Modaldiades agroturísticas y sus limitaciones.
Gerardo Budowski
El turista extranjero y nacional está “descubriendo” ciertas prácticas agrícolas fuera de lo ordinario y está interesado en recibir explicaciones (interpretación) sobre el tema. En algunos casos está interesado en participar en el manejo, incluyendo la cosecha. Suele combinar estas experiencias con visitas a áreas naturales haciendo ecoturismo -definido como “viajar en forma responsable hacia áreas naturales, conservando el ambiente y mejorando el bienestar de las comunidades locales”.
Los mismos campesinos han diseñado sistemas de producción a menudo altamente eficientes, como lo han demostrado los estudios científicos casi siempre realizados a posteriori. De especial interés son las modalidades agroforestales donde se combinan árboles con cultivos o con pastos, en forma simultánea o secuencial. Han mejorado nuestros conocimientos de prácticas agrícolas de interés para el turista y, como corolario y quizás más importante aun, las técnicas de interpretación de tales prácticas. Hay ejemplos en Costa Rica, como el cultivo de café con árboles leguminosos de sombra y las cercas vivas.
Pero el agroturismo no es aún una disciplina aceptada y regulada, incluida en currículos académicos o informales, aunque este cuadro está cambiando en varios países. Así, en Banaue, en el norte de Luzón –Filipinas-, hay excursiones turísticas programadas para apreciar las milenarias terrazas donde se cultiva el arroz con irrigación; el área, por cierto, fue declarada sitio de patrimonio mundial. Algo parecido ocurre en Java y Bali, en Indonesia, también con base en terrazas irrigadas. En Ecuador hay giras diseñadas para convivir con indígenas amazónicos y participar en sus quehaceres diarios, incluyendo las faenas agrícolas. Pero éstas son excepciones; la realidad es que aún se practica muy poco el agroturismo en nuestros entornos, lo que nos ofrece la primicia de diseñar nuevos rumbos, encontrar temas que han sido poco investigados y buscar formas de promover beneficios económicos y sociales para el agricultor, cuya iniciativa fue en fin de cuentas lo que originó este tipo de actividad agroturística.
Hay confusión en la descripción de la disciplina con términos como agroecoturismo, turismo rural, turismo comunitario, etcétera. La inserción de eco puede que se justifique, pero complica la terminología y da la sensación de que se exagera el énfasis ecológico para prácticas usualmente tradicionales. Turismo rural se usa en muchos países, especialmente europeos, donde se alquilan una o pocas habitaciones de la casa del propietario a precios módicos, pero en este caso la palabra rural se refiere más bien a la convivencia con familias rurales y sus costumbres (comida, forma de vivir, etcétera), sin enfocar específicamente las prácticas agrícolas. Hay literatura que aclara esto. Algo parecido ocurre con turismo comunitario.
La principal traba al desarrollo del agroturismo es que hay poco personal entrenado para interpretar en forma atractiva y con suficientes conocimientos científicos aquellas prácticas más llamativas que atraen a los turistas. Es un hecho significativo que ciertas prácticas agrícolas de gran atractivo casi no se conocen, como por ejemplo ciertos huertos caseros que despliegan una biodiversidad asombrosa. Tampoco se ha “explotado” el deseo de grupos de turistas interesados en participar en la cosecha de productos agrícolas, como por ejemplo ayudar a desenterrar la yuca o cosechar frutas.
Hay, entre muchas otras, tres prácticas agrícolas que se prestan para una interpretación atractiva: (1) los árboles de laurel (Cordia alliodora) y otros árboles en asociación con pastos, (2) las cercas vivas, que son una modalidad ampliamente justificada que combina economía con mejoramiento del ambiente y (3) los huertos caseros ricos en biodiversidad. .
Árboles de laurel con pastos - Se trata de una interesante práctica comúnmente designada como silvopastoril. El laurel produce una madera muy apreciada en carpintería, estructuras de techo, muebles, etcétera, ya que es resistente al comején. Se ha observado tal asociación en todos los países centroamericanos y en el sur de México, así como en Ecuador (parte amazónica), Colombia y Venezuela. En Costa Rica se estima que hay más de 30.000 ha con más de 10 árboles de laurel con más de 10 cm de diámetro por ha, especialmente en las zonas de baja elevación y con alta precipitación. También se encuentra laurel en plantaciones de café (a menos de 800 m de elevación) y cacao, junto con árboles típicos de “sombra”.
Otras características favorables del laurel son que crece rápido, usualmente con tronco recto y puede ser cosechado en menos de 25 años. Además, tiene una copa relativamente pequeña que deja pasar mucha luz. Se autopoda hasta muy arriba, a pesar de crecer a pleno sol. Regenera profusamente y, cuando joven, retoña vigorosamente al cortársele el tallo terminal. Por tener la copa pequeña, causa poco o ningún daño al cosecharse. Pero también tiene problemas: no soporta suelos compactados, mal drenados o inundados; lo ataca un matapalo (Phoradendron spp), una planta semi-parásita, y el dueño a menudo permite cortar los árboles antes de alcanzar su mejor tamaño comercial, recibiendo un pago muy inferior al que hubiese obtenido si los hubiese dejado crecer unos años más.
Otras especies de árboles que suelen dejarse en potreros son: jaúl -Alnus acuminata-, en potreros de altura con ganado de leche, que fija nitrógeno con un hongo en sus raíces (Frankia o Actinomyces alnii) y el follaje es rico en proteína. Su madera suave tiene mercado. Ciprés -Cupressus lusitanica-, en potreros de altura, como cortina rompeviento, también usado en Costa Rica como árbol de navidad. Su madera es muy valiosa. También cenízaro, guanacaste, y guácimo, tres especies que tienen en común que sus frutos y el follaje son apreciados por el ganado. Los dos primeros fijan el nitrógeno del aire a través de bacterias y su madera es muy valorada.
Cercas vivas - Es una práctica particularmente frecuente en Costa Rica donde se usan más de 100 especies, pero solo unas 15 son muy comunes y se plantan por estacones de 2,5 m de largo, que arraigan, provenientes de podas de cercos ya establecidos y que sirven de soporte para amarrar el alambre de púas. En los últimos años han aumentado enormemente los conocimientos sobre cercas vivas, destacándose las siguientes características favorables: algunas especies leguminosas muy usadas fijan nitrógeno en sus raíces, producen frutos y flores comestibles como el jocote (Spondias purpurea) y el itabo (Yucca elephantipes), forraje, productos medicinales, como el indio desnudo (Bursera simaruba), leña, plantas ornamentales (Cordilyne), etcétera. Pueden servir de rompeviento al “rellenar” la cerca. Son muy económicas, ya que se obtienen los postes para plantar, podando ramas de cercos vivos vecinos. Son de larga vida (más que postes de madera muerta). Hay especies que sirven para cercas vivas para diferentes zonas de vida (seco, húmedo, desde el nivel del mar hasta más de 2.500 m). Evitan entrar al bosque y cortar árboles valiosos para surtirse de postes de cerca de madera. Son estéticamente atractivos en los paisajes y beneficiosos para la fauna (aves, abejas melíferas, etcétera)
Pero también tienen algunos inconvenientes: son difíciles de erradicar. Necesitan podas anuales. Plantar los postes vivos requiere cuidado. Con algunas excepciones, no crecen en zonas anegadas o en suelos problemáticos.
El huerto casero - Se trata de una modalidad casi desconocida en Costa Rica (pero la literatura sobre este tema es muy abundante en los trópicos de Asia y África). Se trata de conjuntos de árboles, arbustos, enredaderas, herbáceos, tanto perennes como anuales que se plantan cerca o alrededor de la casa, protegidos por una cerca (que suele ser viva). Los huertos varían en tamaño, composición, tipo de manejo, presencia o no de animales domésticos (particularmente gallinas), así como en los productos que se obtienen (frutos, forraje, madera, leña, hojas y flores comestibles, productos medicinales diversos, ornamentales, etcétera). Su interpretación para turistas es particularmente interesante cuando el dueño o la dueña han vivido y manejado el huerto por mucho tiempo (20 años o más) y conocen bien la composición y contestan con orgullo a preguntas; y cuando hay abundancia de especies medicinales y ornamentales. En un huerto digno de ser interpretado, debe encontrarse por lo menos 50 especies vegetales diferentes. En El Rodeo, cerca de la Universidad para la Paz, se ha encontrado huertos con más de 80 especies.
Gerardo Budowski es profesor en la Universidad para la Paz y ex presidente de la Sociedad Mundial de Ecoturismo