Presentación
La Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, celebrada en
Johanesburgo en agosto-septiembre de este año, que contó con representaciones
de 191 países, dio como resultado una Declaración
Política que plantea un conjunto de principios respecto de la senda a
seguir hacia el desarrollo sostenible, y un Plan
de Acción que plantea líneas de acción en función de tal desarrollo,
muchas de ellas sin establecer compromisos ni plazos, sino solo declarando
intenciones. En esto puede observarse un triunfo de la estrategia que EU llevó
a la Cumbre, que era la de no comprometerse con fechas ni objetivos detallados.
El resultado de la Cumbre, pues, es en gran medida el simple señalamiento de un
norte (el desarrollo sostenible) con la indicación de las estaciones o
territorios por los que habría que transitar para alcanzarlo, pero sin marcar
con precisión metas a lograr durante la marcha ni ritmos de avance ni, en
muchos casos, objetivos finales.
El Plan de Acción viene a
constituir el marco en el que quedaron planteados los acuerdos (programas de
trabajo) bilaterales y multilaterales en pro del ambiente y del desarrollo
sostenible que se firmaron en Johanesburgo. El protagonismo de la empresa
privada, y también de organizaciones de la sociedad civil, es muy grande en
tales acuerdos –y por ende en la Cumbre-; en muchos de ellos los gobiernos ni
siquiera intervienen, sino que solo, antecedentemente, favorecieron su
ocurrencia. Se logró acuerdos de trabajo prioritariamente referentes a agua y
saneamiento, a energía, a salud, a biodiversidad, a productos químicos, a
cambio climático, a pesca y a agricultura.
Esta edición de Ambien-tico contiene las versiones sobre la Cumbre de Johanesburgo de siete ticos asistentes a ella, unas menos optimistas que otras, pero casi todas argumentadamente críticas y decepcionadas respecto de sus resultados. Acaso sea que, actualmente, ponemos más confianza de la cuenta en el poder resolutor de las cumbres mundiales que se realizan en función de problemas específicos. Y quizás esto nos ocurra por las enormes propaganda y bulla que las anteceden y acompañan, y porque por repetirnos tanto que vivimos en un mundo “globalizado” (a fuerza de la circulación instántanea y casi irrestricta de mercancías, capitales y mensajes por todo el planeta), esperamos que baste con reunir una cumbre para que en la instancia política de la “sociedad mundial” las voluntades se correspondan como aparentemente se corresponden en el mercado y en internet los agentes económicos y los hablantes, con esas eficiencia e instantaneidad.
