La dimensión social en la cuenca del Paz (El Salvador)

Ileana Gómez


Si bien el manejo de las cuencas se considera clave para asegurar la conservación del agua y mejorar la calidad de vida de la población rural, las cuencas también involucran un ámbito social constantemente transformado por la acción de diversos actores. Muy pocas veces esta dimensión dinámica se refleja en la instrumentación del manejo de cuencas, lo que limita la comprensión de la complejidad de las relaciones existentes dentro y fuera de ellas, como parte de un territorio en constante cambio. La necesidad de entender esta complejidad nos abre nuevas posibilidades para definir la gestión de cuencas como parte de territorios estratégicos para asegurar el desarrollo y la conservación de los recursos hídricos en zonas críticas. Una de estas es la cuenca del río Paz, entre El Salvador y Guatemala, sobre la cual existe un proyecto binacional encaminado a su manejo.

El Plan de Manejo Integrado de la Cuenca del Río Paz, presentado por la Secretaría de Integración Económica de Centroamérica en 1992, es parte de una estrategia más amplia de abordaje regional de la problemática social y ambiental de Centroamérica, en la que las cuencas compartidas son territorios clave para asegurar la sostenibilidad social y ambiental de la región centroamericana. En este sentido responde a la preocupación de las instancias regionales por la deforestación de varias cuencas hidrográficas, especialmente las que desembocan en el Pacífico, más vinculadas con los corredores comerciales y con el desarrollo de las zonas de producción agrícola.

A partir de los efectos del huracán Mitch, las cuencas compartidas se vuelven zonas prioritarias para enfrentar la vulnerabilidad  ante los riesgos, de tal manera que el Plan de Manejo de la Cuenca del Río Paz se enfoca como una medida para responder a la vulnerabilidad ambiental de la cuenca. El desarrollo sostenible de las partes alta y media de la cuenca se considera de vital importancia para la prevención de desastres que afectan sobre todo a la zona baja, donde se ubican asentamientos de población altamente vulnerables. Pero la mayor vulnerabilidad ante los riesgos evidenciada en los últimos años también tiene que ver con los procesos de modificación del uso del suelo y de la estructura de tenencia de la tierra, que precisan un abordaje más profundo para entender la relación de éstos con la degradación ambiental.

Además, la crisis del agro, las políticas agrarias y la transformación de la estructura de tenencia de la tierra tienen impactos específicos en la cuenca y en los medios de vida de la población rural, produciendo variaciones en los patrones de asentamiento humano y serios desequilibrios territoriales por el crecimiento de zonas comerciales y de servicios -de forma no planificada-, como el desarrollo de la carretera litoral, mientras en las zonas rurales se incrementa la pobreza y  la vulnerabilidad social y ambiental.

A continuación reflexionamos sobre los principales procesos y dinámicas sociales dados en el lado salvadoreño de la cuenca, los cuales deben ser considerados para un manejo integral en la búsqueda de la sostenibilidad social y ambiental.

  Tenencia del suelo y uso de recursos

El manejo de cuenca requiere profundizar el análisis de la relación entre las transformaciones en la tenencia de la tierra y la degradación ambiental. Hasta los años setenta, en el lado salvadoreño de la cuenca predominó la hacienda cafetalera y el latifundio dedicado al ganado y la producción de caña. Dicha estructura se ha ido desmontando debido a los cambios producidos por la política de reforma agraria, la crisis del agro y, con ella, el colapso de los medios de vida rurales tradicionales.

Actualmente, existen diversas formas de tenencia de la tierra: la propiedad privada con predominio de pequeños productores que la usan para cultivos de subsistencia o ganadería extensiva; la propiedad colectiva formada por las cooperativas del sector reformado, muchas de las cuales se están parcelando como efecto de la crisis del sector; y tres áreas protegidas que no cuentan con planes de manejo ni tienen una clara definición de límites de propiedad. Estas formas de propiedad enfrentan problemáticas de sostenibilidad relacionadas con procesos socio-económicos y con las políticas agrícolas que van modificando los patrones de acceso y uso de los recursos naturales y productivos.

De la misma forma, es necesario profundizar en los medios de vida rurales y en cómo se relacionan con el uso y acceso a los recursos naturales. Debe comprenderse la importancia de los arreglos comunitarios para la conservación y aprovechamiento de los recursos y lo que esto significa en términos del conocimiento y uso local de bosques y áreas naturales; el rol de los agroecosistemas para la conservación y su importancia para los medios de vida de la población.

  Organización social

Por otra parte, en el territorio de la cuenca están ocurriendo diversos procesos de organización social que nos muestran una dinámica novedosa en una zona que, en la historia reciente del país, ha tenido muy poca presencia de formas organizativas populares, sectoriales o movimientos sociales, a diferencia de otros territorios con más experiencia organizativa, como Chalatenango o el Bajo Lempa. Entender estos procesos sociales nos permite reconocer la forma como los actores están redefiniendo su vinculación con el territorio, el enfoque de desarrollo que se está conformando y el rol que se le adjudica a la cuenca dentro de este proceso. En particular retomamos el caso de diversas experiencias de organización para la gestión del desarrollo local y departamental que han tenido lugar en el  departamento de Ahuachapán.

Encontramos por lo menos tres dinámicas sociales que se dan en paralelo, poco coordinadamente y en tres niveles de alcance territorial: la alianza de alcance departamental Ahuachapán en Marcha; la agrupación de comunidades llamada Intercomunal del Sur de Ahuachapán, con cobertura microrregional en las cuencas media y baja del río Paz, y las experiencias de organización local a nivel municipal, de las que retomamos el caso de Tacuba y el Comité Intersectorial para el Desarrollo Sostenible de Tacuba (Cimdes).

Ahuachapán en Marcha es una alianza de líderes locales que busca consolidar un plan de desarrollo para el departamento, cuenta con el apoyo de los alcaldes y ha logrado una buena capacidad de interlocución con el gobierno central, articulándose con la visión de desarrollo regional de la Zona de los Volcanes propuesta por el Plan de Nación. La Intercomunal surge inmediatamente después del huracán Mitch, integra una red de comunidades afectadas bajo una  forma de organización de base con énfasis en el desarrollo agrícola sostenible y el manejo social del riesgo, cuenta con el apoyo de oenegés ambientalistas y la iglesia luterana. Y el Cimdes de Tacuba es una organización con énfasis en el desarrollo local que ha logrado una  práctica participativa más flexible y pluralista con enlaces organizativos entre comunidades y gobierno municipal.

A pesar de la riqueza e innovación de estas experiencias, no hay coincidencias formales ni contactos entre la propuesta de manejo de la cuenca del río Paz y los procesos sociales que en ella suceden. Los procesos organizativos ni siquiera son considerados en el Diagnóstico General de la Cuenca ni son parte de los mecanismos de gestión propuestos. Lo anterior llama la atención a la necesidad de relacionar cualquier propuesta de manejo de la cuenca con las diversas formas de organización que existen en el territorio, sus planes, programas y propuestas de acción.

Comprender los procesos que se dan en el territorio es clave si se pretende conformar una institucionalidad ad-hoc para el manejo de la cuenca del río Paz o de cualquier otra, puesto que permitiría crear enlaces con los procesos de gestión vigentes, además de impulsar estrategias para compatibilizar las prácticas agrícolas con la conservación de áreas naturales y el manejo de zonas vulnerables; con lo que se fortalecerían algunos de los proyectos y programas de agricultura sostenible y manejo de riesgo que ya, incipientemente, se están realizando. De lo contrario se corre el riesgo de crear una institucionalidad burocrática y desvinculada de la dinámica social y ambiental existente.

Iliana Gómez es investigadora en Fundación Prisma, de El Salvador. El presente escrito está basado en el documento Formas de gestión y uso de recursos en la cuenca del río Paz en El Salvador (2002. Prisma. San Salvador), elaborado por esta misma autora con la colaboración de Margarita García.

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