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Ideología del mal manejo de la basura
--Ronald Arrieta-- |
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La incapacidad de la sociedad costarricense por solucionar el problema del deficiente manejo de los desechos sólidos requiere un análisis que permita identificar sus causas profundas, de manera que las soluciones que se planteen no adolezcan de los mismos errores que se vienen cometiendo desde 1991 tanto en proyectos "rellenistas" como de aprovechamiento. La reducción del problema a "inutilidad de regidores y alcaldes", "incultura de la población", "corrupción" o "falta de legislación", no explica la complicidad de los habitantes y de todas las autoridades involucradas en el tema. Debe de haber una estructura ideológica que permita que el deficiente manejo de los desechos sólidos funcione en forma excelente, una estructura muy coherente arraigada en las más profundas convicciones del imaginario social. Solo así es posible explicar la tolerancia e impunidad de autoridades y resto de la sociedad ante el quebrantamiento cotidiano de las leyes naturales y jurídicas que regulan el manejo correcto de los desechos. Tal estructura ideológica (véase esquema) tiene en su base dos concepciones ideológicas fundamentales: una de carácter religioso y otra de carácter económico. Tanto la concepción religiosa de "Procread y multiplicaos y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra" (Génesis 1, 27 y 28), como la limitada capacidad del ser humano de reconocer la multitud de interdependencias ecológicas, causan que se conceptualice la producción como un proceso lineal sin reincorporación de desechos nuevamente en el ciclo productivo. Estructura ideológica del deficiente manejo de los desechos sólidos La cantidad de energía aprovechable y de materiales en esta nave espacial llamada Tierra es limitada. Por lo tanto, un sistema social basado en el crecimiento cuantitativo, que desperdicia la materia y la energía residual de los materiales de desecho y además no mitiga sus impactos, está condenado a su autodestrucción debido a los desequilibrios que ocasionan los materiales de desecho y el agotamiento de los recursos. Por otro lado, el modelo económico que obliga a maximizar ganancias mediante la producción de mercancías hace que se elaboren productos de corta vida útil que pronto se convierten en desecho y que las empresas, lejos de internalizar sus costos o trasladarlos a los clientes, se lo trasladan al ambiente. Si a esto se le suma la falta de capacidad emprendedora para el desarrollo de proyectos, la consecuencia será que la población tendrá una actitud antiecológica en el manejo de los desechos sólidos. La posición central que tiene esa actitud demuestra el papel preponderante de la educación en esta problemática, lo cual no debe confundir y considerar que todo proyecto de manejo correcto de desechos sólidos debe iniciar por la educación de la población. Si no se cuenta con una estructura organizativa que garantice la consecución y administración racional de los recursos y una infraestructura adecuada que permita el aprovechamiento de los desechos, no se debe crear falsas expectativas como se ha venido realizando en gran cantidad de comunidades. Las dos concepciones dichas tienen dos consecuencias inmediatas: el paradigma del depósito como prioridad y la aplicación de sistemas operativos ineficientes. Tanto en las comunidades como en las empresas e instituciones no existe una planificación de la gestión de manejo de desechos sólidos ni unidades administrativas que organicen la educación de la población y dirijan los procesos de recolección, aprovechamiento y disposición de los desechos. La prioridad se centra en depositar los desechos sin considerar la magnitud del impacto ambiental que tengan. Dado que no se realiza una administración eficiente, la determinación de costos es inexacta, lo cual no permite la planificación y consecución de los recursos económicos necesarios para realizar correctamente las diferentes operaciones. Existen municipalidades que no han actualizado sus tasas en los últimos 15 años. A pesar de que los costos no deberían diferir significativamente entre los diferentes municipios, las tasas varían entre los ¢233,65 y los ¢886,58 mensuales. Al no existir actitudes ecológicas para el manejo de los desechos, los métodos para su manejo son inadecuados. La no aplicación de sistemas operativos que mitiguen realmente el impacto ambiental es la segunda consecuencia. En el mejor de los casos, los desechos son enterrados, de lo contrario son lanzados a cielo abierto e incendiados, dándose procesos de combustión donde muy posiblemente se estén generando dioxinas en grandes cantidades. Este tipo de substancias está reconocido como causante de cáncer. Tanto las actitudes "antiecológicas" como el paradigma del depósito y la aplicación de sistemas operativos inadecuados, son las causas inmediatas del deficiente manejo de los desechos sólidos. Por consiguiente, toda opción de manejo de los desechos sólidos debe centrar su accionar en cambiar los diferentes paradigmas. En primera instancia, debemos comprender que no se trata de someter a la naturaleza, sino que el sistema cultural debe respetar las leyes del ecosistema para no romper los equilibrios existentes. El ser humano debe reconocer que a pesar de estar dotado de una gran inteligencia, sus sentidos no son lo suficientemente confiables en captar la complejidad de las relaciones ecológicas. Esto permitirá comprender mejor la necesidad de reincorporar los materiales en el ciclo productivo para aprovechar la materia y energía residual contenidos en ellos. El sistema económico de libre mercado no puede continuar creciendo irrestrictamente a costa del deterioro ambiental y de las condiciones sociales de los seres humanos. Para superar la insuficiente capacidad de autogestión para emprender proyectos, es necesario replantear el sistema educativo formal, para que desde ahí se fortalezcan la creatividad, la confianza en sí mismo y se cultiven las destrezas y aptitudes de los ciudadanos. Los programas de capacitación de adultos deben dar seguimiento y asesoramiento a quienes se involucren en la creación de empresas de aprovechamiento de desechos. En varios cantones del país se está demostrando que la
realización de proyectos de aprovechamiento es posible. La Municipalidad
de Santa Ana creó el primer centro de acopio municipal, administrado
por la Asociación para el Desarrollo Integral de la Persona con
Discapacidad de Santa Ana, bajo el asesoramiento de la Escuela de Química
de la Universidad de Costa Rica. Este ejemplo lo ha seguido la Municipalidad
de Escazú y al menos tres municipalidades guanacastecas están
realizando actividades tendientes a instalar ese sistema. Sin embargo,
la tendencia a buscar soluciones "rellenistas" sigue predominando. |
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