|
Sabemos que el mundo es complejo según quien se relaciona con él.
En las ciencias empíricas es corriente referirse a algún
observador absolutamente informado (desde el diablillo de Laplace hasta
el observador informado de Max Planck) o a un actor con conocimiento perfecto
(p.e., la teoría económica de la competencia perfecta supone
siempre actores de conocimiento perfecto en los mercados). Evidentemente,
desde el punto de vista de un tal observador o actor perfectamente informado
el mundo no es complejo sino simple. Y supongo que para los animales el
mundo tampoco es complejo (actúan por adaptación). Sostener
que el mundo es complejo es una simple afirmación metafísica
y, como tal, irrelevante. Es complejo solamente si suponemos que como
seres humanos actuamos en él. Lo que tenemos como experiencia es
que las soluciones de los problemas que el ser humano enfrenta son complejas.
Todos los problemas relevantes tenemos que enfrentarlos en todos los niveles
de la vida humana para poder encontrarles solución. De este hecho
tenemos que concluir que el mundo mismo es complejo. Pero eso significa
siempre que dada la conditio humana el mundo es complejo, y de esa conditio,
la cual descubrimos al buscar soluciones a nuestros problemas, no tenemos
un conocimiento a priori. Resulta entonces que el ser humano es un ser
infinito atravesado por la finitud, por lo que puede concebir un mundo
de observadores y actores de conocimiento perfecto para los cuales el
mundo no es complejo, para posteriormente derivar que el ser humano no
es eso, sino un ser para el cual el mundo es complejo, es decir, para
el que todas las soluciones de sus problemas son complejas. Por otro lado,
es imposible que el ser humano actúe por pura adaptación.
Frente a esta situación humana de complejidad aparecen los "terribles
simplificadores", como Jakob Burckhardt los llamaba ya en el siglo
XIX. Cuanto más complejo se nos hace el mundo más grande
es la tentación de enfrentar esa complejidad con soluciones de
simplificación primitivas que ofrecen algún principio único
como solución. Varias de estas simplificaciones aparecen desde
el siglo XX, y muchas de ellas están vinculadas a los totalitarismos
de tal siglo. Pero parece que la más extrema la vivimos hoy y viene
precisamente de muchos de aquéllos que hablan tanto de la complejidad
del mundo: se trata de nuestros fundamentalistas del mercado, que llegan
a una conclusión inaudita: porque el mundo es complejo solamente
las soluciones simples -simplistas- resultan aceptables. Esta reducción
de todos los problemas empezó con los neoliberales. Hayek la hace
muy explícita: "Una sociedad libre requiere de ciertas morales
que en última instancia se reducen a la mantención de vidas:
no a la mantención de todas las vidas porque podría ser
necesario sacrificar vidas individuales para preservar un número
mayor de otras vidas. Por lo tanto, las únicas reglas morales son
las que llevan al 'cálculo de vidas': la propiedad y el contrato".
Siendo complejo el mundo, el simplismo de "la propiedad y el contrato"
es la respuesta.
Sin embargo, de la complejidad del mundo podemos saber solamente por el
hecho de que las soluciones son complejas. Pero este hecho se niega para
negar en nombre de una afirmación de por sí metafísica
que las soluciones son complejas. Negada la complejidad de las soluciones
la afirmación de la complejidad del mundo pierde todo significado
real. En nombre de la afirmación metafísica de la complejidad
del mundo se niega la complejidad en la vida real. Hayek desarrolló
su tesis de la complejidad del mundo frente al socialismo soviético,
que efectivamente también respondió a la complejidad del
mundo con una solución simplista expresada en el principio de la
planificación como solución única. Sin embargo, Hayek
nunca criticó este simplismo, porque buscaba un simplismo igual,
aunque desde otro ángulo. No discutió el simplismo, sino
solamente cuál era el simplismo correcto, y contestó que
éste es el simplismo del mercado: "la propiedad y el contrato".
Es decir, sustituyó el simplismo de la planificación por
el simplismo del mercado, lo que explica la llamativa similitud entre
la ideología soviética y la ideología de la estrategia
actual llamada globalización originada en el neoliberalismo, cuyo
exponente más importante sigue siendo Hayek. Las dos ideologías
tienen en común dar una respuesta simplista a una problemática
compleja. Sus diferencias consisten en determinar cuál simplismo
nos corresponde escoger. Sin embargo, nuestro problema hoy es aceptar,
por fin, que las soluciones son complejas, y reconocer la complejidad
del mundo dentro del cual aparece la complejidad de las soluciones. Pero
el fundamentalismo del mercado reacciona al revés. Sigue con su
simplismo para luchar ahora contra la complejidad del mundo. Reducir y,
por fin, eliminar la complejidad del mundo para que el mismo mundo sea
tan simplista como lo es la solución que se ofrece. Toda la estrategia
de globalización del mundo ha desembocado en esta lucha contra
la complejidad del mundo. Efectivamente, para que las soluciones sean
simplistas, el mundo tiene que serlo también. Todo el sistema ahora
se hace agresivo frente a un mundo complejo. La complejidad de las relaciones
entre los seres humanos, la complejidad de la naturaleza, la complejidad
de las culturas: todas estas complejidades falta ahora eliminar para cumplir
con la ilusión de que el simplismo un día pueda funcionar.
Hay una fórmula para este proceso: la eliminación de las
distorsiones del mercado, la cual resume bien lo que es el fundamentalismo
del mercado. Estas distorsiones resultan de la complejidad del mundo.
Cada solución compleja que corresponda a la complejidad del mundo
resulta ser una distorsión del mercado, y su eliminación
destruye la complejidad del mundo y lo hace invivible. Es el proceso de
destrucción que hoy está en curso. Llamar hoy a respetar
la complejidad del mundo significa llamar a terminar con un proceso de
destrucción de la complejidad en pos de hacerla compatible con
las soluciones simplistas de los terribles simplificadores, que hablan
otro lenguaje. Ya lo vimos en Hayek cuando ofrece el mercado como instrumento
único, que sería complejo en sí. Se niega la complejidad
del mundo pero se ofrece esta negación como respeto a la complejidad
del mundo. Es el lenguaje de la novela 1984, de Orwell, en la que guerra
es paz y tortura es amor al prójimo. Este mismo lenguaje aparece
hoy en otro nivel. Se trata del lenguaje sobre el llamado terrorismo.
Lo que hoy los ejecutivos del sistema llaman terrorismo es en sí
una terrible simplificación. El fenómeno al cual se refiere
es sumamente diverso tanto en sus expresiones como en sus causas. La terrible
simplificación lo reduce a algo sumamente simple para responder
en términos igualmente simples. No queda entonces más que
una sola respuesta: el terrorismo de estado. Los terribles simplificadores
ya no ven más que un enfrentamiento entre el terrorismo de otros
y el propio terrorismo de estado. Según la confrontación
aparece entonces el terrorismo total (de estado) contra el terrorismo.
Pero lo que se enfrenta como terrorismo es un fenómeno sumamente
complejo. Exige respuestas en todos los planos de la sociedad. Exige respuestas
en el plano económico de la estrategia de la globalización,
que ya en sí resultó una estrategia terrorista, pero también
en los planos sociales e, inclusive, de la cultura. Pero los terribles
simplificadores reducen todo a un solo problema -lo que llaman terrorismo-
y a una sola respuesta -que es la respuesta del terrorismo de estado,
sea ésta la represión policial, que hoy cada vez más
ha vuelto a la tortura sistemática, o las
guerras de destrucción de países enteros so pretexto de
esta guerra contra el terrorismo. Pero vuelven a hablar de la complejidad.
Cuando hoy amenazan inclusive con la guerra atómica contra países
indefensos, se presentan en nombre del respeto a la complejidad. Un oficial
del gobierno norteamericano recientemente presentó un documento
sobre "Estrategia nacional para combatir armas de destrucción
masiva" (CNN 11-12-2002) en el que en nombre de este combate anuncia
el uso indiscriminado en el mundo de armas de destrucción masiva
en manos de su gobierno. Sobre esta amenaza a todo el mundo, sin embargo,
dice: "Por primera vez se ve una estrategia compleja para enfrentar
una amenaza compleja". Es la amenaza del terrible simplificador expresada
en nombre del respeto a la complejidad. Se simplifica tanto que la destrucción
de todo puede ser el resultado. La discusión sobre la complejidad
del mundo está perdiendo su sentido y será muy difícil
recuperarla.
|