Otra conferencia sobre cambio climático que ignora las causas de éste

Gabriel Rivas


Los resultados de la Octava Conferencia de las Partes Contratantes de la Convención sobre el Cambio Climático (COP8), celebrada en Nueva Delhi en octubre de 2002, han demostrado una vez más la incapacidad de la llamada "comunidad internacional" y la Organización de Naciones Unidas para lograr acuerdos que permitan un combate efectivo del cambio climático. Las negociaciones en torno al Protocolo de Kioto no mostraron mayor progreso y se volvieron a sentir las tácticas dilatorias y manipuladoras de países como Estados Unidos y Arabia Saudita, con el fin de impedir cualquier acuerdo de trascendencia. A pesar de la mucha retórica y los reconocimientos verbales acerca de la necesidad de emprender acciones concretas, la COP8 fracasó -como las que le antecedieron- en establecer un proceso para por lo menos empezar a discutir seriamente cómo cumplir con los objetivos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992.
El fracaso de la COP8 -similar al de las anteriores- se refleja en la muy débil declaración final, que no mostró mayores avances respecto de cómo la humanidad logrará desarrollar un nuevo modelo energético. Sobre las importantes contribuciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC) (el grupo científico encargado de hacer los reportes correspondientes a Naciones Unidas) no se atreve más que a indicar que sus descubrimientos deben ser considerados en el proceso de negociaciones. Sobre el tema de la reducción de las emisiones vuelve a hacer "un llamado" a los países industrializados a tomar medidas para cumplir con los objetivos de la Convención sin renovar el carácter de urgencia del problema y sin conseguir poner en marcha un verdadero proceso de reducción de aquéllas. Etcétera. La situación llegó a tal extremo que en el primer borrador de la declaración no se mencionaba el Protocolo de Kioto de 1997 (que obliga a los países industrializados a reducir sus emisiones de efecto invernadero), lo cual causó profundo disgusto en diversas delegaciones gubernamentales y no gubernamentales.
En la práctica, hemos visto cómo las conversaciones (porque no podríamos hablar de una verdadera negociación) se han movido del asunto central de cómo combatir y/o mitigar eficazmente las causas del cambio climático al asunto periférico de cómo adaptarse al fenómeno, hecho que consideramos de suma gravedad, ya que muestra que no hay una verdadera orientación de solución hacia el futuro y las decisiones de importancia fundamental son simplemente "aplazadas" para ser discutidas en reuniones futuras.

Otro acontecimiento irritante es la posición de países como Rusia, que cuestiona la validez de la base científica ofrecida por el PICC y ha convocado a una llamada conferencia mundial sobre cambio climático a ser realizada en septiembre-octubre del próximo año. Esta posición está muy en la línea de los institutos más conservadores de EU -ligados al Partido Republicano y citados en ocasión por el Movimiento Libertario de Costa Rica-, como el Cato Institute (ver Patrick J. Michaels. "Glaciares del Kilimanjaro", en La Nación 17-11-2002: 18ª). [Una visión opuesta puede verse en: New Economics Foundation and the Bangladesh Centre for Advanced Studies. "The End of Development? Global warming, disasters and the great reversal of human progress", en http://www.neweconomics.org/uploadstore/pubs/e_o_d.pdf; también en: Juan Forero. "As Andean Glaciers Shrink, Water Worries Grow", en The New York Times November 24 2002; y asimismo en el estudio de especialistas estadounidenses "Global warming to devastate water in US West" (owner-irn-wcd@netvista.net)].
Tampoco fue sorpresa que en Nueva Delhi el negociador en jefe de EU, Harlan Watson, declarase con total claridad que "nosotros no ratificaremos el Protocolo de Kioto ni hoy, ni mañana, ni nunca", aduciendo que dichas medidas de reducción de emisiones disminuirían el crecimiento industrial de su país en un 35%, posición que no es de extrañar si consideramos las políticas de la actual administración estadounidense (incluyendo su afán de dominio militar de zonas de producción petrolera), la cual sigue siendo la principal objetora del Protocolo de Kioto. A esto se une la decisión de ese mismo país de no participar en las negociaciones sobre el nuevo tratado internacional que pretende incrementar el derecho del público a conocer acerca de potenciales fuentes de polución. Protocolo ése, bajo la Convención de Aarhus -de 1998- sobre Participación Pública, que exigiría a los países participantes recoger y publicar información sobre la cantidad y la calidad de contaminantes liberados desde fuentes industriales y a través de fuentes difusas como el tráfico.

Otro de los resultados (mejor dicho, fracasos) fue que la discusión sobre qué tipo de proyectos de sumidero serían admitidos bajo el mecanismo de desarrollo limpio (MDL) fue pospuesta hasta la realización de un taller en febrero de 2003 que palpará las negociaciones a iniciarse hacia mediados de año. De particular atención fue que no hubo disposición a desechar las plantaciones a gran escala de árboles (monocultivos arbóreos) del portafolio de proyectos, a pesar de los últimos descubrimientos científicos que, particularmente los del prestigioso programa Carbo Europe -programa europeo pionero en la investigación de los llamados carbon budget-, publicados en la revista New Scientist (http://www.newscientist.com/news/news.), indican que la pretensión de considerar que las plantaciones de árboles ayudarán a detener el cambio climático están basadas en una falacia científica.
Oficialmente, el Protocolo de Kioto indica que una de las formas a través de las cuales los países pueden alcanzar sus metas de reducción de emisiones es a través de la promoción de plantaciones de árboles para "capturar" dióxido de carbono. Los resultados indican que tales plantaciones, en lugar de capturar eficientemente dicho gas de efecto invernadero (afirmación que da pie a reclamar "créditos de carbono", o sea, fondos para su expansión), más bien se convertirán en emisoras netas de dicho gas debido a la liberación de CO2 contenido en el suelo, emitido a la atmósfera durante las tareas propias de preparación de la plantación y durante su posterior procesamiento una vez cosechada la plantación.
Estas revelaciones cayeron como un balde de agua fría sobre los promotores de las plantaciones de árboles, ya que han mostrado una vez más que la manera más efectiva de utilizar los bosques en la lucha contra el cambio climático es conservándolos y promoviendo la sucesión ecológica (reconstrucción natural) de ellos. A la vez, se convierte en un fuerte argumento para rechazar la pretensión (promovida inclusive por el Protocolo de Kioto) del reclamo de créditos de carbono (cuando en realidad lo que se produce es una liberación de carbono) a través de la iniciativa perversa de la promoción de plantaciones de árboles y lo que es potencialmente peor: la destrucción de bosques ya existentes para su substitución por plantaciones muchas veces de especies exóticas.
Con similar escepticismo se recibió la iniciativa llamada BioCarbon Fund (http://www.biocarbonfund.org/), anunciada a principios de noviembre por el Banco Mundial como una iniciativa conjunta entre entes públicos y privados para proveer financiamiento, consistente en $100 millones, para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y que según ese Banco creará una oportunidad sin precedentes para campesinos pobres para obtener ingresos vía créditos de carbono por acciones de captura o conservación de carbono, al promover tanto la reducción de gases de efecto invernadero como la conservación del suelo, la biodiversidad y el mejoramiento de las condiciones de vida de comunidades locales en países pobres.

Ante esta triste realidad, la opinión de Amigos de la Tierra Internacional es clara: la comunidad internacional nuevamente ha fracasado en dar los pasos necesarios para detener la catástrofe climática. Millones de personas empobrecidas alrededor del mundo pagarán por esta falta de compromiso al aumentar la cantidad de emisiones y los impactos ambientales y sociales producto de éstas. En el futuro, con el fin de lograr resultados más efectivos, creemos que debemos profundizar nuestra alianza con otros movimientos sociales y luchar en forma conjunta por alcanzar una justicia climática a partir de una postura de resistencia. Las comunidades afectadas por innumerables desastres en los países empobrecidos exigen una acción urgente para luchar en forma efectiva contra el cambio climático y proteger así su fuente de subsistencia de una manera consistente con los derechos humanos y la justicia ambiental, a partir primero que todo de una reducción efectiva de las emisiones de gases de efecto invernadero en los países más contaminantes, empezando por el mayor de ellos: Estados Unidos, de un cese de la expansión de la industria petrolera, de una inversión alternativa en el desarrollo de un modelo energético sustentable y de la promoción de una protección efectiva y comunitaria de los bosques.

Gabriel Rivas-Ducca, biólogo, es integrante del grupo ecologista Coecoceiba-Amigos de la Tierra Costa Rica.