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El cambio climático se agrava, con sus secuelas en ecosistemas
naturales y artificializados y, por ende, también en la economía,
pero la instancia supragubernamental (representativa de los estados constitutivos
de la Onu) a la que se ha encomendado enfrentar el problema no logra avanzar.
Y ello no parece depender de carencia de conocimiento científico
del problema, ni de falta de voluntad de los equipos de asesoría
técnica, sino del entorpecimiento que llevan a cabo algunos gobiernos
en los que la influencia de la industria automotriz, de intereses petroleros
y de ciertos capitales relacionados con las tecnologías "sucias"
es decisiva. En consecuencia, el Protocolo de Kioto sigue sin surtir los
efectos para los que fue firmado ya por la mayoría de los países,
y el mecanismo de desarrollo limpio, en virtud del cual los países
tropicales húmedos pudiéramos estar vendiendo a las economías
desarrolladas el carbono fijado por nuestros bosques, sigue siendo una
quimera. |
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