Franz Hinkelammert

Los simplificadores de este complejo mundo


Sabemos que el mundo es complejo según quien se relaciona con él. En las ciencias empíricas es corriente referirse a algún observador absolutamente informado (desde el diablillo de Laplace hasta el observador informado de Max Planck) o a un actor con conocimiento perfecto (p.e., la teoría económica de la competencia perfecta supone siempre actores de conocimiento perfecto en los mercados). Evidentemente, desde el punto de vista de un tal observador o actor perfectamente informado el mundo no es complejo sino simple. Y supongo que para los animales el mundo tampoco es complejo (actúan por adaptación). Sostener que el mundo es complejo es una simple afirmación metafísica y, como tal, irrelevante. Es complejo solamente si suponemos que como seres humanos actuamos en él. Lo que tenemos como experiencia es que las soluciones de los problemas que el ser humano enfrenta son complejas. Todos los problemas relevantes tenemos que enfrentarlos en todos los niveles de la vida humana para poder encontrarles solución. De este hecho tenemos que concluir que el mundo mismo es complejo. Pero eso significa siempre que dada la conditio humana el mundo es complejo, y de esa conditio, la cual descubrimos al buscar soluciones a nuestros problemas, no tenemos un conocimiento a priori. Resulta entonces que el ser humano es un ser infinito atravesado por la finitud, por lo que puede concebir un mundo de observadores y actores de conocimiento perfecto para los cuales el mundo no es complejo, para posteriormente derivar que el ser humano no es eso, sino un ser para el cual el mundo es complejo, es decir, para el que todas las soluciones de sus problemas son complejas. Por otro lado, es imposible que el ser humano actúe por pura adaptación.
Frente a esta situación humana de complejidad aparecen los "terribles simplificadores", como Jakob Burckhardt los llamaba ya en el siglo XIX. Cuanto más complejo se nos hace el mundo más grande es la tentación de enfrentar esa complejidad con soluciones de simplificación primitivas que ofrecen algún principio único como solución. Varias de estas simplificaciones aparecen desde el siglo XX, y muchas de ellas están vinculadas a los totalitarismos de tal siglo. Pero parece que la más extrema la vivimos hoy y viene precisamente de muchos de aquéllos que hablan tanto de la complejidad del mundo: se trata de nuestros fundamentalistas del mercado, que llegan a una conclusión inaudita: porque el mundo es complejo solamente las soluciones simples -simplistas- resultan aceptables. Esta reducción de todos los problemas empezó con los neoliberales. Hayek la hace muy explícita: "Una sociedad libre requiere de ciertas morales que en última instancia se reducen a la mantención de vidas: no a la mantención de todas las vidas porque podría ser necesario sacrificar vidas individuales para preservar un número mayor de otras vidas. Por lo tanto, las únicas reglas morales son las que llevan al 'cálculo de vidas': la propiedad y el contrato". Siendo complejo el mundo, el simplismo de "la propiedad y el contrato" es la respuesta.
Sin embargo, de la complejidad del mundo podemos saber solamente por el hecho de que las soluciones son complejas. Pero este hecho se niega para negar en nombre de una afirmación de por sí metafísica que las soluciones son complejas. Negada la complejidad de las soluciones la afirmación de la complejidad del mundo pierde todo significado real. En nombre de la afirmación metafísica de la complejidad del mundo se niega la complejidad en la vida real. Hayek desarrolló su tesis de la complejidad del mundo frente al socialismo soviético, que efectivamente también respondió a la complejidad del mundo con una solución simplista expresada en el principio de la planificación como solución única. Sin embargo, Hayek nunca criticó este simplismo, porque buscaba un simplismo igual, aunque desde otro ángulo. No discutió el simplismo, sino solamente cuál era el simplismo correcto, y contestó que éste es el simplismo del mercado: "la propiedad y el contrato". Es decir, sustituyó el simplismo de la planificación por el simplismo del mercado, lo que explica la llamativa similitud entre la ideología soviética y la ideología de la estrategia actual llamada globalización originada en el neoliberalismo, cuyo exponente más importante sigue siendo Hayek. Las dos ideologías tienen en común dar una respuesta simplista a una problemática compleja. Sus diferencias consisten en determinar cuál simplismo nos corresponde escoger. Sin embargo, nuestro problema hoy es aceptar, por fin, que las soluciones son complejas, y reconocer la complejidad del mundo dentro del cual aparece la complejidad de las soluciones. Pero el fundamentalismo del mercado reacciona al revés. Sigue con su simplismo para luchar ahora contra la complejidad del mundo. Reducir y, por fin, eliminar la complejidad del mundo para que el mismo mundo sea tan simplista como lo es la solución que se ofrece. Toda la estrategia de globalización del mundo ha desembocado en esta lucha contra la complejidad del mundo. Efectivamente, para que las soluciones sean simplistas, el mundo tiene que serlo también. Todo el sistema ahora se hace agresivo frente a un mundo complejo. La complejidad de las relaciones entre los seres humanos, la complejidad de la naturaleza, la complejidad de las culturas: todas estas complejidades falta ahora eliminar para cumplir con la ilusión de que el simplismo un día pueda funcionar. Hay una fórmula para este proceso: la eliminación de las distorsiones del mercado, la cual resume bien lo que es el fundamentalismo del mercado. Estas distorsiones resultan de la complejidad del mundo. Cada solución compleja que corresponda a la complejidad del mundo resulta ser una distorsión del mercado, y su eliminación destruye la complejidad del mundo y lo hace invivible. Es el proceso de destrucción que hoy está en curso. Llamar hoy a respetar la complejidad del mundo significa llamar a terminar con un proceso de destrucción de la complejidad en pos de hacerla compatible con las soluciones simplistas de los terribles simplificadores, que hablan otro lenguaje. Ya lo vimos en Hayek cuando ofrece el mercado como instrumento único, que sería complejo en sí. Se niega la complejidad del mundo pero se ofrece esta negación como respeto a la complejidad del mundo. Es el lenguaje de la novela 1984, de Orwell, en la que guerra es paz y tortura es amor al prójimo. Este mismo lenguaje aparece hoy en otro nivel. Se trata del lenguaje sobre el llamado terrorismo.
Lo que hoy los ejecutivos del sistema llaman terrorismo es en sí una terrible simplificación. El fenómeno al cual se refiere es sumamente diverso tanto en sus expresiones como en sus causas. La terrible simplificación lo reduce a algo sumamente simple para responder en términos igualmente simples. No queda entonces más que una sola respuesta: el terrorismo de estado. Los terribles simplificadores ya no ven más que un enfrentamiento entre el terrorismo de otros y el propio terrorismo de estado. Según la confrontación aparece entonces el terrorismo total (de estado) contra el terrorismo. Pero lo que se enfrenta como terrorismo es un fenómeno sumamente complejo. Exige respuestas en todos los planos de la sociedad. Exige respuestas en el plano económico de la estrategia de la globalización, que ya en sí resultó una estrategia terrorista, pero también en los planos sociales e, inclusive, de la cultura. Pero los terribles simplificadores reducen todo a un solo problema -lo que llaman terrorismo- y a una sola respuesta -que es la respuesta del terrorismo de estado, sea ésta la represión policial, que hoy cada vez más ha vuelto a la tortura sistemática, o las
guerras de destrucción de países enteros so pretexto de esta guerra contra el terrorismo. Pero vuelven a hablar de la complejidad. Cuando hoy amenazan inclusive con la guerra atómica contra países indefensos, se presentan en nombre del respeto a la complejidad. Un oficial del gobierno norteamericano recientemente presentó un documento sobre "Estrategia nacional para combatir armas de destrucción masiva" (CNN 11-12-2002) en el que en nombre de este combate anuncia el uso indiscriminado en el mundo de armas de destrucción masiva en manos de su gobierno. Sobre esta amenaza a todo el mundo, sin embargo, dice: "Por primera vez se ve una estrategia compleja para enfrentar una amenaza compleja". Es la amenaza del terrible simplificador expresada en nombre del respeto a la complejidad. Se simplifica tanto que la destrucción de todo puede ser el resultado. La discusión sobre la complejidad del mundo está perdiendo su sentido y será muy difícil recuperarla.