ISLAS
DE RIQUEZA EN UN MAR DE POBREZA
Harry
Wohlstein
El título de este artículo, extraído del llamamiento contra el
“apartheid global” entre ricos y pobres, hecho por el presidente de Sudáfrica
-Thabo Mbeki- en el acto inaugural de la recién concluida Cumbre Mundial sobre
Desarrollo Sostenible, constituyó uno más de los mensajes matizados de buenas
intenciones pero cargados de retórica estéril y hasta de cínica hipocresía.
Un ejemplo vivo de esto lo marcó el lugar sede de la Cumbre: Sandton, un
suburbio de Johanesburgo caracterizado por el lujo y la opulencia, en irónico
contraste con la miseria, a media hora de distancia en carro, existente en
Soweto y Alexandria, donde el dramatismo por la supervivencia es impactante:
hacinamiento, desocupación superior al 40%, escasez de alimentos, agua y
sanidad, mortalidad infantil, una de cada tres personas enfermas de sida, en
fin, un sinnúmero de desgarradoras escenas que, la verdad, hacen parecer rica la vida en los barrios más pobres de nuestro país.
Los intereses tan dispares que mueven a los países, continentes,
sectores públicos y privados, entidades financieras internacionales, organismos
no gubernamentales, etcétera, inducen a bloquear el entendimiento de los
grandes temas que se plantearon: el avance de la pobreza, el acceso a las
fuentes de agua y a mejores dispositivos sanitarios (su escasez y deficiencia
mata a entre 3 y 10 millones de personas al año), la protección de la
biodiversidad, el cambio climático provocado por el aumento en la contaminación,
las injusticias en la globalización y la barbarie del terrorismo. Pareciera que
el hombre está cegado a la espera de más señales para identificar la tragedia
que ya se está causando al planeta y a las futuras generaciones. Sobre este
tema, el presidente Abel Pacheco, en el cierre de su discurso pronunciado en el
plenario de la Cumbre, dijo: “Dios hizo primero las plantas y los animales,
después al hombre... Si se están muriendo las plantas y los animales, adivina,
adivinador, ¿quién sigue?”.
A pesar de este panorama desalentador y frustrante, podemos señalar
algunos trazos o signos que nos pueden ofrecer esperanzas. Por ejemplo, vimos el
ofrecimiento concreto de cooperación internacional, en especial de algunos países
europeos que en el pasado se distinguieron por ser muy críticos pero sin poner
un cinco. Vimos aprobar iniciativas para estimular el uso de energía renovable.
(¿Por qué no pensar en el hidrógeno para mover la flotilla automotriz? Hacia
allá vamos y así mitigaremos la nociva dependencia del petróleo.) Vimos
establecerle límites a la Organización Mundial de Comercio para que considere
prioritario el desarrollo sostenible y, entre algunas medidas específicas,
eliminar los perversos subsidios agrícolas de los países del Norte. (¡Claro
que nuestros arroceros tienen razón en pegar el grito al cielo!)
Los costarricense podemos estar orgullosos genuinamente, sin regateos ni
chavinismos, de lo que se ha logrado en materia de desarrollo sostenible.
Mientras el mundo continúa debatiéndose en contradicciones e intereses
particulares, debemos mantener y desarrollar nuestra propia agenda ambiental.
Algunos casos ejemplarizantes: en un territorio de apenas 51.000 kilómetros
cuadrados más del 25% está dedicado a áreas protegidas, producimos más del
95% de nuestra energía eléctrica de fuentes renovables no contaminantes como
el agua y el aire, y en el sector forestal, a pesar del deterioro en algunas áreas,
podemos rescatar el caso de Fundecor (Fundación para el Desarrollo de la
Cordillera Volcánica Central) por sus innovaciones exitosas (“made in Costa
Rica”), que han permitido revertir el proceso de deforestación en la
Cordillera Volcánica Central, sometiendo más de 40.000 hectáreas a modernos
esquemas socioeconómicos de mercado y tecnologías de punta, como el pago de
madera por adelantado, el pago por servicios ambientales y la certificación
maderera. Estos esquemas y tecnologías son sostenibles porque obedecen al
principio -que debería ser el norte de la agenda costarricense- de que
conservación y desarrollo pueden ir de la mano coexistiendo en armonía.
Harry Wohlstein es presidente de la Junta Directiva de la Fundación
para el Desarrollo de la Cordillera Volcánica Central (Fundecor).