Reducir y reciclar los desechos domésticos

--Paulina Mata--


Durante los años 1999, 2000 y 2001, Costa Rica importó, según datos de Procomer, un promedio anual de unas 8.000 toneladas de resina de plástico pet (politereftalato de etileno), la cual se utiliza principalmente para embotellar agua y bebidas gaseosas. Esto equivale a 8 millones de kilogramos al año. En el año 2000, aproximadamente 500 toneladas (500.000 kg) se exportaron como desecho para reciclar en el exterior; en 2001 la exportación del desecho subió a 970 tn (970.000 kg), y en 2002 a 1.300 tn (1.300.000 kg). Si bien es cierto el porcentaje de recuperación de estos plásticos para su posterior reciclaje ha subido (de un 7% a un 16%), y probablemente siga subiendo debido al aumento de las campañas de reciclaje, en esos tres años se puede estimar que más de 20.000 toneladas de plástico quedaron en rellenos sanitarios (en el mejor de los casos), en riberas de ríos, en barrancos, en botaderos ilícitos y, finalmente, en las costas y los mares.
El manejo de una tonelada de basura le cuesta hoy a los cantones de la Gran Área Metropolitana alrededor de 10.000 colones. El costo para las municipalidades de manejar esas 20.000 toneladas de plástico pet habría sido de aproximadamente 200 millones de colones a lo largo de esos tres años. Pero el pet constituye menos de un 5% del peso de los materiales reciclables que desechamos. La historia se amplía con el resto de materiales valiosos que tiramos a la basura: plástico HDPE (polietileno de alta densidad), LDPE (polietileno de baja densidad) y el PVC. Papel y cartón provenientes de árboles que causan la extinción de los bosques, vidrio y aluminio reciclables provenientes de minerales cuya extracción ha costado la pérdida de hábitats en el proceso de minería.

El asunto se torna crítico cuando se considera que más del 50% del peso de los desechos sólidos que producimos son orgánicos, provenientes de la elaboración y desecho de comidas, material que podría tratarse localmente y, en muchos casos, en los mismos hogares debido a la rapidez de su descomposición. Sin embargo, simplemente se lleva a los rellenos, donde no se descompone pues queda enterrado a grandes profundidades, desperdiciándose enormemente el espacio de los rellenos sanitarios.

Desgraciadamente, al ciudadano promedio no le interesa saber adónde va a parar la basura que produce, solo quiere que se la quiten de su acera, aun cuando vaya a parar muchas veces al botadero de la esquina cercana. Ésta es la actitud que está destrozando nuestra sociedad. No reclamamos a otros ciudadanos que tiran basura, porque no es nuestro problema. Pero todos debiéramos estar alerta e involucrarnos con nuestro entorno, denunciando a quienes tiran basura en sitios ilícitos. Todos pueden lograr lo que uno solo no. Todos podrían convencer a los que actúan con los desechos ilegalmente de que lo que hacen es nocivo, y ellos, por entendimiento o por vergüenza, es probable que cambiarían de actitud.

Un barrio puede organizarse y dejar de esperar que la municipalidad resuelva todos sus problemas. Tal es el caso del proyecto comunitario de reciclaje del Comité Ambiental de La Florida de Tibás, el cual está formado por un grupo de vecinos voluntarios cuyo afán como grupo organizado es mejorar las condiciones ambientales de su barrio. Se preocupan por el ornato y salud de su comunidad y, entre otras cosas, siembran árboles, educan a los niños a través de ferias y hace más de dos años iniciaron un proceso de reciclaje comunitario. Desde el año 2001 ese Comité ha organizado jornadas de reciclaje, acopiando el material en una bodega prestada por al asociación de desarrollo local y realizando ventas -con los informes respectivos a la comunidad. Durante ese año se empezó a hacer conciencia en el barrio y, sobre todo, el grupo se dio a conocer entre los vecinos como líder ambientalista. En el año 2002, en vez de ir a pedir ayuda de la municipalidad, ellos solicitaron a la Asociación de Desarrollo que les prestara un local desocupado más céntrico que ésta tenía. Se dedicaron a educar a sus vecinos y luego les solicitaron que separaran los materiales que tienen mercado en Costa Rica y que los llevaran limpios y secos al nuevo centro de acopio, el cual funciona de acuerdo a un horario. Un total de 25 residencias han cooperado con desechos reciclables a lo largo del último año de trabajo. En un pequeño espacio se clasifica y acopia el material que llevan los vecinos: latas de aluminio, envases de vidrio y de plástico, papel y cartón. El sitio es, además, sede para reuniones, ya que, como el material que se recoge está limpio, no hay malos olores ni plagas. El comité se organiza con un horario rotativo para no sobrecargar el trabajo en los voluntarios. En este proyecto el negocio CopyPrint dona su papel de desecho, ya que su dueño es una persona con conciencia ambiental y quiere retribuirle a Tibás el hecho de ser su fuente de sustento -una actitud de solidaridad ejemplar.

Hoy día el Comité está gestionando el préstamo de un lote por parte de la municipalidad para hacer un local más amplio y, probablemente este año, se entre a tratar desechos orgánicos para hacer abono.

Hay que seguir el ejemplo de ese Comité. En realidad es sencillo, pero se requiere de un ingrediente clave: la voluntad. Voluntad para hacer las cosas y lograr un cambio, voluntad para vencer los obstáculos. Cuando las municipalidades entiendan que la comunidad debe ser involucrada en los procesos de gestión ambiental, los cambios serán inmediatos. Los desechos orgánicos de alimentos constituyen más de la mitad de los desechos domésticos. Si las municipalidades calcularan cuánto se ahorrarían en combustibles por no cargar ese peso, ya estarían implementando programas de educación y fomento del uso de los patios para hacer abonos orgánicos y para reciclar lo que sea posible. Si no es por desinterés que las municipalidades no actúan en la línea apuntada, quizás sea por intereses… lo cierto es que no existe voluntad política suficiente para resolver los problemas en función de la mayoría.

En el año 2001 la Municipalidad de Tibás envió al relleno sanitario de Río Azul 16.000.000 de kg de desechos (16.000 tn). El costo anual del servicio según presupuesto fue de 203.000.000 de colones. Si 25 residencias en La Florida han logrado ahorrarle varios miles de kilos de desechos a la municipalidad, ¿cuánto más podría ahorrarse si un porcentaje significativo de las más de 13 mil viviendas de Tibás hicieran algo similar?

No somos una sociedad de gente innovadora, creativa u original. Todo lo copiamos, y si la moda es la botella plástica desechable, van cientos de miles de consumidores tras ellas, olvidando la tradicional y limpia costumbre de llevar el envase a la tienda para ser llenado y seguir utilizándolo. Esta cultura importada es acogida por la industria costarricense. Claro es el ejemplo de los refrescos Tropical de la Cervecería Costa Rica: con el lanzamiento inicial de su sabroso refresco natural únicamente en envases retornables, se parecía estar rompiendo con la vieja e ilógica cultura de consumo sin conciencia ambiental: producir desechos a mansalva. Pero de pronto esa empresa sacó muy orgullosamente y con publicidad voraz el envase desechable. Es difícil explicarse lo sucedido cuando la bebida en envases reutilizables tenía un mercado exitoso, y sabiendo que hoy en día hay envases reutilizables plásticos y que la tecnología del vidrio permite hacer envases más livianos. La única explicación posible es que, además de una gran ignorancia, esa empresa posee una avaricia y ambición extremas. La cultura del desperdicio nos hace sentir omnipotentes, y nos da vergüenza ir al supermercado y a la tienda y decir no a la bolsa plástica.

Ingeniera electricista, es integrante del Comité Ambiental de la florida de Tibás.