas, a pesar de que este fundamentalismo cristiano apenas menciona frente a sus enemigos el reproche de ser crucificadores de Cristo. El gobierno de Bush, integrado por muchos colaboradores de Reagan, continúa con este constructo reaganiano. En la línea del reino del mal de Reagan aparece, por tanto, el eje del mal en contra del cual EU lucha, presentándose Bush, igual que Reagan, como cristiano "renacido" y basándose su fuerza electoral en los votos de las corrientes del fundamentalismo cristiano de EU, las cuales van en aumento en el mundo entero. Su signo es el lema Cristo viene, que, pegado en automóviles, casas y caminos no solamente de EU, no es un anuncio sino una amenaza, la del último juicio, que estos fundamentalistas pretenden anticipar en nombre de la segunda venida de Cristo. Se habla de la venida de este último juicio para anticiparlo y tomarlo en las propias manos. Por eso, las guerras que se hacen dentro de este contexto son anticipaciones del último juicio de Cristo y los fundamentalistas cristianos son los encargados de llevarlas a cabo. Esta mística del aniquilamiento es sumamente eficaz. Le da una apariencia utópica a la propia destrucción de la humanidad y de la Tierra. Es la antiutopía como utopía. Puede destruir todo aunque sepa que al final se destruye a sí misma. Siempre mantiene un horizonte más allá de la destrucción total, que es el de la segunda venida de Cristo, que va a crear todo de nuevo para entregarlo a aquellos que han destruido todo. No es un horizonte de esperanza, sino una salida para aquellos que no admiten ninguna esperanza.

La propaganda de este fundamentalismo la hacen grandes imperios económicos, burocracias eclesiales privadas que dominan importantes medios de comunicación. En EU se denuncia mucho los atentados suicidas de algunos islámicos que esperan como su horizonte de salida el pasaje post mortem al cielo de Alá. Pero el fundamentalismo cristiano de EU es mucho más extremo, porque es total. Lanza a todo el mundo al suicidio colectivo para dejar como horizonte de salida la segunda venida de Cristo. Lindsey describe esta salida: "este período (de la tribulación) se caracteriza por la gran destrucción que el hombre hará de sí mismo. La humanidad estará al borde de la aniquilación cuando Cristo aparezca de repente para poner fin a la guerra de las guerras: Armagedón". Según Lindsey, después de eso viene la restauración del paraíso. Este fundamentalismo de los años setenta todavía es altamente antijudío. Sobre lo que pasará a los judíos en este período de tribulaciones dice: "Al comparar este período con los regímenes de Hitler, Mao y Stalin, estos parecerán inocentes ante la crueldad del (Anticristo). Al Anticristo se le va a dar absoluta autoridad para actuar con el poder de Satanás". De las filas de los judíos vendrá el falso profeta de las fuerzas del mal: "Se lo llama la segunda bestia y ha de ser judío... Será una imitación de Juan el Bautista con carácter diabólico".

El fundamentalismo de los años noventa deja de hablar en estos términos antijudaicos, aunque no se retracta. Hay un evidente parecido con la ideología nazi, que también concibe el régimen nazi como el milenio realizado atacado por las fuerzas del mal de todo el mundo y que tiene que conquistar el mundo entero para aniquilarlas. Hasta se llama oficialmente el Reich del milenio. Eso tiene el mismo sentido que hoy tiene el New American Century en EU. No se habla del New Amercan Milenium para que el paralelo con el nazismo no sea demasiado evidente. Se nota que se trata de la construcción de una ideología adecuada para el asalto al poder mundial. Por tanto, la ideología se repite en cuanto se repite este asalto.