Mono
tití en peligro de extinción
Grace
Wong
Para Costa Rica está registrada la presencia de
cuatro especies de primates no humanos: el mono congo o aullador (Alouatta
palliata), el mono carablanca o capuchino (Cebus
capucinus), el mono araña o colorado (Ateles
geoffroyi) y el mono tití o ardilla (Saimiri
oerstedii). En la última década se ha mencionado también la presencia del
mono de noche (Aotus lemurinus) y del
mono tamarín (Saguinus geoffroyi),
pero ningún reporte ha sido confirmado.
En la actualidad, el mono carablanca está
clasificado como con población reducida, y el mono araña, el mono congo y el
mono tití están considerados como en peligro de extinción. La especie que
presenta mayores problemas de sobrevivencia a largo plazo como población
silvestre es el tití, por lo cual esta especie es considerada por el Grupo de
Especialistas de Primates de la UICN y ha sido incluida en el Plan de Conservación
de Primates Mesoamericanos como el primate de Centroamérica con mayor riesgo de
extinción.
Son múltiples las causas que han colocado a
este primate en esta situación, siendo las más importantes las siguientes:
Distribución
geográfica
- Se ha establecido que, históricamente, el tití siempre ha tenido una
distribución geográfica restringida. Mientras las otras tres especies de
primates de Costa Rica se distribuyen en nuestro país desde zonas bajas de
ambas vertientes hasta los aproximadamente 2.000 msnm, el tití ha estado
restringido a las zonas bajas del Pacífico Central de Costa Rica: desde el Río
Tulín hasta el sector norte de la costa pacífica de Panamá (al sur de Punta
Burica)
Esta distribución la hace una especie endémica
(exclusiva) de Costa Rica y Panamá, con una subespecie endémica para Costa
Rica (Saimirí oerstedii citrinellus),
la cual está presente desde el Río Tulín en el Pacífico Central hasta los Ríos
Sierpe y Térraba.
Cambio
en el uso de la tierra - Las planicies del Pacífico
Central y Sur desde inicios del siglo veinte fueron utilizadas para desarrollar
actividades agrícolas -como siembra de banano y ganadería- y, posteriormente,
se desarrolló el cultivo de arroz, sorgo y palma africana. En la actualidad, el
mono tití sigue habitando en el mismo rango de distribución que hace una
centuria, pero en el transcurso de ésta el paisaje de la zona ha variado
grandemente: mientras antes del siglo veinte predominaba la cobertura boscosa,
en la actualidad existe un mosaico de cultivos agrícolas, actividad ganadera,
asentamientos humanos y fragmentos de bosque.
A lo largo de toda su área de distribución las
poblaciones de monos tití están en los diversos parches boscosos. Se estima
que pueden existir más de 2.000 individuos de la subespecie Saimiri oerstedii citrinellus y más de 3.000 individuos de la
subespecie Saimiri oerstedii oerstedii;
no obstante, el problema con estas poblaciones es que una gran mayoría de ellas
están casi aisladas, sin comunicación entre ellas y a merced de que el dueño
de la tierra mantenga el interés de conservar el parche de bosque donde habitan
esas tropas.
Dentro de este paisaje, los parques nacionales y
las áreas con categorías de protección juegan un papel importante para la
conservación de la especie, ya que constituyen sitios fuente para la población
de titís. Para la subespecie S. o.
citrinellus, el Parque Nacional Manuel Antonio, a pesar de no tener un
extensión adecuada para conservar la especie a mediano y largo plazo, es una
importante fuente de grupos que colonizan bosques aledaños al parque. En el
caso de la otra subespecie, el Parque Nacional Corcovado y el Refugio de Vida
Silvestre Golfito son dos áreas importantes como fuente de producción de
tropas.
Enfermedades,
fumigaciones y captura de individuos - En los años sesenta
fue reportada una epidemia de fiebre amarilla en Centroamérica que afectó
considerablemente a las poblaciones de las cuatro especies de primates. Gente
habitante de la costa pacífica centroamericana encontró entonces grupos
completos de monos muertos por esa enfermedad, lo que hace suponer que mermara
el tamaño de las poblaciones de monos en nuestro país.
Por otra parte, los tití se alimentan de frutos
e insectos y en sus recorridos diarios en busca de alimentos se desplazan por
diferentes ambientes, entre éstos los bananales. Existen reportes de la muerte
de tropas completas en momentos en que las tropas estaban en los bananales y éstos
eran fumigados.
El género Saimirí
spp., al que pertenece el tití de Costa Rica, está presente también en
Suramérica, constituyendo el segundo género de primate más utilizado en
investigaciones biomédicas en el mundo. Según narran los pobladores del Pacífico
Central y Sur de nuestro país, durante
la época en que inició actividades la compañía bananera en la costa pacifica
de Costa Rica era muy común que los marinos que llegaban a la zona ofrecieran
comprar monos tití. Si bien a nivel de registros de exportación nacional no
existen reportes de este evento, los vecinos de la zona mencionan que fueron
muchos los monos tití capturados y vendidos a los barcos durante el inicio de
las plantaciones bananeras en el Pacifico de Costa Rica (se pagaba mil colones
por cinco monos).
Probablemente por su tamaño y color, el tití
ha sido utilizado como mascota por los pobladores de la zona, lo cual ha
constituido un factor que, en menor medida, ha afectado a su población.
Comederos
y cableado eléctrico - En las últimas dos décadas otros factores que
han afectado a las poblaciones de tití, principalmente en la zona de Manuel
Antonio, son la instalación de comederos artificiales para monos y la
electrocución de ellos al hacer contacto con el cableado eléctrico.
La instalación de comederos la realizan los
hoteleros de dicha zona con el propósito de atraer a los monos y tener en sus
instalaciones un atractivo para los turistas; pero esto está produciendo obvios
cambios en las pautas de comportamiento de los animales. Por ejemplo, cuando la
tropa se desplaza en el bosque buscando alimentos, las hembras que cargan sus crías
son muy recelosas e inspeccionan bien las zonas donde se mueven;
contrastantemente, en tales comederos las hembras con crías pierden por
completo ese recelo y hasta se acercan a distancias menores a dos metros a los
humanos. Además, posiblemente el cambio de dieta también les afecte.
La red de cableado eléctrico existente en la
zona de Manuel Antonio ha provocado la muerte por electrocución de monos tití.
Afortunadamente, el Instituto Costarricense de Electricidad está realizando
esfuerzos para poner material aislante al cableado en zonas donde las tropas de
monos son afectadas.
El esfuerzo de conservación del mono tití debe
enfocarse a desarrollar principalmente trabajo in situ. Debido a que la fragmentación del hábitat es lo que
mayormente afecta a ese animal en Costa Rica y en Panamá, y tomando en cuenta
que no es viable ampliar parques nacionales ni otras áreas protegidas donde
existen poblaciones de ese primate, el mayor esfuerzo para conservar la especie
se debe enfocar al mantenimiento y aumento del hábitat disponible para la
misma.
Una forma de avanzar en ese sentido es logrando
que los parches de bosque que contienen tropas de monos tití estén
interconectados, aumentándose así la posibilidad de flujo de individuos entre
tropas, disminuyéndose el riesgo de entrecruzamiento entre individuos de la
misma tropa y reduciéndose las implicaciones que este hecho conlleva en el
largo plazo. Esta interconexión se puede lograr promoviendo la creación de
corredores biológicos entre parches y entre parches y áreas protegidas.
En segundo orden de importancia está la
realización de una campaña de educación ambiental que consolide el
mantenimiento de tales parches y corredores -parches privados cuyos dueños
pueden cambiar el uso de la tierra, lo que no es tan difícil legalmente cuando
se trata de tacotales y bosques secundarios. La educación debe involucrar a
todos los grupos humanos que viven o trabajan en la zona.
Debe continuarse el trabajo con el sector
hotelero para reducir el problema de los comederos artificiales en Manuel
Antonio. También ha de darse seguimiento al monitoreo de las poblaciones para
saber si tienden a incrementarse o a decrecer y para detectar otros factores que
puedan ser un riesgo para la especie. El esfuerzo de conservación del tití
debe ser responsabilidad de todas las instituciones y actores que tengan
injerencia en la zona.
Grace Wong, especialista en manejo de fauna
silvestre, es directora del Programa Regional en Manejo de Vida Silvestre para
Mesoamérica y el Caribe de la Universidad Nacional.