Lío conceptual en Estado de la Nación

 

--Eduardo Mora--

 


El capítulo "Armonía con la naturaleza" del VIII Informe del Estado de la Nación (2002) empieza explicitando que "la propuesta conceptual y temática" de la que parte tiene como eje "la gestión ambiental, concepto que incluye tres dimensiones: gestión del patrimonio, gestión del cambio social y gestión del riesgo". Tal propuesta conceptual y temática, según se dice, fue guía de la investigación sobre la situación ambiental nacional de la que ese capítulo da cuenta. A continuación va a realizarse una breve crítica de tal propuesta.

Que se defina como gran tema de investigación la gestión ambiental parece atinado, entendiendo apresuradamente aquí por tal gestión todo el manejo que se hace de la naturaleza, tanto de los ecosistemas naturales como de los artificializados; y entendiendo que tal gestión consiste en actividades de aprovechamiento y de conservación y protección deliberadas de unos u otros espacios y aspectos de la naturaleza. Pero es hondamente desatinado que el Estado de la Nación desagregue gestión ambiental en: gestión del patrimonio, gestión del cambio social y gestión del riesgo. Empecemos dándonos cuenta de que gestión del riesgo es un muy bien acuñado término "técnico" que a lo que se refiere no es al manejo de una dimensión o parte del ambiente (si es que éste pudiera verse constituido por partes), sino al dispositivo institucional y a la práctica consecuente con que se enfrenta los potenciales y factuales desastres. La gestión del riesgo, pues, es una acción institucionalmente muy "localizada" por parte de la sociedad, referente a un aspecto de las llamadas gestión del patrimonio y gestión del cambio social (si es que estos conceptos fueran legítimos o sensatos), por lo que no cabe plantearlo como del mismo rango que éstos: la gestión del riesgo es un quehacer perteneciente a esas otras dos gestiones (si es que fuera pertinente concebirlas así). Que la denominada gestión del riesgo cobre institucionalmente cada día más importancia y que el término sea crecientemente usado no autoriza a cambiarle el rango a aquéllo a lo que él se refiere y a concebirlo como perteneciente a otro orden de la realidad.

Respecto de gestión del patrimonio, el Estado de la Nación (p. 192), más confusa que claramente, da a entender (con otras palabras) que se trata del manejo de lo natural que sobrevive en nuestro territorio, de los ecosistemas naturales, y nos queda la posibilidad de entender que también se trata de aquellos ecosistemas y espacios en algún momento humanamente intervenidos pero ahora dejados a la mano de dios (¿acaso también se trata de especies, haciendo abstracción o caso omiso de su ubicación espacial?). Hasta aquí, las cosas estarían bien si no fuera porque ese tal patrimonio está, como lo reconoce el documento, bajo la presión de los humanos; o sea, realmente la mano humana constantemente interviene en ese patrimonio: cacería, extracción de madera, bioprospección, ecoturismo, etcétera. Es decir, la actividad humana de aprovechamiento de la naturaleza no queda circunscrita al rubro denominado cambio social, sino que igualmente se da en el ámbito de patrimonio. Claro que en este ámbito se da con menor intensidad y principalmente violando la ley, pero esto no es relevante respecto de -dicho en general- la actividad humana sobre la naturaleza, sino que solo es relevante de cara al ordenamiento de la actividad estatal frente a la problemática ambiental. Lo que quiero decir es que esa distinción en cuanto a intensidad del aprovechamiento de la naturaleza y en cuanto a lo que dicta el ordenamiento jurídico nacional respecto del aprovechamiento, podría ser criterio para orientar el comportamiento estatal u otro comportamiento institucional, pero no puede ser criterio para orientar conceptualmente una investigación -referente a lo ambiental- como la que se propuso el equipo investigador del Estado de la Nación: tal equipo se planteó una investigación sobre la relación sociedad-naturaleza en Costa Rica hoy, un estudio de la situación ambiental aquí y ahora. Tal investigación sobre armonía con la naturaleza (así denominado el capítulo sobre ambiente) no es, pues, un plan o una guía para la acción, sino un proceso de producción de conocimiento y un informe de éste -a partir del cual podrá o no acometerse la definición de un plan o una guía para la acción.

Muestra convincente de que la distinción entre gestión del cambio social y gestión del patrimonio es falaz es que cuando en el documento (p. 199) se dice de qué trata la sección referente a gestión del patrimonio se tiene que incurrir en la incoherencia de reducir ésta a "la protección a largo plazo" del patrimonio, o sea, a mutilarla arbitrariamente, sin dar razones, y a "delegar" lo forestal, lo marino y otros asuntos a la sección de gestión del cambio social. Y es que, si no se hubiese decretado eso autoritariamente, lo relacionado con bosque, con agua, con recursos marinos, y otros, hubiera quedado perteneciendo a las dos secciones. Y como, para colmo, la orientación de las once áreas de conservación en que está dividida Costa Rica es hacia hacer "rentables" socialmente las áreas protegidas, la separación entre gestión del patrimonio y gestión del cambio social deviene aun más pervertida, porque con dicha orientación institucional de hecho gestión del cambio social y gestión del patrimonio quedan unidas.

Pero quizás lo verdaderamente grave de la propuesta conceptual que aquí se critica es la concepción que se explicita (p. 192) de gestión del cambio social. En verdad no se la define sino que se dice que la gestión del cambio social "está asociada a…", que "implica…", que "incluye…", que "atiende la transformación de los recursos naturales que resulta del cambio social…" … Si nos atuviéramos a este último envite de definición (por ser la menos elusiva): que "atiende la transformación de los recursos naturales que resulta del cambio social", entonces no se trataría de una gestión del cambio social sino de ciertos productos de ésta (aunque eso de "atiende" es muy vago: no aclara en qué consiste la "atención"), y ¡por dicha!, porque según la sociología la "gestión" del cambio social es el "cometido" de otras instancias de la sociedad, y no se refiere a lo ambiental.

Que una investigación pueda realizarse exitosamente sobre ese supuesto concepto débese, seguramente, a la extremada experiencia y astucia de sus ejecutores (éstos merecen elogios). En rigor, la desagregación del concepto gestión ambiental en las tres gestiones que en el Estado de la Nación se apuntan es perversa, y el atolladero del que no se pudo salir al intentar definir gestión del cambio social es solo la punta de témpano. Para plantear una matriz conceptual y temática para el estudio de la problemática (o situación) ambiental (entendiendo por ambiente no solo la naturaleza sino la conflictiva e indisoluble pareja sociedad-naturaleza) debiera apelarse previamente a rigurosa y amplia bibliografía. A modo de brevísima ilustración podemos anotar que una manera de concebir la matriz conceptual y temática para una investigación sobre la gestión ambiental en Costa Rica podría ser: Agentes sociales (en sentido amplio) se relacionan con entes y procesos físico-biológicos, y esas relaciones producen efectos que alteran tanto a estos entes y procesos como a aquellos agentes. Tales alteraciones constituyen la problemática ambiental. Las actividades de aquellos agentes consisten en explotación y en uso del medio ecosistémico (explotación como la agricultura; uso como el emplazamiento de carreteras y urbanizaciones). Y la problemática o conflictividad ambiental consiste y se expresa en (1) escasez y deterioro de recursos naturales (por sobreexplotación o contaminación), (2) insalubridad del entorno, (3) socavamiento de la biodiversidad y (4) destrucción de bellezas escénicas. A esa conflictividad la sociedad responde con juridicidad, con ética, con planificación, con educación, con investigación, con saneamiento ambiental, con opciones tecnológicas, con protección de especies, etcétera.

Bien, a partir de una matriz conceptual y temática como la anterior puede iniciarse sensata y coherentemente una investigación en la que los conceptos y temas no se solapen ni entren en rebatiñas respecto de qué corresponde a cada cuál, una investigación en que conceptos y temas se ordenen según los órdenes de la realidad a que corresponden, que se jerarquicen lógicamente y no chirríen y se golpeen impactando negativamente el planteamiento metodológico de la investigación y -lo que para el lector es evidente- la exposición de los resultados de ésta.

Eduardo Mora, director de las revistas Ambien-tico y Ambientales, es profesor en la Universidad Nacional.