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El 24 de febrero de 1982, al presentar el Plan para la Cuenca del Caribe,
el entonces presidente Reagan expresó: "La región del
Caribe es una arteria vital, estratégica y comercial para EU. Casi
la mitad del comercio estadounidense, dos tercios de nuestro petróleo
importado y más de la mitad de nuestros minerales estratégicos
importados pasan a través del Canal de Panamá o del Golfo
de México". Y en la guerra actual por el control de los mercados
decrecientes esta importancia se multiplica: nuestra región tiene
condiciones geo-estratégicas y una riqueza de recursos apetecidos
por el gran capital: abundante y barata fuerza de trabajo, dos océanos
a corta distancia, gran variedad de suelos, bosques, incomparable biodiversidad,
abundancia de agua y de yacimientos de minerales e hidrocarburos, entre
otros.
Casi veinte años después, el 12 de febrero de 2001, el presidente
mexicano Vicente Fox reveló -en su reconocido papel de vocero regional
de los EU- la existencia del Plan Puebla-Panamá (PPP), que fue
firmado en junio del mismo año por los presidentes centroamericanos
y funcionarios del Banco Mundial. Este Plan constituye la última
versión de planes regionales que dicen buscar "el desarrollo
sostenido e integral" y prometen miles de millones de dólares
que nunca llegan, como fue el caso de la Alianza para el Progreso de inicios
de los sesenta. Las consecuencias de estos proyectos están a la
vista: mayor concentración de la riqueza al mismo tiempo que el
deterioro de los servicios sociales y del desempleo acrecienta la pobreza
de las mayorías. Y nuestro país no es una excepción.
Por ello el director del Incae (Instituto Centroamericano de Administración
Empresarial) afirma que "las condiciones productivas generadas por
el TLC [con EU] podrían ampliar la brecha social dentro de los
países" (La República, 20-9-02). ¿Cómo
impedirá el gobierno que con estos TLC y PPP se profundicen esas
tendencias?
Hace un año el director de la Cámara de Exportadores afirmó
que "no se realizan esfuerzos para detectar posibles triangulaciones
en las importaciones, que pondrían en peligro la supervivencia
del productor local y de las finanzas públicas (La República,
4-12-01), y, meses antes, Doris Osterlof, asesora de dicha Cámara,
había advertido (Semanario Universidad, 25-5-01) que solo se percibía
"la negociación por la negociación o la firma de tratados,
pero no de su implementación como instrumentos de desarrollo",
dado que no existe en Costa Rica "una auténtica administración
de comercio exterior", lo que lleva al verticalismo de la política
comercial que provoca fricciones entre el gobierno y los sectores productivos.
De ello dan cuenta, entre otros, los productores de arroz y de papa, así
como la ausencia de beneficios para los agricultores y otros trabajadores
nacionales después de años de TLC. ¿Cuáles
condiciones defiende el gobierno en estas "negociaciones" para
garantizar que el comercio constituya un instrumento de desarrollo?
El gobierno de EU ya definió sus objetivos por sectores para el
TLC con Centroamérica (La República, 18-11-02), que obviamente
conciernen a eliminar toda barrera a sus exportaciones y a facilitar el
ingreso "temporal" de sus empresarios, garantizándoles
un "trato favorable". Por otro lado, sectores productivos regionales
proponen crear una mesa de negociación agrícola, en especial
por el proteccionismo estadounidense a sus agricultores y el abandono
gubernamental de los nuestros, pero el ministro de Comercio Exterior informó
a finales de noviembre que no habrá discusiones por sector dado
que "la mayoría de países centroamericanos no cuenta
con un amplio grupo de negociadores". Por razones conocidas, hasta
los obispos del país afirman que los TLC firmados por el país
"han arruinado al agro" (La Nación, 2-11-01). ¿Piensa
el gobierno seguir estimulando este proceso de desmantelamiento de la
producción de nacionales? ¿Cómo y cuáles condiciones
exigirá en este TLC en beneficio de nuestros productores?
Si bien tampoco habrá un grupo de negociación en energía,
creemos que es muy probable que el Tratado haga eco de las disposiciones
sobre energía del TLCAN (el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica)
en el que los negociadores crearon una política energética
liberalizada, antiambiental y anticonservación, fundamentada en
exportaciones generadoras de grandes ganancias a corto plazo y de alto
costo, controlada por las empresas de energía transnacionales.
Si este régimen energético desregulado se extendiera a Centroamérica
tendría consecuencias devastadoras en cuanto al uso excesivo de
combustibles fósiles y el crecimiento desproporcionado de hidroeléctricas.
El caso del gas es un buen ejemplo: en Canadá, para cumplir con
las disposiciones del TLCAN, se invalidaron los poderes de la entidad
reguladora National Energy Board y se desmanteló la "garantía
de suministro vital" que exigía que Canadá mantuviese
un superávit de gas natural suficiente para 25 años. El
acuerdo impuso un sistema de "repartición proporcional"
mediante el cual el suministro canadiense de energía a EU está
garantizado a perpetuidad. Energía no solo es gas o petróleo,
también significa electricidad, lo que atañe de forma directa
a nuestro país, el cual, dentro de la estrategia regional del Plan
Puebla-Panamá, ya ha sido seleccionado como suministrador de electricidad,
lo que implica enormes impactos ambientales y sociales: la tendencia a
fragmentar el ecosistema del río, el cambio en los patrones de
flujo de los mismos, el desplazamiento de poblaciones, otros efectos sociales
y culturales negativos sobre las comunidades, también sobre la
flora y las faunas acuática y terrestre, productividad agroindustrial
desplazada, cambios al paisaje y el efecto sinergético ambiental
que ocasiona una cadena de proyectos en una cuenca, pues no se trata solamente
de efectos individuales de un solo proyecto. ¿Hará el gobierno
un ejercicio soberano del modelo de las garantías ambientales preservando
a nuestro país de este mercado global de la energía?
Es improbable que bajo este Tratado EU no busque extender las disposiciones
del TLCAN referentes a recursos hídricos, las cuales establecen
un mercado de agua, lo que supone una enorme presión particularmente
en cuanto al agua para uso de las comunidades y anticipa la privatización
del suministro (actualmente, existen múltiples conflictos en esa
materia: por ejemplo, en Guanacaste, las comunidades de Lorena luchan
para garantizar su acceso al agua contra la transnacional hotelera Meliá).
El TLCAN utiliza la definición de "bienes" del Gatt que
claramente incluye "aguas, incluso aguas naturales o artificiales,
y aguas aireadas". Existen tres disposiciones clave del TLCAN que
ponen en peligro al agua. La primera es la relativa a tratamiento nacional;
la segunda consta en el Capítulo 11, en la cláusula inversionista-estado,
y la tercera consta en el Artículo 315, "repartición
proporcional", la misma disposición que creó un mercado
liberalizado de energía. Según los artículos 315
y 309, ningún país puede reducir o restringir la exportación
de un recurso una vez establecida su comercialización. La lista
de servicios del Gatt, cuya negociación se encuentra actualmente
en curso, incluye "servicios ambientales". Es muy probable que
los servicios ambientales, que incluyen los hídricos, se incorporen
de manera similar al Tratado. Esto significa que los servicios públicos
de agua podrían ser impugnados según las disposiciones de
tratamiento nacional del acuerdo propuesto, lo que ocasionaría
que servicios tales como el suministro de agua o tratamiento de aguas
residuales sean privatizados y subcontratados a empresas hídricas
transnacionales. ¿Defenderá el gobierno el amplio control
público del agua, que es una de nuestras mayores conquistas como
sociedad, o cederá al establecimiento de un mercado del agua?
La región mesoamericana es conocida como la segunda región
en biodiversidad del planeta: 1.797 especies de mamíferos, 4.153
de aves, 1.882 de reptiles, 944 de anfibios, 1.132 de peces, 75.861 de
plantas -sin hablar de incontables microorganismos. La biodiversidad es
hoy un recurso estratégico debido a que las tecnologías
de punta hacen uso de ésta, y si es estratégica debe ser
controlada, y esto es precisamente lo que busca el Plan Puebla-Panamá
a través del Corredor Biológico Mesoamericano. ¿El
gobierno defenderá verdaderamente la biodiversidad para su uso
sustentable por las comunidades y las futuras generaciones, o impulsará
con mayor fuerza el modelo de la biopiratería tristemente célebre
gracias al Inbio (Instituto Nacional de Biodiversidad?
En relación con los servicios, es conocido el apetito que despierta
en el capital transnacional, en especial en telecomunicaciones, energía,
banca y seguros -los dos primeros ya destacados en el PPP. Y pese a que
el presidente Pacheco ha sostenido que no apoyará su privatización,
las condiciones de jurisdicción internacional que propician tratados
como los que nos ocupan, permiten alimentar serias dudas. Por ejemplo,
un especialista en derecho público externó que "no
existen restricciones para que el Gobierno ofrezca una apertura en telecomunicaciones,
seguros o energía, pues los monopolios en estas áreas están
fijados por leyes específicas [no por la Constitución],
las cuales quedarían sin efecto ante un tratado de libre comercio
en la jerarquía normativa" (El Financiero, 17/24-11-02). Y
ya sabemos adónde conducen estas aperturas, aunque sean graduales.
¿Qué medidas precautorias avanza el gobierno para evitar
la subordinación de las leyes nacionales a los TLC y al PPP?
Como se ha evidenciado en los acuerdos avanzados en el Plan Puebla-Panamá,
éste constituye básicamente un proyecto de infraestructura
y control de fuentes energéticas en el marco de una industrialización
con base en la maquila, que amenaza desintegrar las comunidades rurales
y provocar mayores desajustes sociales y ambientales. Por ello, reputados
analistas afirman que la mención del desarrollo humano en los objetivos
es solo un adorno:
a) La extensión de las maquiladoras hacia el sur tiene como clave
la existencia de mano de obra barata, sobre todo ahora que China ingresó
a la OMC y abrió su mercado laboral, más barato aun. En
EU el valor de la fuerza de trabajo no desciende de $5 por hora, mientras
en maquilas centroamericanas, como en Nicaragua, se paga apenas a $0,25
la hora. ¿De concretarse este proyecto, cómo evitará
el gobierno la desvalorización de la fuerza de trabajo costarricense?
b) Uno de los aspectos privilegiados en el PPP se refiere a la interconexión
vial (construcción de una megacarretera, necesaria para las maquiladoras).
No hablamos de "integración vial", como expresa el discurso
oficial, porque el proyecto no incluye un centavo para vías de
penetración o caminos vecinales. Cada país deberá
financiar el tramo correspondiente en su territorio (además del
mejoramiento de los puertos, de núcleos de mantenimiento, etcétera),
todas enormes inversiones nacionales para "comodidad" del capital
transnacional, y que pagaremos todos los contribuyentes. Asimismo, de
esta manera se aumenta la deuda y en momentos en que se busca desatar
pánico en torno a la cuestión fiscal. ¿Cómo
justifica el gobierno estas inversiones que no benefician a los costarricenses,
al mismo tiempo que pide se aprueben más impuestos? Ante el caos
vial en el área metropolitana y las dificultades de los nacionales
para sacar sus productos, ¿por qué no se prioriza la inversión
en el mejoramiento de la red vial nacional?
c) En la porción mexicana incluida en el PPP se localiza el 65%
de las reservas petroleras de ese país y se obtiene el 94% de la
producción de crudo, el 54% del gas y el 90% de la producción
de petroquímicos básicos y secundarios. En la costa atlántica
centroamericana han aparecido reciente y simultáneamente grandes
intereses empeñados en la exploración petrolera. Ambas situaciones
articuladas evidencian el propósito de "integrar" una
cadena de yacimientos bajo un control único en tiempos en que justamente
la ambición por el control mundial del petróleo llama a
la guerra (Afganistán, Irak, Colombia, Venezuela). Y aunque el
presidente Pacheco se ha comprometido públicamente a rechazar la
exploración petrolera, sabemos que los caminos de la política
están sembrados de "tentaciones". ¿Está
él dispuesto a mantener su posición ante eventuales presiones
o modalidades de condicionalidad cruzada?
d) Como todos sabemos, el control de la producción de alimentos
y de las fuentes energéticas del planeta son indispensables para
la consolidación de lo que ya algunos llaman el neoimperio, proyecto
que se apoya en la presencia y supremacía militar de EU. Por ello
hasta Oscar Arias ha expresado que "Esto ha permitido a Washington
tornarse en extremo arrogante y conducir unilateralmente su política
exterior, la cual podría poner en peligro la paz mundial"
(La Nación, 24-7-02). Los avances en el PPP (que incluye la participación
del gobierno mexicano, socio de EU en el TLCAN) y el inicio de "negociaciones"
hacia el TLC-CA-EU se han acompañado, coincidentemente, de acuerdos
militares y policíacos entre países de la región
y EU. En mayo se instaló una oficina regional de la Interpol en
El Salvador y luego Guatemala aceptó la llegada de doce mil militares
estadounidenses; el presidente dominicano informó recientemente
de la llegada de ocho mil soldados estadounidenses a su país con
misión desconocida y en nuestro territorio quieren instalar la
versión contemporánea de la tristemente recordada Escuela
de las Américas, donde se entrenaron los peores torturadores, dictadores
y narcotraficantes de América. ¿Qué hará el
gobierno para evitar el incremento de la militarización de la región?
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