¿Están
Desapareciendo los Anfibios de
Costa
Rica?
Federico
Bolaños
Los
anfibios actuales son representantes de los primeros vertebrados que explotaron
el medio terrestre, sin embargo, tienen una serie de características que los
hacen dependientes al agua. Primero es necesario mencionar algunos aspectos
reproductivos. La mayoría ponen huevos sin adaptaciones importantes para evitar
la desecación. Estructuralmente son una serie de cápsulas gelatinosas que
mantienen la humedad necesaria para el desarrollo del embrión. Una gran
cantidad de especies ponen los huevos en el agua, pero hay muchos ejemplos que
lo hacen en condiciones terrestres, donde dependen de ambientes húmedos o de
atención de alguno de los padres para evitar que se sequen. Muchas especies
también tienen estadio larval acuático en su ciclo de vida, el renacuajo de
las ranas y sapos. Una larva se puede definir como un embrión de vida libre que
debe pasar por varios estados del desarrollo, son muy diferentes a las formas
adultas, que en su mayoría son terrestres. Segundo es importante mencionar
características de su piel. Es lisa (sin escamas, pelos o plumas) y con gran
cantidad de glándulas. Las glándulas son de dos tipos, granulares y mucosas.
Las granulares están relacionadas con secreción de sustancias de defensa
contra patógenos y depredadores. Las mucosas mantienen la piel húmeda para
permitir el intercambio de gases. La respiración cutánea es de mucha
importancia en anfibios tanto en sus estadios larvales como en los adultos,
muchas formas adultas han perdido los pulmones para la respiración, como
ejemplo se pueden citar las salamandras de la familia Plethodontidae, único
grupo que en Costa Rica carece de pulmones en sus formas adultas.
Costa
Rica es un país con una diversidad grande de anfibios. Muchos grupos están
sujetos a revisiones taxonómicas y la lista de especies está cambiando rápidamente.
Dependiendo de la referencia utilizada ahora se reconocen unas 175 especies
(Savage, J.M. 2002. Amphibians and Reptiles of
Costa Rica: A Herpetofauna Between Two Continents, Between Two Oceans. The
University of Chicago Press. E.E.U.U.), 5 especies de cecilios (orden Gymnophiona), 37 salamandras
(orden Caudata) y el resto, las ranas y sapos (orden Anura). Sin embargo, esta
alta diversidad parece estar en peligro. Desde hace un poco más de una década
se han estado reportando una serie de problemas con muchas poblaciones al grado
de que algunas especies se consideran extintas en la actualidad, aspecto bien
conocido para Monteverde (Pounds, J.A., M.P.L. Fogden, J.M. Savage y G.C.
Gorman. 1997. Test of null models for amphibian declines
on a tropical mountain. Conservation Biology 11:1307-1322) y en Sitio Las
Tablas cerca de la frontera con Panamá (Lips, K. R. 1998. Decline of a Tropical Amphibian Fauna. Conservation Biology. 12:106-117).
Es poca la información poblacional que se tiene de salamandras y
cecilios por lo que aquí se tratarán únicamente las ranas y sapos. Pero por
lo menos se sabe que una especie de salamandra es difícil de encontrar en
sitios donde antes era abundante.
Aunque son pocas las especies de ranas que han sido
sujetas a estudios poblacionales, por ser un grupo fácil de observar se tiene
mejor conocimiento del cambio poblacional en ellas. Del total de 133 especies
reconocidas para el país de 27 se tiene poca información, ya sea por
representar especies que se conocen de muy pocos ejemplares y que siempre han
sido poco frecuentes, o por representar nombres de reciente reconocimiento y de
las que falta información poblacional. Estas especies serán excluidas del análisis
que se detalla a continuación. Se consideran especies con problemas todas
aquellas en las que se documentan disminuciones al grado de ser raras en sitios
donde antes eran comunes, o bien producto de una extinción local. Sin problemas
son aquellas especies que se siguen observando en los sitios en que se conocía,
aún cuando puedan ser menos abundantes que en el pasado.
En
total hay 23 especies de ranas con problemas. De éstas un total de 12 especies
posiblemente están extintas del país. Algunas como el sapo dorado con
distribuciones restringidas pero otras conocidas en muchos sitios, como las
ranas payaso (género Atelopus). Al
estudiar estas especies con problemas y compararlas con las que se siguen
observando, se encuentra que el problema ocurre en 5 de las 8 familias de ranas
del país. En Rhinophynidae, Microhylidae y Centrolenidae no se han reportado
extinciones locales, aún cuando algunas especies de la última parecen ser muy
poco abundantes en algunos sitios. En las otras familias se han reportado
problemas en una especie de Dendrobatidae, dos en Ranidae, seis en Bufonidae y
Leptodactylidae, y 8 en Hylidae. Porcentualmente es en Bufonidae donde hay más
especies con problemas.
Al
comparar estos números de acuerdo a la altitud, se encuentran especies con
problemas desde sitios bajos hasta las mayores altitudes en que se encuentran
las ranas, sin embargo, el problema en términos porcentuales va en incremento
conforme se aumenta en altura. A menos de 500 m se han documentado problemas en
tres especies comparadas con 69 sin problemas. Por encima de los 2000 m se
tienen ocho con problemas y solo tres se siguen observando.
Relacionando
algunos aspectos de la historia natural de las especies, como donde se
reproducen y separando la información en aquellas especies que tienen larvas
acuáticas o las que no por poseer desarrollo directo (del huevo nace la rana
sin pasar por un estado larval de vida libre), se encuentra lo siguiente. En las
que tienen larvas el problema se ha observado tanto en las que utilizan agua en
movimiento como en las que se reproducen en charcos y lagunas, pero
proporcionalmente es mayor la cantidad de especies con problemas cuando las
larvas se desarrollan en ríos o quebradas. Ninguna especie con larvas en agua
acumulada en bases de hojas o huecos en árboles parece estar siendo afectada.
De las que tienen desarrollo directo, si los adultos viven en ríos o quebradas
cinco de seis especies tienen problemas, pero si viven en la hojarasca o
vegetación, es solo una de 21 en la que se ha reportado disminuciones.
Muchas
son las causas que se han tratado de utilizar para explicar este fenómeno, en
Costa Rica solo se ha realizado investigación con dos de los problemas, el
cambio climático y el efecto de un hongo Chitridiomycete, como un patógeno que
afecta la piel y posiblemente impide las funciones como órgano de intercambio
de sustancias con el ambiente. Sin embargo, estamos lejos de entender las
razones para explicar esta disminución. Recientemente se documentó en Estados
Unidos el efecto del cambio climático en una especie de sapo, y cómo en períodos
de menor lluvia el efecto de la luz ultravioleta y un patógeno afectan más la
sobrevivencia de sus larvas (Kiesecker, J.M., A.R. Blaustein y L.K. Bladen.
2001. Complex causes of amphibian declines. Nature
410:681-683). En momentos de poca lluvia, los sitios donde se reproduce este
sapo son poco profundos, lo que produce un impacto mayor de la luz ultravioleta
y los renacuajos no fueron capaces de defenderse contra un hongo, diferente al
que ha estado sujeto de estudio en Costa Rica. El problema parece estar
ocurriendo también con algunos reptiles, en especial algunas lagartijas, pero
no ha sido estudiado con mayor nivel de detalle como para desarrollarlo. Pero es
llamativo la baja abundancia en sitios donde también se han visto problemas con
los anfibios.
Esta información es preocupante, algo está pasando con este grupo de vertebrados sin que entendamos apropiadamente que hacer. Sin duda el mayor impacto que sufre la vida silvestre hoy es la pérdida, fragmentación y alteración del hábitat; pero estamos presenciando también la desaparición de poblaciones y especies sin que se pueda relacionar directamente a estas causas. Más alarmante es que el problema no sólo está ocurriendo en sitios donde el ser humano produce estos efectos. También está afectando las áreas protegidas, sitios donde se creía factible proteger la naturaleza con toda su diversidad biológica, logrando aislarla de los efectos negativos de la especie humana, pero parece que no lo estamos logrando.
Profesor
e Investigador: Escuela de Biología, Universidad de Costa Rica, San José,
Costa Rica.
(bolanosv@biologia.ucr.ac.cr)