Eduardo Gudynas

Foro Social de Porto Alegre. Diversidad y ambientalismo


Acaba de finalizar en Porto Alegre (Brasil) el tercer Foro Social Mundial, con más de 100 mil participantes, de los cuales más de 20 mil se registraron para representar a casi 6 mil organizaciones provenientes de unos 150 países. El evento, que nació años atrás haciendo contrapunto al Foro Económico de Davos, se presentó bajo el lema de otro mundo es posible, y para ello albergó desde un gigantesco campamento juvenil (con unas veinte mil personas) hasta seminarios y conferencias, desde conciertos de música hasta exposiciones de libros, y desde multitudinarias marchas hasta talleres con puñados de asistentes.
A lo largo de una semana la diversidad y la heterogeneidad estuvieron siempre presentes. Intentar identificar propuestas precisas emanadas de Porto Alegre resulta casi imposible: por un lado, muchos de esos debates tuvieron lugar en más de 1.000 talleres, seminarios y mesas redondas y, por otro lado, los organizadores repiten que nadie puede hablar en nombre del encuentro. Pero es posible distinguir ejes sobre los que se desarrolló el evento. El primero es la esperanza: en Porto Alegre se congregaron miles de personas que no están resignadas y buscan alternativas (especialmente los brasileños contagiaban la esperanza de que su nuevo gobierno pueda marcar cambios sustantivos). El segundo es la diversidad: todas las voces se pudieron expresar bajo un admirable marco de tolerancia y alegría; las multitudes que transitaban los diferentes locales del Foro convertían a éstos en escenarios para el canto o el teatro; las conferencias alternaban con las discusiones en talleres y la diversidad comenzaba con las vestimentas y los colores de los delegados. Esa misma heterogeneidad demuestra que todavía no se ha llegado a consensuar un grupo de ideas y propuestas que permitan grandes alianzas transversales entre los movimientos sociales. Y, finalmente, como tercer eje es evidente que se reafirmaron compromisos que aglutinan a los participantes: con la justicia social y ambiental.
Las actividades más importantes en Porto Alegre fueron talleres y seminarios convocados por grupos ciudadanos de todo el mundo y conferencias y testimonios de personalidades destacadas. El apoyo organizativo a los talleres y seminarios fue muy pobre, lo que desembocó en un caos durante los primeros días. Se careció de un programa unificado y cientos de personas iban de un edificio a otro buscando una charla o un taller, pero el buen humor terminó prevaleciendo.
Las conferencias y testimonios tuvieron un óptimo resultado. Por ejemplo, un estadio con capacidad para unas 15 mil personas terminó albergando 20 mil jóvenes durante las conferencias del teólogo Leonardo Boff y el escritor Eduardo Galeano.
Como era previsible, la temática ambiental cruzó buena parte de las actividades: fue posible presenciar actividades sobre temas clásicos, como la conservación de áreas naturales, junto a otros más recientes como el patentamiento de la biodiversidad. Los aspectos económicos aparecen una y otra vez en los debates ambientales y el ambientalismo deriva, de esa manera, poco a poco, en una nueva socio-economía. Sin embargo, la tensión entre las opciones del desarrollismo clásico con la preservación de la naturaleza se mantienen. En el debate político se observó que en muchas opciones que defienden una re-orientación interna del desarrollo y mejores prácticas distributivas para reducir la pobreza, se cae en invocar acciones concretas que una vez más apuntan a construir mayores represas, aumentar la minería, fabricar más autos individuales y así sucesivamente. Estos problemas dejan en claro que la problemática de la sustentabilidad debe darle mucho mayor atención al entramado cultural, en especial sobre cómo interpretamos la calidad de vida y el lugar que allí otorgamos a la naturaleza.
Para avanzar en ese terreno se requiere profundizar la reflexión dentro del propio ambientalismo, pero simultáneamente fortalecer sus lazos e interacciones con otros movimientos sociales, tales como el sindicalismo, el campesinado y el feminismo. El Foro Social Mundial cumple un papel clave en ese esfuerzo, en tanto se ha convertido en un escenario donde convergen decenas de movimientos ciudadanos de todo el planeta. Además, en su seno todo debate es posible; allí no prevalecen las verdades del "pensamiento único" que defiende el desarrollismo tradicional, sino que esa postura está en el centro de todas las críticas.