Presentación

 

Este año tiene que cerrarse el vertedero de basura usado por los más populosos cantones del Gran Área Metropolitana, no habiendo aún para ellos otros sitios donde depositar los desechos sólidos que diariamente generan. Esta situación que normalmente podría ser de desesperación a nadie parece ya inquietar mucho, porque después de 12 años de haber declarado emergencia nacional la problemática de la basura, sin que nadie directamente por ella haya muerto, hemos llegado a coexistir alegremente con ella.

Los autores presentes en esta edición han rehusado detenerse en la evaluación -ya muy sabida- de la dimensión "física" de esa problemática que padecemos, prefiriendo ser incisivos en las presuntas causas de la misma: insuficiencia o carencia de conciencia ambiental entre ciudadanía y autoridades, cierta "insolvencia" emocional o moral por parte de los ciudadanos, tiranía cultural del consumismo, ineficiencia y estulticia de las municipalidades, codicia y egoísmo de personas y empresas, etcétera (causas, éstas, que se superponen y retroalimentan). Algunos autores, además, reseñan experiencias exitosas de manejo de desechos en comunidades aisladas que resultan alentadoras. Hay consenso entre todos en que la tradicional actitud nacional (de cualesquiera entes) ante la basura es indignante y va a contrapelo del ambientalismo y de toda orientación hacia la sostenibilidad; hay consenso, también, en cuanto a que reducir la cantidad de desechos en la fuente generadora y reutilizar materiales es la fórmula para no ahogarnos en basura -y, de paso, no sobrexplotar stocks de recursos naturales-; y hay consenso en que esta fórmula no puede pasar de ser palabrería mientras la actitud de las autoridades y de la población no cambie.