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Contaminación transgénica de maíz en México queda impune Silvia Ribeiro --- |
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Hace catorce meses, la industria agrobiotecnológica despertó en medio de una pesadilla: acababa de reportarse que la contaminación transgénica había pegado justo en el centro de origen del maíz en México. En estos catorce meses se han dado la Cumbre de Monterrey sobre Financiamiento para el Desarrollo (marzo), el décimo aniversario de la Convención sobre Diversidad Biológica (abril), otra Cumbre Mundial sobre Alimentación (junio) y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable en Johanesburgo (septiembre). ¿Cómo hicieron los gigantes genéticos (grandes corporaciones apoyadas por EU) para eludir condenas y abrirse paso en todos esos foros terminando el año vilipendiando a los gobiernos de los países del sur de África (ubicados a medio mundo de distancia de la "escena del crimen") por rechazar las semillas transgénicas?
Primera maniobra: negació - Un año después de que el gobierno mexicano anunciara que en dos de sus estados el maíz estaba contaminado con variedades transgénicas, ni México, que es el centro de origen y diversidad del maíz -uno de los cultivos alimentarios más importantes del mundo-, ni la comunidad internacional preocupada por los recursos genéticos, han dado pasos constructivos y coherentes para detener, detectar ampliamente o revertir la contaminación. Mientras crecía la indignación de los campesinos locales, la primera reacción de los científicos pro-transgénicos (del sector público y privado) fue negar todo: los informes, decían ellos, estaban equivocados. México (al menos inicialmente) y los dos investigadores (uno mexicano, otro estadounidense) de la Universidad de Berkeley que entregaron las primeras evidencias mantuvieron sus argumentos. Cuando se corrió la voz de que la revista Nature estaba sometiendo a dictamen el estudio de los investigadores de Berkeley, la pesadilla de la industria se convertía en tangible realidad.
Segunda maniobra: distracción- Rápidamente, los magos de relaciones públicas de la biotecnología tomaron el control y a través de científicos amigos emprendieron una enérgica campaña para desacreditar científica y políticamente a los investigadores que presentaron las evidencias de la contaminación. En vez de negar la contaminación (que científicamente era innegable), se distrajo la atención orquestando una discusión sobre la metodología de la investigación; esta estrategia adquirió más importancia en noviembre de 2001, cuando se publicó el artículo de Nature confirmando la contaminación. Una buena riña científica, basada en el raciocinio de la industria, tuvo la capacidad de oscurecer el horizonte e inmovilizar por meses a la comunidad preocupada del germoplasma agrícola.
Cimmyt Limitada - El Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo en México (Cimmyt), una de las estrellas del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (Cgiar), instituto líder en conservación y mejoramiento de maíz de los países del Sur, ante el hecho se limitó a hacer cautas declaraciones sobre la necesidad de claridad científica y a prometer ayuda por cualquier vía que no implicara acción real. El Cimmyt, que tiene a su cargo la colección pública de germoplasma de maíz más grande del planeta, formada a partir de contribuciones de campesinos de todo el mundo, a partir de varios estudios que emprendió concluyó que su banco de genes no estaba contaminado. Y -siempre dependiente del financiamiento de EU, y cada vez más dependiente de las tecnologías de las corporaciones biotecnológicas- se negó a reconocer públicamente que la contaminación de maíz transgénico en México fuera una realidad, y a apoyar públicamente la moratoria vigente del gobierno mexicano sobre el cultivo de maíz transgénico. Sin embargo, curiosamente, aceptó que la situación obligaba a iniciar una moratoria sobre la recolección de semillas en México para su banco. Al darse cuenta de que el principio de precaución era totalmente ignorado, y de que se pisoteaba
Tercera maniobra: demora - Tuvo éxito la táctica de la industria de distraer la atención de los hechos. Finalmente, Nature se arrepintió de haber publicado el estudio dictaminado por pares y se logró sembrar la duda respecto de las investigaciones hechas en México y Berkeley. Logrado esto, sin embargo, todavía quedaba el peligro de que, a mediados del año, la atención se volviera a centrar en la realidad obvia de que, más allá de metodologías, las parcelas de los campesinos se estaban llenando de caracteres transgénicos en al menos dos estados mexicanos. La solución lógica era pedir más estudios. México anunció que dos importantes institutos científicos nacionales saldarían la discusión metodológica mediante estudios independientes cuyos resultados -proponía- podrían publicarse en Nature como artículos dictaminados por pares. Llamados a actuar, la Fao y el Cgiar contestaron que esperaban el informe final de México. Mientras tanto, la Cumbre Mundial de la Alimentación, en Roma, ocurrió sin tener en agenda la contaminación transgénica. Lo mismo pasó con la Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable, en Johanesburgo. Los campesinos en México seguían condenados a la espera.
Apenas a fines de octubre de 2002, contestando a las preguntas de la prensa, un alto representante del gobierno mexicano declaró que Nature había rechazado el estudio de las dos instituciones académicas mexicanas: uno de los dictaminadores de Nature argulló que la realidad de la contaminación era demasiado obvia como para preocuparse en publicarla, y el otro adujo que los estudios todavía tenían fallas.
Cuarta maniobra: condena - Con los científicos y la prensa científica en estado de caos, el hambre y la sequía en el sur de África brindó a la industria biotecnológica una nueva oportunidad para convertir la contaminación en virtud. Desde el principio, los entusiastas de la biotecnología habían dicho que si se demostraba la contaminación en México, la industria semillera no solamente habría obsequiado sus caracteres patentados sino que también estaría contribuyendo a la diversidad genética. Cuando varios países africanos expresaron su alarma por que la ayuda alimentaria plagada de transgénicos pudiera implicar riesgos de salud, ambientales y de comercio para sus poblaciones, los funcionarios estadounidenses les recriminaron diciendo que "los mendigos no pueden elegir" y acusaron a los gobiernos africanos de condenar voluntariamente a sus poblaciones al hambre. Aunque otras naciones ofrecieron alimentos no transgénicos, EU y la industria biotecnológica presionaron a Fao, al Programa Mundial de la Alimentación y a la Organización Mundial de la Salud para que urgieran a los gobiernos a aceptar la ayuda alimentaria transgénica. En lugar de enfocarse en las amenazas que acarrea la contaminación en el ambiente y la seguridad alimentaria, la Cumbre de Johanesburgo se enfrascó en un debate sobre los "despóticos" gobernantes africanos y la suprema urgencia de brindarle comida a los hambrientos. No hubo espacio para la discusión de ayudas alimentarias alternativas ni sobre el derecho humano a una alimentación sana y culturalmente apropiada.
La contención- Catorce meses después de que se revelara la contaminación transgénica en México, no se ha hecho nada para cambiar, ni siquiera para monitorear, la contaminación transgénica que fluye con los embarques comerciales a México. El gobierno mexicano no ha entregado a su propia población la información sobre los resultados encontrados, exceptuando los informes parciales de Ine-Conabio. No sabemos nada de la contaminación posible en otros estados de ese país. No hay nuevas regulaciones. Ni México, ni Cgiar ni Fao han realizado nuevos estudios sobre el impacto de la contaminación transgénica en los centros de diversidad de los cultivos. No se han hecho estudios sobre las implicaciones legales de la diseminación, en los campos de los agricultores, de caracteres patentados. No tenemos información adicional sobre estrategias generales para prevenir la contaminación en los bancos de genes. No se han hecho estudios más extensos en ninguna parte del mundo sobre las posibilidades de contaminación en otros centros de diversidad de los cultivos. Irónicamente,
la industria biotecnológica presiona para que se termine la moratoria
de cultivo de maíz transgénico en México, pero a
la vez impone nuevas regulaciones para frenar la contaminación
en EU. En un intento por evitar el temor del público por los derrames
genéticos, la industria biotecnológica estadounidense anunció
hace pocas semanas que adoptaría una moratoria voluntaria a la
plantación de cultivos "farmacéuticos" (cultivos
modificados genéticamente para producir fármacos, químicos
o plásticos) en las principales regiones de cultivos agroalimentarios
de EU y Canadá. Para los gigantes genéticos, sin embargo,
la motivación primaria no es la bioseguridad sino contener otro
desastre de relaciones públicas. Pero las preocupaciones aparentemente
no se extienden a África y América Latina. |
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