Necesidades y política energética en Costa Rica


Gloria Villa

Es directora sectorial de Energía del Ministerio del Ambiente y Energía.


La planificación energética integral se inició en el país a finales de 1979, con la elaboración de los primeros balances nacionales de energía que, a partir de entonces, se han mantenido actualizados. Esta información, junto con la obtenida por medio de encuestas de consumo de energía por sectores y la aplicación de distintos modelos, permite efectuar un análisis profundo e integrado del sector, estimar la demanda interna en el largo plazo para todos los energéticos y establecer planes nacionales de energía.
El primer plan de desarrollo energético integral se elaboró en 1986, actualizándose en 1990 y 2000. Hoy se cuenta ya con una propuesta de IV Plan Nacional de Energía, el cual está en proceso final de revisión y consultas, previo a su publicación.
Costa Rica cuenta con gran cantidad de recursos naturales que podrían utilizarse con fines energéticos, pero de ese amplio potencial (figura 1) se aprovecha solo una pequeña proporción, y la dependencia del petróleo y sus derivados se ha incrementado, pasando de representar el 48% en 1990 a cerca del 71% del consumo energético nacional en 2000. Mientras, en este mismo año, el consumo de electricidad constituyó el 21% y el de biomasa el 8% del total (figura 2). Esto ha obligado a dedicar, en los últimos 15 años, entre el 5 y el 17% de los ingresos por exportaciones al pago de la factura petrolera (en el año 2000 ésta fue de $ 475 millones), lo que nos coloca en una situación de desventaja y alta vulnerabilidad ante eventos externos.
El consumo energético ha crecido en la última década a tasas promedio del 3,9% anual, incremento que se debe fundamentalmente al aumento del consumo de los derivados del petróleo (6%) y de la electricidad (5%), productos que combinados representan cerca del 90% del consumo nacional. Entre los derivados del petróleo, el diesel es el de mayor consumo (38%), seguido por las gasolinas (35%) y el fuel oil (12%).
Los alrededor de 17 millones de barriles de petróleo que consume Costa Rica actualmente se utilizan principalmente para el transporte (48,5%), la industria (27%), la vida doméstica (18%) y el comercio (6,5%). El sector transporte es responsable del consumo del 82,1% del diesel y del 99% de las gasolinas, mientras que el sector residencial absorbe el 45,4% de la electricidad y el 72,7% de la leña. Por esto, el problema energético se puede resumir en el alto consumo de diesel para transporte y el elevado consumo doméstico de electricidad, que obligan a importar grandes cantidades de combustibles y a realizar altas inversiones en generación eléctrica para garantizar el suministro energético en todo momento.
Las expectativas de crecimiento económico nacional, con tasas promedio del Pib del 5% anual en los próximos 15 años, hacen prever incrementos importantes en el consumo de energía. Para el año 2016 las necesidades de ésta se duplicarán, lo que obliga a actuar de modo que el crecimiento del sector se planifique correctamente, haciendo un esfuerzo por lograr la mayor eficiencia posible tanto en la oferta como en el consumo de la energía.

Siendo la energía un bien fundamental para el desarrollo del país, es claro que el estado debe velar por que su abastecimiento sea garantizado, de modo que no se afecte en ningún momento las actividades productivas ni la calidad de vida de la población. Igualmente, debe velarse por que ese desarrollo sea acorde con las políticas de conservación y protección de recursos. Por esto, como dice el Plan Nacional de Energía 2000-2015 (de enero de 2000), "las directrices políticas en materia de energía, constituyen un conjunto de principios, metas y estrategias que orientan el desarrollo energético nacional en una forma sostenible, coherente e integrada, relacionándolo permanentemente con la política socioeconómica que el país impulsa y mantiene para el desarrollo armonioso de la sociedad costarricense".
Nuestra política energética se fundamenta en cuatro principios generales: (a) asegurar que el desarrollo energético contribuya a mantener el equilibrio social, económico, político y ambiental; (b) lograr que el sector energía contribuya al desarrollo sostenible y al mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes; (c) reducir la vulnerabilidad de la infraestructura energética y del abastecimiento externo, y (d) mantener el papel del estado en las actividades relacionadas con el aprovechamiento de los recursos energéticos.
Las acciones del sector energía están orientadas a satisfacer el objetivo fundamental de asegurar el abastecimiento y uso de la energía en la cantidad, calidad y diversidad de fuentes compatibles con el desarrollo sostenible de nuestra sociedad. Para alcanzar los objetivos propuestos se requiere poner en práctica estrategias y acciones bien definidas en cada una de las áreas del quehacer del sector energía. Así, el Plan Nacional de Energía plantea estrategias en las áreas de desarrollo de potencial energético, producción e importación, almacenamiento, transporte y distribución, administración de la demanda, financiamiento y política de precios, el área institucional y organización y conservación de recursos y ambiente.
La política energética se propone lograr una oferta energética de calidad y con precios competitivos, con participación pública y privada en el marco de regulaciones claras y transparentes, que respete y promueva el proceso de gestión integrada de cuencas, con participación creciente y sostenida de fuentes nuevas y renovables y menos contaminantes, con prevención y mitigación de las afectaciones ambientales, con menor vulnerabilidad y riesgos en todas las etapas de la cadena. Por otro lado, busca racionalidad y eficiencia en el uso de la energía, con empleo de tecnologías que permitan el aprovechamiento de fuentes alternas y equipamiento de mayor eficiencia, confiables y ambientalmente amigables, contando para ello con una cultura de uso racional en todos los sectores de consumo.
Es cierto que Costa Rica cuenta con una amplia provisión de recursos naturales, pero también lo es que los requerimientos de energía de nuestra sociedad se incrementan continuamente, por lo que es necesario alcanzar un equilibrio entre la conservación de recursos y su aprovechamiento que nos permita contar con los insumos necesarios para alcanzar un desarrollo sostenible. Esto es en última instancia lo que busca el Plan Nacional de Energía.