|
|
|
|
¿Educación ambiental indígena? |
|
|
En tanto ladinos, siempre hemos visto al indígena como un ser ingenuo e incapaz de tener ideas y opiniones propias, y nos hemos arrogado el papel de proveedor de valores, conceptos y normas de conducta que han perturbado la evolución normal de su cultura. Con ésta ha chocado, particularmente, nuestro sistema educativo. Porque nuestros indígenas consideran la educación desde otra perspectiva: "los indígenas visualizamos la educación en términos de sabiduría", la cual es trasmitida de generación en generación por medio de la tradición oral y la práctica (Fernández, Seberiano. 2002. Com. pers.). Y nuestro tradicional sistema de enseñanza no contempla estas actividades como prioritarias; está ausente del currículum una orientación hacia el mantenimiento y el rescate de la cultura, identidad y espiritualidad propias. En la práctica no nos hemos detenido a entender cómo perciben ellos nuestra educación ni a determinar qué sugerencias plantearían para cautivar de una mejor manera su atención. Entonces, ¿cómo plantear un programa de educación
ambiental en las comunidades indígenas? Una de las primeras tareas
a acometer sería la de ponerle nombre al programa, porque para
los indígenas el término educación no es el correcto
-prefieren aplicar el término sabiduría-; y la palabra ambiental
quizá en su lenguaje no merezca importancia. El nombre del programa,
creemos, debiera ser el resultado de un consenso entre representantes
de las autoridades locales y de la comunidad. Ese programa de educación ambiental, o como se le llamare, debiera integrar muchos aspectos: como dice Gollo Cutimanco (2002. Com. Pers.), "no podemos visualizar al indígena en componentes aislados de su cultura, espiritualidad, cosmovisión, identidad o el medio que los rodea [sino integralmente]". Por tanto, la educación debiera basarse en el aprendizaje tradicional, haciendo uso de las tradiciones orales y sus historias como método de enseñanza -rescatando así sus valores, sus propias normas de conducta y, en general, su cosmovisión. Las técnicas a utilizar también debieran ser planteamiento propio de las comunidades, abarcando los temas que a su juicio sean prioritarios. No podremos hablar de cambiar la actitud de la "población meta" sino, más bien, de revivir sus actitudes. Entonces, ¿quién enseñará o educará a quién? Los mayores de las comunidades juegan un papel muy importante, ya que en ellos se encuentra recogida la sabiduría, por lo que deben de ser los pilares de todo el proceso. Habrá que buscar la manera de contar con su apoyo y lograr que no sientan el programa como algo externo, sino como un proceso colectivo. Otros asuntos a considerar y que también se deben definir participativamente es a quién será dirigido el programa y quién lo llevará a cabo. Debiera, además, ejecutarse en el idioma indígena o que los facilitadores y otros colaboradores tengan intérprete. Tomando en cuenta estos y otros puntos, podremos plantear y llevar a
cabo un programa que rompa con los paradigmas educativos en uso y que
a lo estrictamente ambiental integre el rescate de la cultura, la identidad
y la espiritualidad indígenas. |
|
|
|