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Para encarar
éticamente los transgénicos Antonio Elizalde --- |
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Comprensión del hecho - La historia reciente de la agricultura nos enseña que las enfermedades de las plantas, las plagas de insectos y las malezas se volvieron más severas con el desarrollo del monocultivo, y que los cultivos manejados intensivamente y manipulados genéticamente pronto pierden su diversidad genética. Dados estos hechos, no hay razón para creer que la resistencia a los cultivos transgénicos no evolucionará entre los insectos, malezas y patógenos como ha sucedido con los pesticidas. Sin importar qué estrategias de manejo de resistencia se usen, las plagas se adaptarán y superarán las barreras agronómicas. Las enfermedades y las plagas han sido amplificadas por los cambios hacia la agricultura homogénea. Uno de las causas principales de la pérdida de biodiversidad es la expansión de los monocultivos y de la ingeniería genética que generan la crisis de los recursos fitogenéticos, la erosión de la biodiversidad y pérdidas importantes en la seguridad y soberanía alimentarias de nuestros países. |
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Asimismo, existe un creciente uso de especies híbridas (variedades mejoradas genéticamente) no solo en la agricultura comercial, sino que incluso en la agricultura familiar campesina, que operaba como reserva de germoplasma en razón de la autoproducción de semillas, lo que explica la enorme pérdida de material genético experimentada en el siglo recién pasado. En los años recientes, desde la introducción de la revolución verde ha habido una notable pérdida de información genética de cultivos agrícolas, de 60 a 80 variedades de frijoles existentes hace un siglo hoy no hay más de 10, de centenares de variedades de papas hoy no existen más de 12.
Implicaciones éticas - Es importante recordar que la llamada revolución verde -la introducción gracias al extensionismo agrícola de semillas mejoradas más pesticidas y agroquímicos- redujo al hambre en décadas recientes a millones de campesinos que eran autosuficientes alimentariamente. La expansión actual de los cultivos transgénicos amenaza la diversidad genética por la simplificación de los sistemas de cultivos y la promoción de la erosión genética. Por lo tanto, la introducción de cultivos transgénicos implica riesgos para la biodiversidad y para la seguridad alimentaria de amplios sectores de la población, de allí que sea necesaria la aplicación en este caso del principio precautorio El principio precautorio plantea que, con el fin de proteger el ambiente y avanzar hacia el desarrollo sustentable, la falta de certeza científica no se debe utilizar como justificación para no emprender acciones orientadas a evitar daños potencialmente graves al ambiente. El conocimiento científico sobre los ecosistemas y los efectos de las actividades humanas en el ambiente es todavía precario. La ciencia no provee evidencias inequívocas e irrefutables que permitan conocer y evaluar los efectos de la actividad humana en el ambiente en forma absoluta. Además, las conclusiones y recomendaciones científicas no pueden separarse completamente de su componente valorativo; es así como se puede llegar a diferentes conclusiones científicas respecto de fenómenos que son inciertos. El objetivo fundamental de toda política agraria debe ser asegurar la alimentación presente y futura de la población humana. Más aun, actualmente es posible avanzar hacia una agricultura socialmente más justa, económicamente viable y ecológicamente apropiada.
Elementos
para el discernimiento - El principio de precaución exige que los
regímenes comerciales que se están desarrollando utilicen
criterios científicos objetivos que conduzcan al adecuado equilibrio
entre la toma de mejores decisiones para el largo plazo y la satisfacción
de las necesidades a corto plazo, a la luz de la incertidumbre científica.
Sin embargo, las presiones internacionales para ganar mercados y aumentar
ganancias están empujando a las compañías a que liberen
cultivos transgénicos demasiado rápido, sin considerar los
impactos de largo plazo en las personas y el ecosistema. Existe una situación
de incertidumbre científica en relación con los cultivos
transgénicos, ya que es absolutamente evidente que la ciencia no
puede hoy proveernos la información necesaria para determinar los
efectos potenciales que la introducción de los transgénicos
puede tener en el ambiente, y más bien existen abundantes evidencias
respecto de los eventuales riesgos para la biodiversidad y para la seguridad
alimentaria futura de la población. Pero a pesar de la oposición
de las comunidades científicas y del movimiento ecologista, los
poderosos intereses comerciales en juego seguirán buscando introducir
los transgénicos argumentando las claras ventajas productivas que
tienen respecto de los cultivos tradicionales. Hay dos problemas éticos
aquí. El primero es una suerte de "etnocentrismo biológico",
ya que la ingeniería genética buscando acortar los tiempos
de respuesta en el control fitosanitario de las pestes que afectan a los
cultivos mediante la introducción de transgénicos, es incapaz
de reconocer el fenómeno de la "mejor adaptación"
de determinadas especies y variedades a las características propias
de un nicho o sistema de cultivo que contribuyen así a incrementar
la biodiversidad. El segundo es que un sistema de cultivo que haga uso
de los predadores naturales de las plagas y enfermedades (control biológico)
no produciría efectos no deseados como la destrucción de
organismos benéficos o la creación de supermalezas, aunque
su tiempo de respuesta sea más lento. Es la búsqueda de
ganancias en lugar de la búsqueda de la satisfacción de
las necesidades humanas lo que mueve a la industria de la ingeniería
genética. No es la urgencia por alimentar hoy a los hambrientos
del mundo, o por resolver los problemas agrícolas, sino el incremento
de sus beneficios lo que la mueve a acelerar los tiempos de respuesta.
El riesgo sin embargo lo deberemos correr todos. |
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