Presentación


En Costa Rica hemos venido adorando al Ice (Instituto Costarricense de Electricidad) -más con razón que sin ella- y avalando sin cortapisas sus políticas. El apogeo del amor ocurrió cuando el país casi entero se unió enfebrecido en las calles rechazando los intentos de privatizar esa empresa, intentos perpetrados por unos gobernantes que -por cierto- hubieran acentuado en vez de corregir los defectos de la institución que hoy, en la resaca del idilio, denuncian los ecologistas ticos. La defensa del Ice era para dejarlo al servicio de la sociedad -parece que reclaman ahora los críticos-, no para que el ente se envaneciera y se consagrara a su engrandecimiento autista, ni para que deviniera un coloso de la electricidad y las ganancias ni tampoco un competidor en el mercado centroamericano de la energía. La lucha era -pareciera que nos dicen- solo para que el Ice proveyera la energía eléctrica estrictamente necesaria al pueblo que lo hizo y que lo salvó, salvaguardando rigurosamente el entorno ecosistémico de ese pueblo, protegiendo toda la vida y los recursos sin los que la identidad de ése cambiaría trágicamente.
En esta páginas, dirigentes y activistas del movimiento ambientalista tico sostienen que la orientación actual del Ice consiste en un desarrollismo hidroeléctrico a ultranza. Reconociendo las incursiones de la empresa en la producción de electricidad proveniente de otras fuentes, insisten en que los esfuerzos en este sentido son muy insuficientes y en que la necedad de seguir represando ríos, en contra de la voluntad y los intereses de comunidades indígenas y campesinas, es ecológica y socialmente nefasta.
Otro autor en esta edición refuta a los críticos, otra explica la política energética nacional y uno más argumenta contra los acuerdos del Ice con los productores privados de electricidad.