Estado
del agua en la cuenca del San carlos.
La
cuenca del río San Carlos (2.646,3 km2), la más importante en la
Zona Norte y la quinta más grande del país, pertenece a la cuenca del río San
Juan, que es una de las masas de agua más importantes de Centroamérica. La
deforestación, la actividad agrícola y agroindustrial y los asentamientos
humanos han experimentado un vertiginoso crecimiento en la región en los últimos
años, constituyendose en factores de degradación de la cuenca del San Carlos.
La actividad turística, la pesca, la navegación y el aprovechamiento de
embalses para la producción de energía hidroeléctrica y el riego, surgen como
nuevas formas de aprovechamiento de las aguas y de la panorámica de ese río,
situado en una de las zonas de vida de mayor valor científico y económico: el
trópico húmedo costarricense.
Por
lo anterior, el Instituto Tecnológico de Costa Rica desarrolla un proyecto de
investigación que evalúa las condiciones físicas, químicas, biológicas,
microbiologicas y socioeconómicas de la cuenca, para poder desarrollar, en
conjunto con las instituciones regionales, un plan de manejo que, además de
recuperar este importante recurso, provea información científica respecto de
las acciones ejecutadas y sus efectos. El estudio hace énfasis en el estado de
los recursos hídricos puesto que ya se dispone de información acerca de
factores como cobertura vegetal, uso actual y potencial del suelo, geología y
meteorología de la cuenca. Los datos se integran en el sistema de información
geográfica de tal manera que puedan ser utilizados por los encargados de los
programas de manejo y por investigadores y demás usuarios. Los objetivos de la
investigacion son: evaluar el nivel de deterioro de los recursos hídricos de la
cuenca y las variaciones generadas por los procesos naturales y antropogénicos;
contribuir en la preservación de los recursos del trópico húmedo de Costa
Rica; generar información que coadyuve a reducir los niveles actuales de
contaminación de las cuencas hidrográficas; participar en actividades
divulgativas dirigidas a la población de la zona con el fin de crear conciencia
del estado de la cuenca y la importancia de su recuperación, y participar en el
diseño de una propuesta multinacional para el manejo sostenible de la cuenca
del río San Juan.
El
trabajo, llevado a cabo en el cauce principal del río San Carlos, desde la
desembocadura del río Balsa hasta los primeros 500 metros después de la
desembocadura del río Tres Amigos, consistió en una recolección mensual de
muestras durante un bienio (de agosto-1998 a julio-2000) a partir de estaciones
de muestreo ubicadas en el cauce principal en los primeros 500 metros después
de la desembocadura de cada uno de los cauces secundarios. Las muestras fueron
trasladadas a los laboratorios del Instituto Tecnológico de Costa Rica, en
Santa Clara de San Carlos, para ser analizadas en las 24 horas siguientes. Los
parámetros determinados fueron: temperatura, oxígeno disuelto, ph, fosfatos,
nitratos, nitritos, coliformes fecales, coliformes totales y fauna bentónica.
La
población que habita la cuenca del río San Carlos está constituida por todos
los distritos de San Carlos, excepto Venado y Pocosol, lo cual arroja un
subtotal de 113.258 habitantes y 29.258 viviendas (Chaves y Rodríguez 2002).
Habría que agregar los distritos ramonenses de Peñas Blancas y Los Ángeles,
ubicados en la parte alta de la cuenca, con una población conjunta de 13.704
habitantes y 3.723 viviendas. En total, la población de la cuenca a julio de
2000 era de 126.963 habitantes, contando con 33.476 viviendas.
Las
aguas negras y residuales de tal población van a parar a los distintos cuerpos
de agua de la cuenca sin ningún tratamiento, constituyendo una importante
fuente de contaminación. En los coliformes fecales encontrados en las muestras
según su fecha de estudio, se puede ver como en los meses de julio y agosto, el
número de bacterias coliformes fecales por cada 100 mililitros de agua oscila
entre 952 y 720; luego, en el mes de septiembre, hay un gran incremento a 4.633,
lo cual se puede explicar por el aumento en la precipitación de la estación
lluviosa, que influye en el aumento del nivel freático, lo que a su vez puede
provocar mayores arrastres de sustancias contaminantes provenientes de
establecimientos agroindustriales, como lecherías, porquerizas, aserraderos,
ingenios azucareros, cloacas, animales muertos y sus excretas.
En los siguientes meses, de octubre a enero, el número de bacterias
coliformes fecales se mantiene en promedio alta, para luego bajar en los meses
de verano (febrero a marzo) debido a que las aguas de los ríos se reducen y en
consecuencia arrastran menos contaminación. Dichas aguas no son aptas para el
consumo humano, para la natación ni para el riego -con excepción del río
Arenal y la quebrada Providencia-, como tampoco para actividades paisajistas.
La
actividad agrícola, los desechos urbanos y la actividad agroindustrial generan
concentraciones de fosfatos altas, que pueden llegar hasta 0,3 ppm, acercandose
a los valores críticos para este tipo de agua. Los nitratos pueden alcanzar
hasta 1,2 ppm en algunos puntos de la cuenca media; la presencia de nitratos y
fosfatos en estos niveles podría causar impactos importantes en la cuenca baja
y la desembocadura por la eutrofización de estuarios, arrecifes y otros
ecosistemas acuáticos, en este caso del río San Juan, el cual es uno de las más
importantes tributarios del lado costarricense. El ph oscila entre 6,8 y 6,2 con
tendencia a disminuir conforme se va hacia la cuenca baja, lo que indica
posiblemente un efecto acumulativo de los contaminantes.
Los
niveles de oxígeno disuelto varían entre 10,8 ppm y 12,0 ppm, con lo que se
concluye que la materia orgánica y los procesos biológicos asociados no
afectan la concentración de oxígeno, ya que el mismo se mantiene gracias a la
turbulencia de las aguas, lo que lo hace disminuir conforme el río pierde
velocidad en su cuenca baja.
Es
claro que la cuenca media resulta ser la más afectada, pues es donde se acumula
la mayor parte de los procesos antropogénicos: actividades agrícolas
-principalmente cultivo de caña, cítricos y tubérculos-, plantas
agroindustriales -procesadoras de lácteos y de frutas e ingenios-, además de
que en esta área se concentra la mayor parte de la población.
Un
factor que debe controlarse es la deforestación, ya que los datos existentes
indican que entre 1950 y 1960 se talaron unas 66.300 ha; de 1961 a 1977 la
superficie talada fue aproximadamente 230.000 ha; entre 1977 y 1990 se
destruyeron unas 226.400 ha de bosque. El total deforestado en la región norte
durante el periodo señalado (1950–1990) fue de 522.740 ha (Molina 1996).
Mucha de esta madera se pudrió en los potreros; otra fue desperdiciada por las
malas prácticas de aserrio. Aunque no existen cálculos específicos para San
Carlos, algunos autores estiman que entre el 65% y el 80% de la madera talada en
Costa Rica entre 1950 y 1980 se desperdicio (Chaves y Rodríguez 2002).
En
el futuro se debe evaluar el impacto de las actividades hidroeléctricas, dado
que la proliferación de represas tiene visos de convertirse en un importante
problema ambiental, económico y social para las comunidades ubicadas en la
cuenca del San Carlos, la cual es posiblemente la más importante del país en
cuanto a generación eléctrica, tanto por las obras en funcionamiento como por
los proyectos en ejecución o en factibilidad.
Adolfo Chaves y Freddy Araya, especialistas en administración empresarial, son profesores e investigadores en el Instituto Tecnológico de Costa Rica [adolfoech@costarricense.cr; farayaro@costarricense.cr].
Referencias
bibliograficas.
Chaves,
A. y F. Rodríguez. 2002. Estudios Sobre
la Cuenca del Río San Carlos. Editorial Tecnológico. Costa Rica.
Molina, Jorge. 1996. El marco político-administrativo, geográfico e histórico de la Región Huetar Norte.Coocique R.L. Costa Rica. 1996.