Crisis y geopolítica del agua

--Osvaldo Durán--


El día 22 de marzo fue establecido por Naciones Unidas como Día mundial del agua, y el año 2003 fue declarado, por ese mismo organismo, Año internacional del agua dulce. A propósito de esto queremos hacer una contribución a la comprensión de la problemática mundial actual del agua. A continuación haremos un boceto de la escasez global de agua y otro del contexto internacional que denominamos geopolítica de los recursos naturales, y en ediciones posteriores de esta misma revista intentaremos responder lo siguiente: en qué consiste el negocio privado del agua, quiénes lo impulsan, cuáles entidades civiles coadyuvan, cómo se relacionan éstas con la banca multinacional y las transnacionales del agua, cuáles son y dónde operan estas empresas y cuáles han sido los resultados de los procesos de privatización del agua.

Únicamente el 2,5% del agua del planeta es dulce y menos de la mitad de ésta es de fácil acceso para las personas. Del agua utilizada por éstas, un 65% está destinado a la irrigación de cosechas, un 25% se gasta en la industria y un 10% lo consumen los hogares y los servicios municipales. Actualmente más de 31 países padecen de escasez y más de 1.000 millones de personas, sobre todo en América Latina, África y Asia, padecen algún grado de falta de agua. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, dentro de 25 años una de cada tres personas en la Tierra tendrá poca agua o nada. Otros otean que, en menos de veinte años, 3.000 millones de personas distribuidas en 52 países (un 40% de la población mundial proyectada) tendrá problemas por escasez de agua. El Population Reports, de la Johns Hopkins University, indica que el crecimiento demográfico por sí solo llevará a que otros 17 países, con una población proyectada de 2.100 millones, pasen dentro de los próximos 30 años a la categoría de países con escasez de agua. Países como China y Pakistán estarán próximos a sufrir tensión hídrica, lo que significa que el suministro anual de agua dulce se ubica entre los 1.000 y 1.700 metros cúbicos por persona. La conjunción del aumento de la población con el desarrollo industrial y agropecuario, más la contaminación del agua, están causando que la demanda, muchas veces convertida en desperdicio y consumo suntuario del líquido, sea mayor a la capacidad del agua para limpiarse mediante su ciclo natural (precipitación, escorrentía, transpiración, evaporación, condensación).

La ausencia de agua acelera la desertificación, la reducción de la producción alimentaria, la proliferación de focos de suciedad, el aumento de enfermedades infecciosas y la destrucción de ecosistemas, y por esto último muchísimas especies vegetales y animales desaparecen (20 de cada 100 especies de peces de agua dulce en el mundo están en riesgo de desaparecer o ya no existen).

La crisis hídrica no se reduce al deterioro del recurso y al sufrimiento y muerte de las personas que no tienen agua o tienen poca y de mala calidad, sino que ella consiste ya en una grave tensión y conflictividad política local, nacional y mundial. Los enfrentamientos por agua, inclusive con saldos mortales como en Bolivia, demuestran que la crisis social y política del agua no es un asunto del futuro sino del presente.

En los procesos de disputa por el control del agua, una de cuyas expresiones más acabadas es la privatización. Ya muchos pueblos del Tercer Mundo -no necesariamente países ni gobiernos- se están enfrentando a las transnacionales del agua. Para los países ricos del Norte, el control de los espacios geográficos de la Tierra donde se encuentran las reservas de agua dulce es tan estratégico como acaparar los sitios petroleros y de gas natural.

La escasez de agua se prevé como un problema extremadamente serio que provocará que en un futuro cercano algunos naciones se vean obligadas a abastecerse del agua de otros países que aún la posean: se consolidará la nomenclatura de países importadores y exportadores de agua, y las disputas por el control del líquido se agudizarán hasta las guerras abiertas. Los conflictos entre Israel y Jordania, Egipto y Etiopía, Turquía y sus vecinos, etcétera, incluyen el agua como uno de los aspectos de discordia más importantes. Cuando los conflictos están relacionados con ríos internacionales, como el Nilo, Grande y San Juan, son aun más álgidos y duraderos.

El papel de las multinacionales del agua es determinante en la crisis de ésta, ya que el negocio de venta de agua se perfila como extremadamente lucrativo. La conversión del agua en simple mercancía para el lucro privado se está dando a través de su privatización. Empresas dedicadas a la venta de agua embotellada como Pepsi y Coca Cola ya están ampliando su oferta de agua con nuevas marcas. Coca Cola predice que su agua embotellada -en algunos países más cara que la gasolina- terminará dando mayores beneficios que sus bebidas gaseosas en muy pocos años. En todo caso, los mayores negocios ligados a la privatización de los servicios de agua los encabezan las transnacionales francesas Suez y Vivendi, que en conjunto con muchas otras multinacionales menores, han tejido una red mundial con resultados nefastos para los países en los cuales operan.

El agua se convirtió en elemento clave de la geopolítica de los países más poderosos de la Tierra. Los objetivos estratégicos de los grupos de capital privado que controlan la economía mundial han definido claramente una línea de acción que podemos definir como la geopolítica de los recursos naturales. Estados Unidos está a la cabeza de estos grupos de capital global, poseyendo casi un 48% de las empresas y bancos más grandes del mundo. La prepotencia bélica del gobierno republicano y su desesperación por montar escenarios de guerra tienen relación con su interés de controlar las reservas de recursos naturales estratégicos como el petróleo, el gas natural, los minerales, los bosques y el agua.

El repunte de la concepción del planeta como stock de recursos para ser explotados -y, si es necesario, antecedentemente controlados militarmente-, rompe con todas las barreras políticas tradicionales y crea un nuevo mapa global según disponibilidad de recursos naturales.

América Latina, Centroamérica y Costa Rica, por sus importantes reservas de petróleo, gas natural, potencial geotérmico, bosques y agua, son fuentes energéticas estratégicas. Para Mesoamérica, una expresión bien acabada de esta estrategia de control global de los recursos naturales estratégicos es el Plan Puebla Panamá, que constituye una estrategia de acaparamiento directo de las fuentes materiales de riqueza, es decir, de recursos naturales como el petróleo, el gas natural, los bosques y el agua, para su control y explotación. En Colombia, el objetivo estratégico real del polémico Plan Colombia -impulsado por los gobiernos norteamericano y colombiano- no se circunscribe al control de los recursos naturales colombianos como el gas natural, los minerales, los bosques y el agua -y mucho menos a la derrota del narcotráfico-, sino que persigue, como meta final, el control de la Amazonia, que tiene el 13% del agua del mundo y entre el 5 y el 6% del petróleo, y es la reserva de bosques más grande del planeta.

Lo que en el futuro inmediato podemos esperar es una mayor beligerancia política, económica y militar combinadas, por parte del Norte y especialmente de EU, orientada al control de los recursos naturales de la Tierra sin importar su localización geográfica. En cuanto al agua en particular, la geopolítica de los recursos naturales permite comprender la operación de la banca multinacional y las transnacionales del sector con el objetivo de manejar este recurso.

Osvaldo Durán, sociólogo, es presidente de la asociación Proyectos Alternativos para el Desarrollo Social (Proal) y miembro de la Junta Directiva de la Federación para la Conservación de la Naturaleza (Fecon).