|
|
|
|
Deficiente gestión ambiental perpetúa problemas
-- |
|
|
Nuestro Sistema de Áreas de Conservación (Sinac), tan alabado en décadas pasadas y tan fuertemente ligado a nuestra principal fuente de divisas -el turismo-, sufre serias deficiencias. Su situación es hoy más crítica que hace cinco años. La carencia de recursos financieros y humanos y las consecuentes debilidades en planificación y ejecución de programas se evidencian en el deterioro de los recursos naturales dentro de nuestas áreas silvestres protegidas. Los tristes y recientes reportes sobre cacería ilegal y explotación forestal en Osa y sobre la quema criminal de cientos de hectáreas en Caño Negro nos permiten constatar la gravedad de la situación. El escaso personal del Sinac, cuya mayoría tiene una alta motivación y sentimiento de entrega, no cuenta con los recursos más básicos para su gestión. No hay suficientes vehículos, gasolina, equipo para controlar incendios, capacitación al personal ni equipos de comunicación, lo cual incide en el estancamiento de la gestión de la conservación. Ideas novedosas como el pago por servicios ambientales están siendo discutidas y podrían dar un nuevo aire a la gestión de las áreas de conservación; sin embargo, no hemos logrado concretizar un cambio que haga la diferencia. Si ésta es la situación en nuestro programa "emblema", no podemos esperar mucho más en otras áreas. El tema agua, calificado internacionalmente como el tema ambiental de mayor relevancia en las próximas décadas, está ausente dentro de las grandes áreas de acción de nuestra agenda ambiental. En este campo la capacidad estatal es todavía muy reducida. En el Ministerio del Ambiente (Minae), los programas sobre este tema, lejos de fortalecerse, se debilitan cada vez más. Los programas de humedales y cuencas hidrográficas vegetan y ven reducidos su personal y recursos. La esperada nueva Ley de Aguas está todavía por terminar de elaborarse antes de iniciar el tortuoso y lento proceso de aprobación en la Asamblea Legislativa. Mientras tanto, han sido las organizaciones no gubernamentales y las univesidades las únicas que hablan sobre la gravedad de la situación. Algunas loables acciones gubernamentales, como la certificación Bandera Azul dada a ciertas playas, son la excepción a la regla. Es quizás en este campo de los recursos hídricos donde se evidencia más la ausencia de una estrategia de largo plazo. La coordinación entre las diferentes agencias estatales representa un reto formidable. Cerca de 17 departamentos, agencias e instituciones estatales tienen competencia sobre algún aspecto del manejo de los recursos hídricos. No es de extrañar, entonces, que los logros sean tan limitados. Así como esos dos grandes temas, la sobrexplotación de recursos forestales y pesqueros, la contaminación del aire y el mal manejo de aguas servidas y desechos sólidos aparecen reiteradamente en el capítulo "Armonía con la naturaleza" a través de los años. No podemos sino preguntarnos: ¿se requiere un nuevo modelo?, ¿debemos explorar nuevos enfoques en el manejo de nuestro ambiente? La capacidad de gestión del sector gubernamental en el tema ambiental es muy limitada. La escasa asignación de recursos hace de esta gestión un reto formidable, donde soluciones creativas se hacen indispensables. Hay que empezar a romper inmediatamente paradigmas y conceptos fuertemente arraigados en nuestra cultura. Para lograr el desarrollo en armonía con la naturaleza debemos ver la naturaleza como parte integral del desarrollo y de la maquinaria productiva del país. La producción agrícola no podrá mantenerse sosteniblemente sin el aporte de insumos claves del sector ambiental: agua en adecuada cantidad y calidad, organismos para el control biológico y para biofertilizantes... El sector servicios dependerá igualmente de áreas protegidas adecuadamente manejadas para las actividades de turismo y recreación, de playas limpias y ricas en biodiversidad. Hemos sido poco efectivos en cambiar los esquemas tradicionales y, aun
cuando algunas iniciativas se han dado en el campo del pago de servicios
ambientales, el camino está solo empezando. La idea de romper distinciones
entre conservación y producción debe ser enfatizada. Conservación
y producción son dos caras de la misma moneda. Para el sector productivo
del país es económicamente más rentable, en el largo
plazo, coadyuvar la conservación de los bienes y servicios que
los ecosistemas ambientales proveen. Pero para llegar a esto deberemos
crear las estructuras y mecanismos necesarios que aseguren una adecuada
comprensión de los beneficios que el sector productivo deriva de
la gestión ambiental en el país, procesos participativos
que involucren la esfera local y el sector productivo, transparencia en
la gestión y evaluaciones adecuadas del desempeño de ésta.
Para alcanzar esto queda mucho por hacer. La gestión ambiental
del gobierno es percibida como pobre y limitada y el sector productivo
no estará inclinado a invertir en una gestión que es percibida
como deficiente. No podemos excluir de este análisis al sector no gubernamental que conserva cerca del 8% del territorio nacional y, más importante aun, que lleva el liderazgo en muchos de los temas más relevantes -como educación ambiental, investigación y análisis de nuevos temas ambientales. Una colaboración más estrecha entre el sector gubernamental y privado solo beneficios traería a ambos. Y aunque ejemplos de este tipo de colaboración pueden darse, creo que el sentimiento general es que esta interacción es poco eficiente y muy dirigida por la iniciativa e intereses del sector privado. Para que esta interacción sea realmente positiva ambas partes deberán estar en capacidad de negociar en igualdad de términos y capacidad de gestión. El alto nivel del recurso humano en nuestro país facilitaría
alcanzar una adecuada gestión del sector ambiental y la plena incorporación
del mismo al sistema productivo del país. El nivel de información
técnica es, en la mayoría de los casos, adecuado. El elemento
integrador, la planificación concertada de una estrategia y la
implementación de mecanismos financieros, son los elementos faltantes. |
|
|
|