Presentación


  En esta edición presentamos resultados de investigación de la problemática de algunas cuencas  -prioritariamente ticas- y, entreveradamente, propuestas conceptuales acerca de cómo enfrentarla.

A diferencia de lo que sucede con otras “entidades” o aspectos del medio biofísico, las cuencas crecientemente son tratadas como totalidades en las que, inextricablemente, se funden diversísimos aspectos de lo social con lo estrictamente biofísico: política, cultura, economía, demografía y prácticas de uso del suelo (para no extendernos) devienen fusionadas con, clima, características edáficas, biodiversidad, relieve, etcétera. La cuenca -como también el paisaje, estudiado por la geografía- parece ser una entidad privilegiada para, teórica y metodológicamente, integrar lo que las ciencias mecanicistas han venido tratando fragmentariamente. Los investigadores –y con ellos los gobiernos y agencias supranacionales- consideran que sin tal visión y tratamiento integradores los estudios no dan pie al planteamiento y emprendimiento de verdaderas soluciones a graves problemas ambientales como el de la escasez y contaminación del agua, el del empobrecimiento de suelos, el de los deslizamientos, el de las inundaciones, etcétera, problemas éstos que se pueden denominar así como se acaba de hacer -o sea, relevando su dimensión biofísica-, pero que tienen una dimensión social, inseparable de la biofísica, que se expresa como desempleo, o marginalidad, o latifundismo, o dependencia tecnológica, o tiranía del mercado, o autoritarismo político, u otros, según los casos. Con el enfoque de cuenca se demuestra que ambiente no es sinónimo de entorno biofísico –quedando la sociedad afuera-, sino de integración sociedad-naturaleza. Manejar una cuenca, así como manejar el ambiente (en general), consiste, pues, en manejar la compleja y compacta red de relaciones que hacen de la sociedad y la naturaleza una sola entidad (sea en una cuenca o en otro ámbito).

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