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Sentido de pertenencia, socialización y basura --Juan Félix Castro-- |
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El desecho sólido se convierte en problema a partir del reclamo que la naturaleza plantea cuando la vida en el planeta se dificulta debido a la explotación irracional de la misma (véase Castro 2000). Es entonces que para nuestra sociedad cobra valor invertir esfuerzos en programas de educación ambiental en virtud de la amenaza que la contaminación trasiega. Pero pareciera que los procesos de socialización en Costa Rica comprenden rasgos de carácter que indisponen a los individuos a ejecutar un manejo adecuado de los desechos; y pareciera también que la posibilidad de que surja una institución, pública o privada, que resuelva el problema de los desechos depende de lo mismo. Nuestra socialización tiene elementos arraigados en la época colonial, por lo que lo foráneo -particularmente lo europeo- es valorado por nosotros como superior a lo nativo. El imaginario indígena queda relegado, solo cobrando valor en el dominio de la superstición y la magia y de las conductas que de ahí proceden. Pero debido a la irreductibilidad de la naturaleza del mestizaje, esa racionalidad se reprime y levita en el inconsciente como una sombra que acecha y hostiga en la medida que reclama un espacio en la memoria. La construcción de la subjetividad en países como el nuestro, pues, se ha hecho posible negando una parte esencial de nuestra naturaleza y sin que podamos renunciar a la misma. Una especie de desasosiego o inconsistencia hace eco en nuestro fuero interno, la cual luego se descarga en forma de pugna con el medio. Alojada en el imaginario de los conquistadores la expectativa de someter a la naturaleza, y siendo la población indígena parte sustancial de la misma, la conquista española ocasionó una ruptura entre el ser humano y el ambiente. Como dividendo lógico, una suerte de trauma sobrevino en el devenir inconsciente de los pueblos mestizos, el cual consiste en la imposibilidad de apropiarse de esa parte del ser que ha sido negada y que se devuelve materializándose en forma de violencia contra el medio puesto que éste se percibe ajeno. Se intenta asumir pero se fracasa en el intento cuando media la expectativa foránea inculcada en los procesos de socialización. En consecuencia, nos movemos en un entorno natural al cual no nos sentimos pertenecientes. Se diluye el sentido de lo nuestro y volvemos la mirada a la cultura citadina como si fuese el referente único. Ante el espectador la naturaleza se muestra hostil. Parejamente, entre los individuos cristaliza una especie de sentimiento de abandono por parte de la madre patria (Gonzales 1994). Abandono perpetrado desde gobiernos que responden más a intereses foráneos que al desarrollo de la propia comunidad nacional. La trágica situación de dependencia en relación con los países desarrollados se constituye como un acontecimiento evidente al respecto. Se concibe una patria ajena como una madre que expone a sus hijos a procesos ideológicos que los alejan de su cultura y los hacen sentir extraños en su propia tierra, factor que arroja como resultado conductas de rechazo en cuanto a definir formas adecuadas de adaptarse al medio. Yo propongo la hipótesis de que el acto de tirar basura está asociado a eventos inconscientes propios de la subjetividad del ser costarricense, relacionados con la socialización histórica de la cual somos efecto y en la cual se han experimentado sentimientos de abandono y de sentido de pertenencia evidentes en formas inadecuadas de adaptación al medio. Por tanto, la basura como objeto excedente e inutilizable se lanza a modo de rechazo ante un escenario natural que no logra contener al sujeto. El comportamiento que conduce a tirar basura o a manipularla inapropiadamente tiene similitud con otras actitudes de agresión a la naturaleza, como la tala irracional y varias otras formas de contaminación. El común denominador de dichos comportamientos se halla, entonces, en los dispositivos según los cuales históricamente nos hemos socializado. Sin embargo, en tanto factor en la construcción de la subjetividad en el escenario costarricense, es importante el papel que institucional e ideológicamente tienen en Costa Rica los programas de protección ambiental: se carga de significado con valor positivo un ambiente que en otro momento histórico se apreciaba hostil e inaccesible. Los elementos naturales pasan a ser vistos como riqueza en sí mismos y no por sus productos derivados, por lo que se hace posible entonces reconocer el suelo que nos da vida: lo ajeno se asume propio. El sentido de pertenencia se interioriza por lo que poseemos, es decir, el lugar en el mundo que tiene lo que más se necesita. Deviene factible, entonces, edificar la identidad del ser costarricense a partir del orgullo que éste debe sentir por la exuberancia natural que lo rodea y por el compromiso de mantener y preservar dicho privilegio. Una tarea impostergable que se plantea más como labor de tipo simbólico reclama comparecencia. La misma consiste en la necesidad de articular un lenguaje y una modificación del comportamiento de acuerdo con los objetos y sus usos en consonancia con el medio. Aunque existen esfuerzos y prácticas ya establecidas en este sentido, se vuelve preciso extenderlas a las distintas dimensiones en que el individuo se desenvuelve. Si la música, el drama, la literatura, la pintura y otras manifestaciones del arte han servido como vía de construcción de identidad de cara a la relación que sostiene el sujeto con la naturaleza; también es necesario que en el plano de lo cotidiano se lleven a cabo modificaciones destinadas a fortalecer esa relación. Al respecto, por ejemplo, el diseño y construcción de viviendas ofrecen oportunidad de integrar la naturaleza al espacio íntimo de convivencia humana (la vivienda es estratégica por ser -según el psicoanálisis- una prolongación del útero materno). La promoción de la vida en el campo y los valores que de ella proceden ofrecen también incentivos para la apertura de canales de comunicación con ésta. Asimismo, la recuperación y difusión de juegos significativos al aire libre, de paseos y de ejercicios coadyuvan la estructuración del lenguaje y la práctica de interacción ser humano-naturaleza. La revalorización de la medicina natural es también muy importante -a pesar de que haya intereses mercantiles de por medio-: la sensación de agradecimiento con la naturaleza una vez logrados los propósitos requeridos sirve como aliciente en la construcción de un sentimiento de respeto y de cuidado hacia ella. Referencias bibliográficas |
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