Presentación.

La manipulación genética en plantas y animales para -en última instancia- elevar la productividad en procesos de producción económica (agrícolas, pecuarios…) es muy atractiva pero, simultáneamente, riesgosa. Así como es un hecho que cosechas de diversos cultivos se han visto significativamente acrecentadas sin aumentarse los costos, también es un hecho que algunas especies naturales han sido ya afectadas por la "contaminación" de otras genéticamente modificadas, alterándose consecuentemente el equilibrio ecosistémico de vastas regiones.

Hay quienes dicen que las modificaciones genéticas deben ser controladas por el estado y también por la ciudadanía y, si así se ejecutan, no hay peligros potenciales que cobren realidad. Otros sostienen que dentro del actual ordenamiento social los ciudadanos pueden ser burlados, el estado puede ser manejado con criterios capitalistas estrechos o también engañado y los capitales "biotecnológicos" podrán entonces operar preocupándose solamente por sus ganancias y sin cautela alguna frente a la salud humana y la naturaleza.

En esta edición presentamos diversas posturas respecto de los transgénicos, predominando aquéllas desde las que se desconfía de éstos. En los escritos que damos a conocer resalta la reivindicación de que ante la incertidumbre que existe de cara a la problemática de los transgénicos (la ciencia aún no es capaz de dar respuestas a las muchas interrogantes, ni tampoco de generar soluciones o modos eficaces de enfrentamiento de los riesgos) lo prudente es abstenerse de su uso… hasta que la incertidumbre desaparezca y con certeza se sepa que el riesgo es insignificante.