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El Alca (Área de Libre Comercio de las Américas), cuyo
diseño inicial es de 1994, es un modelo que, siguiendo las mismas
directrices del Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN),
contempla una serie de medidas implementadas y ratificadas por la Organización
Mundial del Comercio (OMC) que en el Alca tienden a ser más rígidas
y más perentorias. Aunque pueda ser muy temprano para evaluar los
impactos socioeconómicos, ecológicos y culturales de ese
tratado de liberalización de mercados, pues las negociaciones aún
no han concluido, podemos inferir que serán similares a los que
se dieron como resultado del TLCAN: aumento del poder de las corporaciones
multinacionales, privatización de los servicios públicos,
decaimiento paulatino de los derechos laborales, aumento en la explotación
de los recursos naturales, "americanización" de las culturas
locales y desplazamiento de pequeños agricultores como resultado
de la creciente inseguridad alimentaría. Considerando la importancia
clave de la agricultura en la región centroamericana, este artículo
examinará las políticas comerciales del Alca y sus potenciales
implicaciones en el sector agrícola de América Central.
Tradicionalmente, las economías de la región han dependido
de la agricultura de subsistencia y de la exportación de cultivos
tradicionales (como café y banano) las cuales dan liquidez a la
economía. El sector agrícola tiene un gran peso en la economía
Centroamericana, con un producto agrícola bruto de alrededor del
10%. Por ejemplo, en Costa Rica, la agricultura contribuye en aproximadamente
un 11% de la economía, y en Honduras, Nicaragua, El Salvador y
Guatemala la dependencia de ese sector es aun mayor. En promedio, en toda
la región, un 60% de la población está ligada a pequeñas
y medianas empresas agrícolas. Por lo tanto, cualquier cambio en
las políticas comerciales en este sector tendrá un impacto
significativo, no solo en la economía y seguridad alimentaria,
sino en la identidad y la cultura de las personas cuya forma de vida está
directamente ligada a la tierra.
De acuerdo con Naciones Unidas, la seguridad alimentaria es "la habilidad
de hogares, localidades, regiones y naciones para comprar y cultivar la
comida suficiente, variada y de calidad para satisfacer sus necesidades
nutricionales". Hoy día, un gran porcentaje de la población
latinoamericana sufre de inseguridad alimentaría y pobreza rural:
más de 90 millones de campesinos latinos y del Caribe viven por
debajo de la línea de pobreza, y 47 millones viven en extrema pobreza.
Pese al crecimiento económico global, la pobreza rural ha crecido
entre un 10 y un 20% en los últimos tres años. Y, desafortunadamente,
las negociaciones del Alca en agricultura podrían incrementar esta
situación en los países involucrados. Para aclarar cómo
el Alca amenaza potencialmente la seguridad alimentaria en la región,
examinaremos aquí las medidas comerciales de eliminación
de aranceles y subsidios y de acceso a mercados, las cuales reestructurarán
significativamente las actuales políticas comerciales.
El Alca busca la eliminación de los aranceles y subsidios para
los agricultores latinoamericanos, mientras los grandes negocios agrícolas
de EU continuarían obteniendo altos montos en subsidios, desembocándose
así en un desbalance comercial en el que los mercados de América
se verían inundados con productos más baratos de la gran
potencia del Norte.
El gobierno de EU invierte cerca de $28 billones anuales en subsidios
a sus agricultores, la mayoría propietarios de extensos terrenos,
lo que equivale a cerca del 40% de las ganancias de los mismos, lo cual
los convierte en competidores muy agresivos en el mercado internacional.
Estas ventajas competitivas les permite exportar el maíz y el trigo
a un precio entre un 20 y un 46% por debajo del costo de producción.
A diferencia de esto, los gobiernos latinoamericanos, siguiendo las directrices
de los programas de ajuste estructural dictados por el Banco Mundial,
el Fondo Monetario Internacional y los acuerdos comerciales, se ven obligados
a invertir cada vez menos en subsidios al sector agrícola, para
mitigar sus deudas externas.
La eliminación de los subsidios para pequeños y medianos
agricultores en México bajo el TLCAN ya ha traído amargas
consecuencias para la población, desde su aprobación en
1994, desplazando a miles de pequeños agricultores. Como resultado,
se estima que unos 600 campesinos migran diariamente a las ciudades. Una
liberalización del comercio con diferencias tan grandes en las
políticas agrarias de los gobiernos solamente supone la creación
de un abismo mayor entre las clases sociales, favoreciendo a las grandes
empresas transnacionales. De acuerdo con la oenegé estadounidense
Public Citizen, los grandes ganadores del TLCAN son los grandes negocios
agrícolas, muchos de los cuales han tenido ganancias asombrosas.
Bajo el TLCAN, la empresa Archer Daniels Midlands ha triplicado sus ganancias:
de cerca de $110 millones a $301 millones, y las ganancias de ConAgra
crecieron de $143 millones a $413 millones.
El tema del acceso a los mercados es difícil de abordar en tanto
las discusiones no sean claras en torno a quién procuran favorecer.
Los mercados locales buscan tener acceso para sus productos con privilegios
sobre los productos importados, de ahí que existan las tarifas
reguladoras tanto para importaciones como para exportaciones. Sin embargo,
con el Alca se busca eliminar estos aranceles, lo que favorecería
a los productos importados (y subsidiados) provenientes de mercados más
poderosos, y apuntalaría las exportaciones de los productos de
las transnacionales que tienen grandes operaciones en los países
latinoamericanos. Los pequeños productores, por lo general, no
son exportadores en el mercado internacional, así que le venden
sus productos a grandes comercializadoras, las cuales se verían
beneficiadas con la reducción en las tarifas de exportación.
Adicionalmente a los impactos sociales de las políticas agrarias,
habría otras graves consecuencias ambientales: daños por
el uso intensivo de agroquímicos que pequeños y medianos
agricultores se verían forzados a utilizar en el afán de
mejorar sus cultivos para competir con las grandes empresas extranjeras;
y, más solapadamente, aumentaría la contaminación
del agua y el aire a causa del aumento del transporte aéreo y marítimo
a través de importaciones y exportaciones.
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