Desarrollismo hidroeléctrico antiecológico

Osvaldo Durán


El Instituto Costarricense de Electricidad (Ice) ha invertido últimamente sumas crecientes en planeamiento y diseño de plantas hidroeléctricas (en Los Llanos, Laguna, Siquirres y Guayabo), de plantas geotérmicas (en Las Pailas y Borinquen) y de líneas de transmisión: Ë5.993 millones en 1999, Ë7.576 en 2000 y  Ë11.837 millones en 2001 (según los Estados financieros y opinión de los auditores correspondientes a los años 1999, 2000 y 2001). El Ice tiene la capacidad financiera y técnica para asegurar la satisfacción de la demanda energética nacional, pero ha confundido el desarrollo energético con la hidroelectricidad, creyendo que son sinónimos. El sector eléctrico del Ice obtuvo en el año 2000 un excedente neto de Ë19.851.000.000 y de Ë19.126.000.000 en 2001, lo que confirma que esa entidad podría desarrollar un sistema de inversión exclusivamente pública para asegurar la satisfacción de la demanda eléctrica nacional. Esta institución sigue siendo la principal empresa del sector con el 81,2% del negocio (1.373 MW), los proyectos privados controlan 13,2% (204 MW) y otros distribuidores manejan el 7,6% (111MW).

El plan de expansión hidroeléctrica del Ice proyecta crear represas en 13 ríos. Además de en Sarapiquí, Pacuare y Savegre, en Sixaola, Naranjo, Chirripó, San Carlos, Matina, Parrita, Barranca y, por supuesto, en Térraba, con un potencial identificado de hasta 2.025 MW. Además, el plan contempla la ampliación de la explotación en el Sarapiquí y el Reventazón. La suma de esta posible generación llegaría a 7.333,2MW, lo que comparado con la actual capacidad instalada efectiva de 1.689,11MW (75% hidroeléctrica, 14% térmica, 9% geotérmica y 3% eólica), crea una seria duda respecto de si es necesario producir tal cantidad de electricidad únicamente para satisfacer la demanda nacional, que según el Ice crece a un promedio de 5,5% anual. Más alta aun es la proyección (hecha en 2002) del Diagnóstico del sector energía para el IV plan nacional de energía, 2002-2016, del Ministerio del Ambiente (Minae), que calcula el potencial energético inexplotado de nuestros ríos en 8.153,3 MW.

  A pesar de que hasta hace poco el Ice no aceptaba tener como objetivo la exportación de energía, no cabe ya duda de que sí lo es: jerarcas de esa entidad lo reconocieron indirectamente en reunión con directivos de Fecon (dicen que se vende sistemáticamente la energía "secundaria”, es decir, la sobrante en el país). Teóricamente, en la actualidad la exportación eléctrica genera $50.000.000, pero podría alcanzar hasta $200.000.000 por año. La interconexión eléctrica centroamericana (Siepac), que ahora es un proyecto de punta del Plan Puebla Panamá (PPP), con participación directa de la transnacional Endesa de España, liga física y financieramente la generación eléctrica nacional con su venta en los países de Mesoamérica e incluso en California. Se trata de la unificación de nuestros países a partir de sus recursos y potencial energético. Por ello, la sobreexplotación de los ríos de Costa Rica se convierte en un objetivo estratégico en el marco del Siepac y el PPP.

Si bien la exportación de energía no sería un mal negocio para el Ice, no necesariamente beneficiaría al pueblo (con, por ejemplo, reducciones de tarifas). Además hay dos cuestionamientos de fondo: Primero, no hay ninguna garantía de que la explotación hidroeléctrica tenga y pueda cumplir con la planificación de cuencas hidrográficas, pues esto ni siquiera existe para la generación de consumo interno; y al no existir esa planificación se estarían destruyendo más ríos para incrementar un negocio cuyos beneficios para el país no son nada claros. Y, segundo, lo peor de la idea exportadora, desde la perspectiva de un desarrollo energético sustentable, de protección de ríos, de parques nacionales y de salvaguarda de las comunidades impactadas, es que se hace una invitación directa a todas las empresas relacionadas con la generación eléctrica, incluidos los cogeneradores privados amparados en las leyes 7.200 y 7.508, a “sumarse al esfuerzo exportador” (Castro, René, La Nación, 1-9-2002: 19A). No se debe olvidar que 29 proyectos privados que generan únicamente el 13,2% de la electricidad nacional recibieron solo entre enero y julio de 2001 Ë16.440.600.000  (Ice - Centro de Servicios de Finanzas. 24-8-2001. Informe Financiero. San José), y en 2002 es posible que superen la barrera de los Ë30.000.000.000.

La propuesta de Plan de Contingencia para el Ice, de octubre de 2000, establece que los parques nacionales y las reservas biológicas serán excluidas de todo tipo de proyecto de explotación energética y que un virtual uso hidroeléctrico de otras áreas protegidas solo será ejecutado por el Ice bajo estrictas normas de seguridad social y ecológica. Sin embargo, en este momento la dirección de esa entidad, al rechazar la Propuesta de Políticas y Lineamientos Ambientales del Ice, elaborada por sus propios funcionarios y el Frente Interno de Trabajadores del Ice, está abriendo caminos hacia la explotación energética dentro de tales áreas. El presidente ejecutivo de la institución y el subgerente de Energía han reconocido públicamente (Canal 13, TVDiario 18-8-2002, y ante la Junta Directiva de Fecon) que si fuera necesario desarrollar hidroeléctricas dentro de parques nacionales y la legislación lo llegara a permitir, lo harían.

La aprobación de 10 principios ambientales por parte del Consejo Directivo del Ice no constituye una medida integral y es un paliativo ante el rechazo de la propuesta mencionada. Esos principios pueden constituir un avance desde la perspectiva institucional, pero son solo normas generales cuya aplicación es absolutamente insegura si revisamos las prácticas de la institución en proyectos como Angostura, Peñas Blancas, Sarapiquí, Pirrís y Boruca, donde se careció y carece de mecanismos efectivos de planificación ambiental y social. No se trata únicamente de responder a un requerimiento técnico, sino de dotar el diseño de los planes integrales de manejo de las cuencas con el contenido económico necesario y, sobre todo, de elaborarlos, negociarlos y ejecutarlos en procesos participativos, a fin de evitar las imposiciones y la simple utilización de las comunidades y sus recursos por parte del Ice.

El modelo de desarrollismo energético del Ice basado en la explotación del agua atenta contra  la  seguridad social y ecológica de Costa Rica. La ejecución de proyectos hidroeléctricos no ha obligado a esa entidad, ni a los empresarios privados, a aplicar todas las debidas normas de seguridad social y ambiental. Sigue sin diseñarse e implementarse planes de manejo de las cuencas en las que se genera hidroelectricidad. Angostura es un claro ejemplo de la falta de planificación y, por ende, de impactos sociales y ambientales negativos en las comunidades de Turrialba: irrespeto del caudal ecológico del río y desaparición literal del Reventazón desde el embalse hasta la casa de máquinas, desaparición de especies, cambios severos en el microclima de la zona debido al embalse, etcétera. El mito de la generación de posibilidades turísticas se desdice con creces en el caso de Angostura, pues el embalse se ha convertido en un gigantesco y fétido lago de excrementos humanos y basura provenientes de Cartago y Turrialba, a lo que se suma una creciente sedimentación debida a la carencia de manejo integral de la cuenca del Reventazón hacia arriba del embalse. El río Turrialba también fue represado y la piedra y sedimentos acumulados ya están a la altura y a pocos metros de la pared de concreto. Adicionalmente, la muerte del río Reventazón eliminó la fuente de trabajo e ingresos que proporcionaba el raftin.

El desarrollo energético nacional debe ser discutido y definido con la participación directa de las comunidades en las cuales se implementan los proyectos hidroeléctricos. Debe introducirse los conceptos de soberanía y autonomía para que los derechos y necesidades de las comunidades sean atendidas y resueltas. En los casos de posibles proyectos que atenten contra poblaciones indígenas, como Boruca y Pacuare, este asunto es aun más relevante. En síntesis, los derechos y prioridades de desarrollo integral de las comunidades deben estar por encima de los intereses particulares de cualquier proyecto público o privado.

Hay abundante evidencia de la carencia de una visón planificada y de la imposición que los proyectos hidroeléctricos significan para el país. Al proyecto Angostura podemos sumar el proyecto Peñas Blancas, en el que la municipalidad y los vecinos denunciaron la carencia de prevención y mitigación de impactos sociales y ambientales. En el proyecto Pirrís el Grupo de Enlace de organizaciones comunales del Pirrís está denunciando la explotación de tajos y talas en áreas de protección de agua, y una total carencia de información sobre el plan de manejo de la cuenca, lo cual es una obligación incluida en el estudio de impacto ambiental. La urgencia del Ice por implantar el proyecto Boruca provocaría el desplazamiento de los 1.200 habitantes indígenas de esa región, 25.000 hectáreas inundadas y, lógicamente, la destrucción de uno de los patrimonios culturales más importantes del país. Tanto el proyecto Boruca como los cinco posibles proyectos en Pacuare violarían abiertamente el Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo ratificado por Costa Rica. En comunidades de la cuenca del Pacuare, como Bajo Pacuar, Mollejones y San Pablo, la táctica del Ice es la misma que en todo el país: se ofrece arreglar caminos, mejorar escuelas, regalar materiales, etcétera. En Boruca el Ice está pagando sumas millonarias a empresas consultoras para ablandar a las comunidades y hacerles creer que el proyecto Boruca coincide con sus necesidades de desarrollo.

En general, las relaciones del Ice con las comunidades son verticales e impositivas. Sin embargo, la exposición de numerosos problemas en muchos sitios del país está permitiendo que las comunidades entiendan y ejerzan su derecho a establecer procesos de información, diálogo y negociación con el Ice. El ejercicio de esos derechos es lo que puede hacer que el Ice inicie una nueva etapa de relaciones con las comunidades del país afectadas negativamente por sus proyectos. 

Debe exigírsele a la dirección del Ice el cumplimiento de todas las normas de seguridad social y ecológica en cada uno de sus proyectos. El reto más urgente que se plantea a la sociedad costarricense, y no solo al Minae y al Ice, es planificar el desarrollo energético nacional investigando e implementando más ampliamente sistemas alternativos de desarrollo energético –más allá de la hidroelectricidad y el petróleo- a fin de no sacrificar los recursos naturales. Un nuevo modelo energético, que es ya necesario, habría de replantearse la escala de los proyectos (desde la perspectiva economicista tradicional cuanto más grande un proyecto mejor es, sin importar la protección de los recursos naturales utilizados). La implementación de alternativas energéticas debe explorar escalas pequeñas y ajustadas a la disponibilidad de recursos en regiones y comunidades. El desarrollo energético nacional debe asegurar la protección absoluta de los parques nacionales y las reservas biológicas ante cualesquiera proyectos energéticos, lo mismo que el uso mínimo y restrictivo de todas las áreas protegidas. En Costa Rica, a pesar de los avances logrados, ya arribamos a un estado de fragilidad y vulnerabilidad de los recursos naturales que nos obliga a comprender que tan estratégico para el país es la generación energética como la protección de la cultura, los derechos de los pueblos y la conservación estricta de todos los recursos naturales.

Osvaldo Durán, sociólogo, es presidente de la Asociación Proal, directivo de la Federación para la Conservación de la Naturaleza y miembro de los Grupos de Trabajo en Energía y Aguas de esta entidad.

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