Si descentraliza, democratiza

 

--David Kaimowitz--


En los últimos años, por lo menos 60 países han descentralizado algunos aspectos del manejo de sus recursos naturales, con resultados mixtos. Se puede señalar ejemplos donde las reformas han permitido que los sectores populares tengan más participación en las decisiones sobre los bosques, han elevado los ingresos de los gobiernos locales y han mejorado el manejo de los bosques. Pero también se puede encontrar muchos ejemplos de lo contrario.

Debido a los fracasos algunas personas sostienen que los gobiernos han descentralizado demasiado. Pero Jesse Ribot, del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), dice que la mayoría de los fracasos se debe a que los gobiernos no han descentralizado suficientemente. En Descentralización democrática de los recursos naturales, institucionalizando la participación popular él afirma que para que la descentralización cumpla con lo prometido, los gobiernos locales tienen que ser verdaderamente democráticos y tener verdadero poder sobre las decisiones importantes. Tampoco se les puede permitir a los gobiernos centrales quitar esos poderes cuando quieran de forma arbitraria. No solo eso, para que la descentralización realmente funcione, hay que darle tiempo. Ribot saca esas conclusiones con base en estudios detallados de quince países -Bolivia, Brasil, Camerún, China, India, Indonesia, Malí, Méjico, Mongolia, Nicaragua, Senegal, África del Sur, Tailandia, Uganda y Zimbabwe. En muchos de estos países, las agencias estatales centrales han dado señales confusas y contradictorias sobre los derechos y las responsabilidades de los gobiernos locales. Tienden a entregar las tareas pesadas y los recursos de bajo valor, pero guardan las funciones claves y los recursos más valiosos para sí mismos. Generalmente se quejan de que los gobiernos locales no saben manejar sus recursos, pero no explican bien qué deben aprender esos gobiernos y no los ayudan mucho a hacerlo. Los gobiernos locales tampoco son unos ángeles. Muchos no representan realmente a la población de su distrito y a menudo sobreexplotan sus recursos naturales y maltratan a ciertos segmentos de sus poblaciones.

Para solucionar esos problemas, Ribot dice que se necesita un sistema claro de chequeos y balances. Los gobiernos centrales deben definir un número pequeño de estándares ambientales mínimos que los gobiernos locales deben cumplir. Debe garantizarse un estado de derecho, los procesos democráticos, la transparencia fiscal y los derechos individuales de los ciudadanos, de las mujeres, y de las minorías. También sería bueno que los gobiernos centrales proporcionaran
capacitación e información. Los gobiernos locales deben poder manejar y beneficiarse de sus recursos naturales dentro de ese marco general. Ésta es la única manera práctica de institucionalizar una verdadera toma de decisiones democrática sobre los recursos naturales a gran escala, y por un periodo de tiempo largo.
[Para solicitar copia electrónica gratis del documento reseñado -en inglés-: JESSER@wri.org]


Jesse Ribot. 2002. Descentralización democrática de los recursos naturales, institucionalizando la participación popular. Instituto de Recursos Mundiales (WRI).