|
|
|
Franz
Hinkelammert ¿Instinto
asesino para el progreso? --- |
|
El concepto instinto asesino ha pasado al lenguaje con el que se interpretan los ejecutivos a sí mismos orgullosamente. Quien lo acuñó en 1991 fue Maucher, presidente de la multinacional suiza Nestlé, cuando dijo que quería ejecutivos con instinto asesino (Killerinstinkt) y voluntad de lucha (Spieler 2002). Jack Trout, autor de bestsellers, amplió el concepto y creó el de competencia asesina (Killer-Wettbewerb) que, según él, es el ideal de la competencia (Ibid.). Sin embargo, dirigida con instinto asesino, la Nestlé produce un chocolate muy sabroso y una leche para bebés especialmente sana. Entonces, ¿quien quiere el mal, produce el bien?
Algunos años antes de jactarse Maucher (en 1991) de su instinto asesino, la oposición suiza hizo una campaña contra Nestlé con el lema Nestlé mata bebés. Lo hizo porque esta empresa introducía su leche para niños en un país africano -donde tuvo mucha aceptación-, pero como resultado subió la mortalidad infantil: porque las madres creían en la propaganda que les prometía una leche sana para sus hijos, pensando que era entonces más sana que la leche materna. Les dieron leche Nestlé pero no tenían las condiciones para la higiene necesaria ni la información correspondiente, por lo que tal leche se transformó en un arma mortal. Por supuesto, Nestlé declaró que era inocente: en los tarros de leche en polvo estaba descrito cómo usarla, y la compañía no tenía nada que ver con el hecho de que las madres no supieran leer ni se dieran cuenta de las consecuencias de un uso inadecuado de ella. Nestlé, entonces, entabló un juicio por calumnia contra los responsables de la campaña en su contra, pero el juicio terminó sin culpables, estableciéndose, en su lugar, el compromiso de Nestlé de tener mayor cuidado en la distribución de la leche para niños y comprometiéndose a su vez los responsables de la campaña a renunciar al lema Nestlé mata bebés.
Evidentemente, el aumento de la mortalidad infantil como consecuencia del uso de la leche Nestlé era un efecto indirecto de la introducción de esta leche. Pero no era un efecto no-intencional, aunque tampoco era intencional. Nestlé mataba bebés, aunque sin intención. Pero si el efecto indirecto no era ni intencional ni no-intencional, ¿qué era? No era tampoco simple negligencia, era irresponsabilidad. Era el rechazo de hacerse responsable de los efectos indirectos de la introducción de su leche. Nestlé sostenía que no tenía que ver con esos efectos indirectos. Lo que Nestlé hizo era legal, pero mataba bebés.
Es igualmente evidente que solamente ejecutivos con instinto asesino son capaces de hacer lo que los ejecutivos de Nestlé hicieron. Y si sabemos que nuestras multinacionales tienen ejecutivos con el ideal del instinto asesino, entendemos lo que se hace con nuestro mundo. Pero entendemos también que todo es perfectamente legal.
Lo que Nestlé hizo con los niños lo hace toda economía con ideales neoliberales, y no solo con niños sino igualmente con adultos. Lo hace cuando produce hoy la exclusión de grandes partes de la mayoría, cuando destruye progresivamente la naturaleza, cuando produce el socavamiento de las relaciones sociales más simples. Sin embargo -al igual que como Nestlé declarara-, con esos efectos indirectos de su acción no tiene nada que ver. También es claro que todas las empresas necesitan ejecutivos con instinto asesino, sin el que no serían capaces de hacer lo que hacen. Pero cuando sabemos que lo cultivan, entendemos perfectamente lo que hacen.
No lo hacen de una manera no-intencional, pero tampoco lo hacen en todos los casos de manera intencional, aunque muchas veces se puede sospechar que sí. Siempre lo hacen por medio de efectos indirectos de su acción directa y se declaran i-rresponsables de los desastres causados. Cada empresa necesita instinto asesino para enfrentar a las otras, y todas lo necesitan para ser capaces de destruir seres humanos, relaciones sociales y naturaleza -tal y como lo hacen.
El arma principal del instinto asesino es la ley del mercado, la eficiencia y la competitividad. Pero recurre a todas las armas en cuanto encuentra resistencias frente a los efectos indirectos que produce. Entonces mata violentamente y deja desaparecer en hoyos negros países enteros. ¿Quién duda de que detrás de las intervenciones humanitarias, los bombardeos de ciudades como Panamá, Belgrado, Bagdad y Kabul, está ese instinto asesino que se fomenta tanto en las elitistas escuelas de administración de empresas como en la formación de las tropas élite destinadas a producir los hoyos negros de los servicios secretos?
Hasta el término derechos humanos se está transformando en una clave para justificar el genocidio; casi ya no se puede usarlo sin una nota a pie de página que aclare que uno excluye su realización por intervenciones humanitarias y justicia infinita. Hasta las escuelas de tortura se llamarán escuelas para el cumplimiento de la ley y para asegurar derechos humanos.
¿Hace falta instinto asesino para producir y distribuir el chocolate suizo tan sabroso y la leche de niños tan sana de Nestlé? Sí, en efecto. Como dice la ideología liberal, lo malo produce lo bueno. Gente con instinto asesino promueve lo bueno: chocolate, automóviles, computadoras, bombas atómicas y bacterias ántrax. Lo que sea, y siempre de buena calidad. Buenas bombas, a condición de que estén en las manos de los buenos. Y los buenos son nuestros ejecutivos con instinto asesino. Son buenos porque el instinto asesino los lleva a producir las cosas buenas.
Sin embargo, lo bueno que producen los ejecutivos con instinto asesino lo transforman en algo malo. Todo lo bueno lo transforman en arma mortal por medio de los efectos indirectos que producen y frente a los cuales declaran su irresponsabilidad. Mostrándonos lo bueno que producen chocolates, automóviles, computadoras y muchísimo más nos destruyen la base de nuestras vidas: el ser humano y la naturaleza.
Lo malo que produce lo bueno hace también que lo bueno se transforme en algo malo. Como Mefistófeles, transforman lo malo en algo bueno, y como falsos luciferes transforman lo bueno en algo malo. Y están por terminar como Fausto, quien creía en la mentira de Mefistófeles, que es la mentira del instinto asesino. Fausto moría escuchando el trabajo de palas que seguía con la obra. Como estaba ya viejo y ciego, no se dio cuenta de que toda la obra construida sobre el instinto asesino de Mefistófeles estaba ya destruida por las gigantescas olas del mar y el ruido de palas venía de los sepultureros, que estaban cavando su tumba.
El chocolate de Nestlé no es malo, pero sí el instinto asesino de aquéllos que lo producen y distribuyen; ése nos está matando usando el chocolate y todos los productos buenos como arma. En cuanto se puede seguir negando la responsabilidad por los efectos indirectos destructores de la producción de todos los productos buenos, estos productos son transformados en armas mortales: armas del instinto asesino. Y cuanto más los apreciamos, peor.
Tenemos que volver a un mundo en que a aquéllos que sirven al instinto asesino se les considere asesinos, en vez de verlos como promotores mefistofélicos del progreso, porque el progreso que promueven se ha hecho mortal. |
|
Referencias
bibliográficas Spieler, Willy. "Liberale
Wirtschaftsordnung - Freiheit für die Straken?", en Neue Wege September 2002 [Zürich]. |
|
|