Agua y movimiento ambientalista en Johanesburgo

Jorge Mora


Si bien la opinión de una buena parte del movimiento ambientalista internacional es que la Cumbre no cumplió con las expectativas que se tenían en cuanto a lograr avances significativos en la implementación de los acuerdos de Río, no se puede afirmar que todo fuera un fracaso. Un logro importante de la Cumbre que aquí voy a destacar es que, por primera vez, el tema de los recursos hídricos ha ocupado un lugar de primer orden en la agenda internacional, e, incluso, los gobiernos presentes asumieron el compromiso de reducir a la mitad la población mundial sin acceso a agua potable en los próximos cinco años. Y más allá de ese importante compromiso internacional, uno de los eventos paralelos a la Cumbre, el llamado Domo del Agua, concentró a cientos de organizaciones no gubernamentales, institutos y centros de investigación, agencias de cooperación y organizaciones sociales de todo el mundo en torno a un debate que se desarrolló a lo largo de una serie de talleres, reuniones multilaterales y bilaterales, eventos formales e informales con representantes de diversos gobiernos y tomadores de decisiones, en los cuales se hicieron evidentes dos grandes contradicciones entre los diversos sectores vinculados con el tema de la gestión del agua y del ambiente en general: (1) la que existe entre -por una parte- el aseguramiento del agua para abastecimiento humano y -por otra parte- la protección del agua como componente fundamental de los ecosistemas naturales; y (2) la que se da entre -por un lado- el activismo político y la confrontación y -por el otro- la colaboración y la búsqueda de acuerdos en torno al manejo del agua y el ambiente.

Aseguramiento del agua para abastecimiento humano versus protección del recurso hídrico como componente fundamental de los ecosistemas naturales - En África y buena parte de Asia la mayoría de organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales tienen como prioridad resolver los graves problemas de abastecimiento de agua potable que están llevando a la muerte a millones de personas cada año. Pero la contradicción señalada se agrava más cuando se ve que se debe garantizar el abastecimiento no solo para consumo humano sino también para posibilitar el desarrollo de una agricultura que dé sustento y alimento a esas poblaciones. Mientras estas organizaciones proponen aumentar el caudal de aprovechamiento del agua para la agricultura hasta en un 25% en los próximos diez años, las organizaciones preocupadas por el ambiente mantienen que debe reducirse en al menos un 10% en ese mismo período.

Johanesburgo, y específicamente el Domo del Agua, fue un espacio de encuentro de ambos sectores en el que se intentó establecer puentes de comunicación y puntos de encuentro entre las dos posiciones que permitan el desarrollo de procesos productivos más eficientes y más amigables con el ambiente, que garanticen la producción de alimentos y el abastecimiento humano, pero que no sobrepasen la capacidad de carga de los ecosistemas y no impacten sus ciclos naturales.

Estos puentes y puntos de encuentro se siguen desarrollando y fortaleciendo a través de diálogos intersectoriales en diversas partes del mundo. Recientemente, en Hanoi se llevó a cabo una importante Conferencia Internacional sobre Agua, Alimentos y Ambiente que permitió continuar con el diálogo y la búsqueda de acuerdos entre estos dos sectores. La reducida presencia de América Latina en ese evento, y la falta de posiciones conjuntas, previamente negociadas, por parte de las organizaciones ambientalistas durante la Cumbre de Johanesburgo, hacen evidente que el movimiento ambientalista de la región no ha sabido interpretar adecuadamente las nuevas oportunidades y desafíos que se presentan en torno al agua y al ambiente, y hacen también patente la existencia de una segunda gran contradicción que se analiza a continuación.

Activismo político y confrontación versus colaboración y búsqueda de acuerdos en torno al manejo del agua y el ambiente - Johanesburgo fue una vitrina que hizo visible la diferencia de posiciones y estrategias entre las organizaciones ambientalistas y de la sociedad civil que se hicieron presentes a la Cumbre. Por un lado estaban aquéllas que plantean la confrontación directa, la movilización y el activismo político contra los procesos de globalización, contra la misma Cumbre Mundial y sus acuerdos y contra los organismos financieros internacionales. Estas organizaciones se concentraron mayoritariamente en la sede de Nazrec (donde tuvo lugar el Foro Paralelo de oenegés) y realizaron constantes movilizaciones y acciones de protesta durante los días de la Cumbre.

Por otra parte estaban las organizaciones, también de la sociedad civil, que han modificado sus estrategias de acción, buscando incidir en la toma de decisiones, creando mecanismos de colaboración con los gobiernos y entidades internacionales de cooperación, buscando la negociación y el consenso a través de diálogos participativos con todos los sectores sociales involucrados en la gestión del ambiente y específicamente del agua. Éstas fueron las organizaciones que se concentraron principalmente en torno al Domo del Agua, aunque muchas se encontraban en los otros centros de reunión y eventos paralelos.

Esta contradicción en las posiciones y visiones de las oenegés y organizaciones sociales debe llevar a la reflexión en nuestro país acerca de cuáles coyunturas deben ser abordadas mediante las estrategias tradicionales de confrontación y acción directa y en cuáles otras existen las condiciones para la búsqueda de negociaciones y acuerdos entre diversos sectores tradicionalmente opuestos. Concretamente, para nosotros, ¿qué implicaciones tiene la nueva composición política de la Asamblea Legislativa para la causa ambiental?; ¿qué nexos y canales de comunicación se han posibilitado con el ascenso de figuras como Carlos M. Rodríguez al Ministerio del Ambiente y a otros entes estatales?; ¿en qué medida el movimiento ambiental costarricense puede aprovechar una coyuntura en la que el Gobierno de la República empieza de nuevo a retomar el discurso del desarrollo sostenible?; ¿es posible en Centroamérica la implementación de diálogos tipo dos similares a los desarrollados en Johannesburgo entre gobiernos y sociedad civil o seguiremos todavía por muchos años bajo el esquema de los diálogos tipo uno (entre gobiernos y organismos internacionales)?

Ambos tipos de diálogo y negociación subsisten en la región. En Costa Rica, por ejemplo, se está desarrollando un proceso que involucra a la Comisión de Ambiente de la Asamblea Legislativa, al Ministerio del Ambiente, al Ministerio de Salud y a otras entidades estatales con competencias en agua y electricidad, a oenegés ambientalistas, a las universidades públicas, a organismos internacionales (como GWP y UICN) que dirigen sus esfuerzos hacia la elaboración de una propuesta de consenso para una nueva ley de recursos hídricos. Ese ejemplo de un diálogo tipo dos evidencia que es posible establecer puntos de encuentro, de negociación y búsqueda de consensos. Dependerá en buena medida de la actitud y el papel que asuman las oenegés y organizaciones sociales de la región el que la tendencia sea hacia una u otra forma de diálogo.

Eventos como la Cumbre Mundial de Johanesburgo, la Conferencia de Hanoi sobre Agua, Alimentos y Ambiente, pero sobre todo la próxima Cumbre Mundial del Agua a celebrarse en Kioto a principios del próximo año, indican la urgente necesidad de que las organizaciones de la sociedad civil de la región aprendamos a definir posiciones en conjunto que luego sepamos llevar a mesas de negociación con nuestros gobiernos para la definición de propuestas consensuadas que realmente reflejen los intereses, necesidades y posiciones de los diversos sectores involucrados en la gestión del ambiente y el desarrollo sostenible en nuestros países.

La falta de unidad entre las organizaciones sociales, pero sobre todo la falta de negociaciones previas (tipo dos) entre éstas y los gobiernos de la región, impidieron en Johanesburgo una acción coordinada que dotara de fuerza y legitimidad política a las posiciones y planteamientos que allá se llevaron. Los espacios de reflexión en torno a los resultados de la Cumbre Mundial deben servir de motivación para que desde ya se dé inicio a un proceso de diálogo que defina una posición de las oenegés y las organizaciones ambientalistas frente a Kioto, la cual luego pueda ser negociada y consensuada con los representantes oficiales y de gobierno con el propósito de llevar una posición unificada en torno a la gestión del agua en nuestro país y, de ser posible, en la región centroamericana. Una posición que deje claro nuestro criterio ante la privatización del agua y ante el conflicto de usos de ésta (agricultura, hidroelectricidad, consumo humano, funciones ecosistémicas naturales), y que además posibilite el inicio de la elaboración de una estrategia nacional, o regional, para los próximos años, en torno a la gestión del recurso.

 

Jorge Mora Portuguez, abogado, es presidente de la Fundación para el Desarrollo Urbano.

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