|
El inicio de las negociaciones para santificar el Tratado de Libre Comercio
de Centroamérica con Estados Unidos (TLCCA) ha generado múltiples
reacciones: de entusiasta aceptación por parte de los sectores
privilegiados por las políticas de apertura comercial, de desinterés
por parte de sectores escasamente informados, de cautela por parte de
sectores temerosos de perder cuotas de mercado y de decidida oposición
por parte de organizaciones sociales, comunales y de distinguidas personalidades.
La asimetría caracteriza nuestras relaciones con EU: al tiempo
que ese país constituye el principal socio comercial de Costa Rica,
es también cierto que nuestro país, y en general el área
centroamericana, no reviste una importancia comercial estratégica
para la superpotencia, al menos desde la perspectiva de los grandes números
del comercio. Sin embargo, la administración Bush ha concedido
especial importancia a la región, tras lo que encontramos un complejo
entramado de intereses donde se expresan las contradicciones de la economía
global, es decir del capitalismo.
Lo verdaderamente característico de la economía internacional
es el estancamiento del crecimiento. En la prensa comercial esta crisis
se evidencia en la variabilidad de las noticias: un día anuncian
el despegue de la confianza de los consumidores y el inicio del fin del
desempleo, y al día siguiente informan de miles de despidos y de
las bajas expectativas del consumo. La crisis lleva a enfrentar una situación
en la que se da un agresivo proceso de redistribución del producto
mundial y sus beneficios. Obviamente, esta redistribución será
determinada por quienes ejercen el poder global. Este proceso no está
exento de contradicciones y la opción ahora es redistribuir y concentrar
la riqueza, incluso a través del reparto de la parte del pastel
que acapara el capital transnacional. Esta redistribución es un
proceso en extremo violento; no es casual la actual estrategia de guerra
de la administración Bush que acompaña a la intensificación
de los procesos de la apertura comercial a nivel global.
Entonces, la economía global es la economía de la empresa
transnacional, que es global por el alcance y los escenarios en que se
realizan sus operaciones productivas así como su toma de decisiones
y sus correspondientes flujos financieros. Es, pues, un engranaje que
demanda una enorme flexibilidad. La estrategia entonces es clara: sentar
las bases institucionales para la flexibilización del accionar
del capital global, profundizar el proceso de apropiación de los
factores de la función de producción (que serían
básicamente dos: los recursos y servicios naturales y la fuerza
de trabajo) e incorporar nuevos negocios en sectores que precisamente
suponen las mejores posibilidades de incrementar la acumulación
de capital.
Esta estrategia podemos sintetizarla como una agresiva apropiación
de mercados. La economía global se caracteriza por crecientes esfuerzos
de los centros de poder (EU, Europa, Japón) por consolidar sus
mercados, en primer término en sus áreas de influencia directa.
EU realiza este proceso bajo la bandera del libre comercio, y desde 1994
su estrategia ha recibido el nombre de Área de Libre de Comercio
de las Américas (Alca), de la cual no nos ocuparemos aquí,
pero sí apuntaremos un hecho que explica el interés reciente
en el TLCCA. La ascensión de Lula al gobierno de Brasil significa
el mayor escollo en la ejecución de los planes de expansión
de EU, porque aquel país, al ser la mayor potencia económica
de la región latinoamericana, ha presentado diferentes objeciones
al Alca. El ascenso de Lucio en Ecuador, las posiciones de desarrollismo
nacionalista de Chávez en Venezuela y la crisis argentina son también
factores que frenan la implementación del Alca sin que este cambio
de la correlación de fuerzas a nivel latinoamericano signifique
su fin, sino que simplemente señala que la velocidad de su implementación
variará, por lo que actualmente EU privilegia una política
de pequeños pasos. Al existir ahora el Tratado de Libre Comercio
de la América del Norte (TLCAN) es obvio que el próximo
paso es Centroamérica, de lo cual hemos tenido un elocuente prólogo
a través del Plan Puebla-Panamá (PPP).
Hay tres características de la región centroamericana que
determinan el interés de EU en el TLCCA, en el PPP y en el Alca:
La pobreza. El 60% de los mesoamericanos son pobres (el 75% vive con menos
de $2 al día) y además serán desplazados de sus actividades
tradicionales y hasta de sus comunidades como consecuencia de la liberalización
de la agricultura y de la ejecución de los megaproyectos del PPP
-por ejemplo las hidroeléctricas en Guatemala. Se garantiza así
una mano de obra barata. La región tiene cerca de 100 grupos étnicos,
la mayoría de los cuales no sabe mayor cosa sobre las negociaciones
de apertura comercial, a pesar de sus implicaciones.
La biodiversidad. Centroamérica, conjuntamente con el sureste mexicano
-es decir, Mesoamérica-, es conocida como la segunda región
en biodiversidad del planeta: 1.797 especies de mamíferos, 4.153
de aves, 1.882 de reptiles, 944 de anfibios, 1.132 de peces, 75.861 de
plantas sin hablar de innúmeros microorganismos. Se estima que
la región representa un 7% de la biodiversidad conocida de la Tierra.
Además, los bosques de la región y sus enormes reservas
de agua plantean un gran desafío a la voracidad de las transnacionales.
La biodiversidad es hoy un recurso estratégico debido a que las
tecnologías de punta hacen uso de ésta, y si es estratégica
debe ser controlada, y esto es precisamente lo que busca el TLCCA, obviamente
en beneficio de las compañías transnacionales norteamericanas.
La posición geográfica del istmo. Dada su singular posición
geográfica, Centroamérica también será un
corredor terrestre y marítimo para el flujo de bienes hacia el
Norte y hacia los grandes mercados de la economía global. EU concentra
el 80% de su economía entre el río Mississipi y la costa
atlántica, lo que implica una gran dificultad de transportar productos
hacia la costa pacífica (California) con el fin de exportarlos
hacia los mercados del Pacífico asiático, zona con la que
EU desarrolla un intercambio sumamente dinámico.
El presidente Pacheco ha afirmado que las negociaciones en torno al TLC
recién comienzan y no se debe, entonces, adelantar resultados.
Formalmente esto es cierto; sin embargo, y como bien dice nuestro pueblo,
por la víspera se saca el día. Es decir, podemos prever
con suficiente certidumbre cuál podría ser el panorama de
un tratado con EU a la luz de la experiencia del TLCAN, a lo que es conveniente
sumar el perfil ideológico de nuestros negociadores.
El eje del TLCAN es el llamado Capítulo 11, que va más allá
que ningún otro acuerdo o tratado comercial en el mundo al garantizar
una serie de derechos y privilegios a los inversionistas internacionales.
Su aspecto más controversial es que permite a inversionistas privados
demandar a los gobiernos miembros del Tratado de manera directa y a exigirles
compensaciones cuando éstos incumplan cualquiera de las muchas
obligaciones del Capítulo 11. Este poder sin precedentes otorgado
a las corporaciones transnacionales restringe la habilidad de los gobiernos
para proteger el bienestar público y el ambiente, así como
para asegurar que las inversiones ayuden a alcanzar objetivos para el
desarrollo social y económico de los pueblos. El Capítulo
11 logra así garantizar nuevos mercados a las transnacionales norteamericanas
eliminando toda una serie de medidas públicas tendientes al bienestar
de las personas y el ambiente.
El Capítulo 11 del TLCAN no solo se ha usado para impugnar exitosamente
una cantidad de reglamentos sanitarios y ambientales en Canadá,
EU y México, sino que también se ha utilizado para crear
un efecto de enfriamiento para advertir a los gobiernos que no conviene
tomar ciertas medidas reguladoras por temor a violar las disposiciones
acerca de inversiones del TLCAN. Como explica Steven Shrybman, experto
en aspectos jurídicos del comercio, "las disposiciones de
inversionista-estado del TLCAN representan nada menos que un desvío
radical de las normas legales nacionales e internacionales de por lo menos
tres maneras fundamentales. En primer lugar, otorgan a las empresas el
derecho de ejecutar directamente un tratado internacional del cual no
son partes signatarias y según el cual no tienen obligaciones.
Segundo, extienden el arbitraje comercial internacional a reclamaciones
que no tienen nada que ver con contratos comerciales sino con leyes y
políticas gubernamentales. Tercero, crean derechos jurídicos
sustantivos con respecto a expropiación y tratamiento nacional
que van más allá de los que están a disposición
de la ciudadanía o de las empresas locales".
Los gobiernos deberán estar preparados para pagar un alto precio
por el derecho de proteger la salud ambiental, animal y humana en el ámbito
de su mandato. El abogado en asuntos comerciales Barry Appleton explica
que "podrían condimentar la comida de los niños con
plutonio líquido; si se lo prohíbe y la empresa productora
es estadounidense, habrá que pagar una indemnización".
Organizaciones como Public Citizen's Global Trade Watch han informado
que EU se ha empeñado en liberalizar el sector servicios, incluyendo
sanidad, educación, servicios ambientales y servicios hídricos.
Según informa Public Citizen, EU está tratando de expandir
al resto del hemisferio las reglas de proteccionismo empresarial acerca
de patentes, plasmadas en el TLCAN, que otorgan a la empresa titular de
una patente en un país determinado derechos monopólicos
de comercialización, lo que por ejemplo imposibilitaría
el acceso a medicinas tradicionales.
El Grupo de Miami (EU, Canadá, Argentina y Chile) tiene el objetivo
de obligar a los países de las américas a aceptar la biotecnología
y los alimentos genéticamente modificados, lo que responde a los
intereses de empresas como Cargill, Monsanto y Archer Daniels Midland
por encima de los requisitos de supervivencia de los pequeños agricultores,
campesinos y comunidades de toda Latinoamérica.
La posición de EU en el tema de servicios tiene como propósito
fundamental restringir el suministro de servicios de todos los niveles
de gobierno y facilitar el acceso a contratos gubernamentales por parte
de las empresas transnacionales en innumerables áreas, incluyendo
salud, educación, energía, servicios hídricos y de
protección ambiental, propiedad inmobiliaria, seguros, turismo
y muchos otros sectores. Todo esto presenta una grave amenaza para los
programas sociales. Algunos estados, especialmente el costarricense, suministran
servicios de sanidad universal, educación pública, puericultura,
jubilaciones, asistencia social y muchos otros servicios sociales sin
fines de lucro, los cuales están seriamente amenazados por estas
disposiciones.
Posiblemente el mandato del grupo de negociación de acceso a mercados
será seleccionar una metodología y un cronograma para la
eliminación de los aranceles y las barreras no arancelarias restantes,
y acordar el ritmo al que se reducirán los aranceles. Potencialmente,
las barreras no arancelarias incluyen todo lo que hacen los gobiernos,
incluso la prestación de servicios y la protección de la
salud y la seguridad de sus ciudadanos y del ambiente. En esta lógica,
los criterios de acceso a mercados menoscaban la facultad del estado costarricense
de adoptar medidas para la protección de la salud, el bienestar
de las personas y el ambiente, los derechos laborales, los derechos humanos
y muchos otros.
Se espera que la discusión en torno a los derechos de propiedad
intelectual se aboque a "reducir las distorsiones del comercio y
promover y asegurar una adecuada y efectiva protección de los derechos
de propiedad intelectual". Actualmente se ha ido mucho más
allá del alcance inicial de proteger invenciones originales y productos
culturales y ahora se permite la práctica de patentar plantas,
formas animales y semillas.
En materia ambiental, entre 142 países registrados en el índice
de sostenibilidad ambiental, EU ocupa el lugar 51º, por debajo de
Honduras y Costa Rica. Esto nos adelanta perfectamente el nivel de sensibilidad
ambiental que ha de orientar la posición de EU. En el caso del
TLCAN, los ministros de ambiente tienen actualmente una menor jurisdicción
que sus homólogos del sector comercial. Cuando los ministros de
los países del TLCAN anunciaron, en diciembre de 1998, que facultarían
a la Comisión para la Cooperación Ambiental -entidad del
TLCAN que se ha convertido en un organismo de control sin poder- para
examinar los casos relacionados con el Capítulo 11, transgredieron
los límites establecidos por el Ministerio de Relaciones Exteriores
y Comercio Internacional canadiense (DFAIT) y sus instituciones hermanas
de EU y México. Meses después, los ministros de ambiente
invalidaron totalmente los nuevos poderes, limitando a la entidad de tal
forma que casi la desmantelan.
Si bien no existe un grupo de negociación TLCCA dedicado exclusivamente
a temas de energía, es muy probable que se haga eco de las disposiciones
sobre energía que forman parte integral del TLCAN. En ese marco,
los negociadores crearon una política energética liberalizada,
antiambiental y anticonservacionista, fundamentada en exportaciones generadoras
de grandes ganancias a corto plazo y de alto costo, controlada por las
empresas de energía transnacionales, con poco interés en
el aumento de precios y en las consecuencias ambientales de sus acciones.
Si se extendiera al resto del hemisferio este régimen energético
desregulado, tendría consecuencias devastadoras en la lucha contra
el uso excesivo de combustibles fósiles en nuestros países.
Por ejemplo, en Canadá, para cumplir con dichas disposiciones del
TLCAN, se invalidaron los poderes de la entidad reguladora National Energy
Board y se desmanteló la "garantía de suministro vital"
que exigía que Canadá mantuviese un superávit de
gas natural suficiente para 25 años. El acuerdo comercial impuso
un sistema de "repartición proporcional" mediante el
cual el suministro canadiense de energía a EU está garantizado
a perpetuidad. El gobierno de Canadá acordó que ya no tiene
el derecho de "rechazar una solicitud de licencia o revocar o cambiar
una licencia de exportación de energía a EU", aunque
fuese por razones relativas a prácticas ambientales o conservación.
Los acuerdos de libre comercio obligarán a nuestros países
a comprometerse a una política energética controlada por
exportaciones masivas y garantizadas a EU, al control empresarial de las
provisiones y a una política económica que depende más
que nunca de la explotación de recursos primarios. Esta orientación
tiene en la práctica, como consecuencia, la implementación
de estrategias como el Plan Colombia, que a costa de garantizar el control
de EU sobre esos recursos estratégicos da pie a acciones eminentemente
bélicas.
Energía no solo es petróleo, también significa electricidad,
lo que atañe de forma directa a nuestro país, el cual ya
ha sido seleccionado, dentro de la estrategia regional del PPP, para asumir
el papel de suministrador de electricidad a partir del recurso hídrico,
lo que implica enormes impactos ambientales y sociales negativos: tendencia
a la fragmentación del ecosistema fluvial, cambio en los patrones
de flujo de los ríos, desplazamiento de poblaciones, efectos sociales
y culturales negativos sobre las comunidades, efectos negativos ecológicos
sobre flora, fauna acuática y terrestre, productividad agroindustrial
desplazada, cambios al paisaje y otros más. Además, más
allá de los efectos individuales de un solo proyecto, el efecto
sinergético de una cadena de proyectos en una cuenca (por ejemplo
en el río Sarapiquí) es cada vez mayor.
De igual manera, es improbable que, bajo el TLCCA, EU no extienda las
disposiciones del TLCAN en lo referente a recursos hídricos, las
cuales establecen un mercado continental de agua, lo que supone una enorme
presión particularmente en cuanto al agua para uso de las comunidades,
y de hecho anticipa los planes de privatización del suministro
de agua. El Capítulo 3 del TLCAN establece obligaciones, e incluso
derechos de tratamiento nacional, respecto del acceso a mercados para
el comercio de bienes. Utiliza la definición de bienes del Acuerdo
General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt), que claramente incluye
"aguas, incluso aguas naturales o artificiales, y aguas aireadas".
Según los artículos 315 y 309 del TLCAN, ningún país
puede reducir o restringir la exportación de un recurso una vez
establecida su comercialización. Además, ningún gobierno
puede imponer un impuesto a la exportación o cobrar más
a los clientes de otro país del TLCAN que a los clientes nacionales.
Las exportaciones de agua estarían garantizadas al nivel adquirido
durante los 36 meses precedentes; cuanta más agua se exporte, más
será el caudal que se deberá exportar; y aunque se llegara
a determinar que el movimiento masivo de agua daña el ambiente,
dichos requisitos continuarían en vigor.
Si cualquier gobierno intentase mantener los servicios de agua en manos
del estado, las empresas transnacionales tendrían enormes derechos
de indemnización según el Capítulo 11. Esta pérdida
de control público del agua es absolutamente inaceptable para países
como Costa Rica. En conclusión, la explotación actual de
los recursos naturales de la región por parte de empresas canadienses
y estadounidenses aumentaría considerablemente bajo el TLCCA. Las
empresas transnacionales de minería, energía, agua, ingeniería,
silvicultura y pesca tendrían nuevo acceso a la base de recursos
invalorables de cada país y contarían además con
el derecho de impugnar a cualquier gobierno que tratase de limitar dicho
acceso, valiéndose de las disposiciones de inversionista-estado.
La habilidad de los gobiernos, el costarricense entre ellos, para proteger
el bienestar integral de los ciudadanos, el ambiente o establecer normas
ambientales respecto de la extracción de recursos naturales se
vería sensiblemente reducida, al igual que el derecho de garantizar
que las actividades de las empresas extranjeras generen empleos locales.
Respecto de agricultura y seguridad alimentaria debemos apelar a la realidad.
México, después de ocho años en el TLCAN, tiene un
nivel de pobreza sin precedentes: del 70%. Durante esos años el
salario mínimo perdió más de tres cuartos de su poder
adquisitivo. El caso del agro mexicano es sumamente revelador. A nueve
años de existencia del TLCAN, la mayoría de los 25 millones
de campesinos mexicanos se encuentran en bancarrota. Sin embargo, lo peor
está por venir cuando se implemente este año la desgravación
de los productos agrícolas.
En el artículo de Guillermo Correa, "Guerra contra el TLC"
(Proceso, 29-12-02), se dice que "Antes del TLCAN, en 1993, México
importó 8,8 millones de toneladas de granos y oleaginosas; para
el año 2000 se estima una importación de más de 20
millones de toneladas, o sea, 2,3 veces más... En lo que va del
TLCAN, las importaciones ascienden a 13.606 millones de toneladas. Caso
similar sucede con las carnes, frutas de clima templado y demás,
compras que han desplazado a los productores nacionales, aumentando el
desempleo en el campo en más de 1 millón de personas; además
de que han destruido parte de la infraestructura física del país.
"Según los especialistas, México tiene una balanza
comercial crónicamente deficitaria, con una tendencia a crecer.
En nueve años de vigencia del TLCAN, el déficit asciende
a $14.500 millones, cifra equivalente a 4,3 veces el presupuesto para
el campo en 2003
Según datos de la Secretaría del
Trabajo y Previsión Social, la pérdida de empleos es de
1.780.000 fuentes de trabajo, de las cuales casi 600.000 se relacionan
con productores de granos básicos. "De todos los porcicultores,
40% ha abandonado la actividad; lo mismo sucede con 24% de los dedicados
a la papa, al arroz, al maíz". Y así podríamos
profundizar en ejemplos.
Lo expuesto nos lleva a no compartir el optimismo del ministro de comercio
exterior, Alberto Trejos, cuando afirma que "La expansión
y la liberalización del comercio son indispensables para acelerar
el crecimiento económico y promover la creación de empleo
y el desarrollo en nuestros países. Esto es particularmente importante
en el caso de los países centroamericanos cuyo futuro, como economías
pequeñas y en desarrollo, está directamente relacionado
con nuestra capacidad de integrarnos y de participar plenamente en el
mercado internacional".
Consideramos evidente que el TLCCA obedece a la política de pequeños
pasos de EU para garantizar su expansión a todo el hemisferio,
y a la consolidación de sus posiciones dentro de la Organización
Mundial del Comercio (OMC), que precisamente tendrá una de sus
más decisivas rondas de negociaciones en el mes de septiembre en
Cancún, México, donde sin ninguna pretensión sensacionalista
podemos decir que se estará negociando el futuro de la humanidad
cuando se negocien temas como: agricultura, derechos de propiedad intelectual,
organismos genéticamente modificados, inversiones, turismo, energía
y servicios.
Expresamos con honda convicción que no aceptamos el modelo del
TLCCA, el PPP, el Alca y el modelo de intercambio globalizado de la OMC,
y, contrariamente, vislumbramos la posibilidad de un proyecto alternativo
de región, el cual se ha de construir sobre la capacidad de las
comunidades de decidir localmente cuáles son sus propias necesidades
y en qué medida necesitan del comercio internacional, regional
o local. En otras palabras, las economías locales deberán
tener la posibilidad de elegir hasta qué punto quieren ser autosuficientes
y generar su propia riqueza y fuentes de trabajo, al mismo tiempo que
mantienen abierta la opción al comercio. Por supuesto, se requiere
sistemas democráticos y participativos de toma de decisiones económicas,
tanto a nivel nacional como internacional. La toma de decisiones en cuestiones
clave exige procesos verdaderamente democráticos. Un sistema económico
viable y productivo debe fijarse como meta la satisfacción de las
necesidades de todas las personas, con base en un uso equitativo de los
recursos limitados del planeta. La erradicación de la pobreza,
la sustentabilidad social y cultural, la equidad intergeneracional y la
dignidad humana deben ser objetivos clave. Es necesario administrar los
niveles de producción y consumo; y el trato preferencial y diferenciado
para los países y pueblos empobrecidos debería ser un componente
integral de una verdadera estrategia de desarrollo hacia la sustentabilidad
que no podrá alcanzarse a través de ningún acuerdo
que, como el TLCCA, solo busca la hegemonía del interés
comercial, que es el interés de unas cuantas transnacionales que
hoy controlan la riqueza de la humanidad.
|